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Columnistas

Cada año tiene su magia

paternidad niñez

En la columna pasada escribí sobre las frases hechas que no suman porque muchas veces no se ajustan a la verdad. Ahora quiero centrarme en una que he comprobado que tiene mucho de cierto. Es cuando te dicen algo así como: “disfrutá de cada instante del crecimiento de tu hija porque todo pasa rápido y no vuelve más”. Ella está a punto de cumplir siete años y cuando miro para atrás, observo que no fui verdaderamente consciente esa sentencia.

Cuando mi hija tenía dos y tres años, estaba inmerso en una rutina que me impedía pasar todos los momentos que hubiese deseado junto a ella. Trabajaba en dos programas de radio de lunes a viernes. Me iba temprano en la mañana y volvía a la noche. Con el cuento que me contaba de estar laburando en lo que me gustaba y de tener que generar dinero, caía en una dinámica que me impidió verla crecer con más presencia.

A veces las creencias que están instaladas en nuestras mentes desde pequeños nos dicen que primero hay que trabajar y luego viene lo demás. Así funciona el sistema. Y terminamos creándonos cárceles de horarios que, en este caso, conspiraban en contra de que pasara más tiempo con mi hija. Por supuesto que estoy hablando cuando hay posibilidades de ganarse el sustento sin tener que trabajar más de ocho horas y no de una situación en donde la pobreza apremia.

Pero si realmente podemos cambiar esa dinámica de horarios en pos de estar más con nuestros hijos e hijas, tendremos el regalo de vivenciar la magia de su crecimiento en cada una de sus etapas. Cuando empiezan a aprender las palabras, cuando se largan a dar los primeros pasos, cuando sus mentes comienzan a expresar ideas, y miles de cosas más. Todas realmente maravillosas. Si Saboreamos esos instantes plenamente es algo muy valioso que nos estamos dando a nosotros mismos y a los seres que más queremos en el mundo.

Ahora que soy más consciente de todo esto, me armé una rutina sin horarios. De hecho, los únicos horarios fijos que tengo son cuando la llevo y las busco a su colegio. Terminé dejado mis trabajos en relación de dependencia por otras actividades que me dan autonomía. Me costó, llevó tiempo y dolió salir de ese lugar de confort. Pero me demostré que podía y gané libertad. Una libertad que hoy me me permite vivir con verdadera presencia la increíble etapa de los seis y siete años. Una edad en donde su creatividad me sorprende día a día. Y, a diferencia de sus primeros años, ahora estoy ahí, con ella, mientras ambos aprendemos escuchándonos. Jugamos y reímos más tiempo. Entendiendo que ahí está una de las claves de la felicidad. Presente y consciente de aquella acertada frase que dice: “disfrutá de cada instante de crecimiento de tu hija porque todo pasa rápido y no vuelve más”.