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Columnistas

La desesperación de Massa confirma lo grave de la crisis

massa moneda común

“Ir con las fuerzas de seguridad”. “Hacer denuncias judiciales”. “Escrachar a los que sigan jodiendo”. Los mensajes, incluso algo desencajados, llegaron desde el teléfono del propio Sergio Massa a los de importantes operadores financieros durante este fin de semana, después de días en los que el dólar blue se disparó 10% entre mala política, internas y la especulación del campo y los mercados sobre una devaluación brusca inminente.

El ministro de Economía, que siempre muestra tener todo bajo control, en un momento del viernes pareció agobiado. Como anticipó este medio, hizo circular un audio entre los actores del mundo financiero en el que no ocultaba cierto cansancio: “No boludo, es impresionante la cantidad de rumores. Me pasé todo el día contestando por privado que no hay una devaluación prevista para el lunes”, empezaba. “Ni renunció Alberto, ni este fin de semana deja al gobierno. Todo una cosa delirante, delirante pero casi enfermiza, que tiene además toda endogamia dentro del mercado. Es una cosa increíble”, completó.

La aparición de capturas de un mensaje de la firma Max Capital hablando de rumores de un salto en el tipo de cambio oficial para este lunes derivaron en lo conocido. Una denuncia y luego un comunicado de la sociedad de Bolsa con pedido de perdón. 

La decisión de Alberto Fernández de bajarse de la reelección y la suspensión de todos los pagos de empresas por más de US$10 mil que operó tras las modificaciones en el acceso a divisas para servicios que había dispuesto el Banco Central, alimentaban todo tipo de versiones. Algunos decían que se estaba dando un “feriado cambiario forzoso”. Por eso, muchas decisiones antes del fin de semana se tomaron como si indefectiblemente fuéramos a una suba fuerte del dólar oficial, del 50% como se ventilaba. “En esta incertidumbre, ningún mecanismo de cobertura es caro”, razonaban los financistas.

La City ardía. En las cuevas el billete verde se vendía a $442 y en las operaciones de contado con liquidación (compra de una acción en pesos en el país que se convierte en dólares en el exterior) llegaba a $454. La consultora más leída por los bancos, 1816, ya barajaba nombres para reemplazar a Massa si este dejaba el Palacio de Hacienda para ser candidato.

Además, se preguntaban si aún si no fuera candidato el hombre que llegó en agosto para tratar de evitar lo peor tendría incentivos para seguir en el cargo cuando las variables se espiralizan haga lo que haga.

“Es muy distinto si es reemplazado por alguien de su riñón, como Leonardo Madcur, Guillermo Michel, Gabriel Rubinstein o Marco Lavagna, que si fuera reemplazado por alguien de afuera, como circuló esta semana, como hubiera sido Antonio Aracre (N. del R.: el renunciado jefe de asesores de Presidencia)”. Además, se preguntaban si aún si no fuera candidato el hombre que llegó en agosto para tratar de evitar lo peor tendría incentivos para seguir en el cargo cuando las variables se espiralizan haga lo que haga.

La semana de Massa estuvo marcada por la búsqueda de chivos expiatorios para un nuevo peor momento de la crisis. Primero, como contaban referentes del campo a Diario Con Vos, Economía ordenaba que salgan a “culpar a Aracre” del aumento del dólar paralelo. Ya fuera por las versiones de que iba a ser ministro, o porque le había presentado objeciones del rumbo económico al Presidente, o lo que fuera. El dólar saltaba de a $10 por día. Algo había que decir.

Muchos se negaron. Otros dirigentes, economistas y hasta periodistas muy lejanos al kirchnerismo, lo transmitieron. La pregunta de “hasta dónde llega Massa” tiene varias lecturas. Hasta dónde aguanta su estrategia económica, es una. Hasta dónde llegan sus influencias sobre medios, justicia y empresas, puede ser otra para lo que viene. 

Después, se dijo, se sacó contra los especuladores del mercado que quieren forzar un salto en el dólar, según la mirada del Poder Ejecutivo. En el medio, hasta le apuntaron al analista financiero más consumido por los productores agropecuarios, Salvador Di Stefano, cuyos videos se viralizaron por WhatsApp y en uno de los últimos directamente llama “amarrete” al dólar de $ 300 que quiere pagar el Gobierno en la tercera edición de la devaluación sectorial para que el campo suelte los dólares. En la edición le pone un emoji de una rata y todo.

“Está pagado por la oposición”, asegura Guillermo Michell, titular de la Aduana y uno de los hombres clave de la gestión económica. El funcionario niega que los productores y agroexportadores estén reclamando un dólar de $340 o $350. Pero lo cierto es que todo el mundo mira obsesivamente el “CAM9”, el segmento del mercado de cambios donde tienen que entrar las divisas del campo para aliviar las reservas aunque sea momentáneamente. “Acaban de entrar 185 palos, respiramos un poco”, confesaban el viernes a última hora a este medio.

Pero hasta ahora, el goteo es mucho menor al esperado. En las primeras siete jornadas, el campo vendió US$997 millones, un 56% menos que en la primera edición de la medida, y 17% por debajo de la segunda versión, apunta la firma PxQ. El clima no ayudó, es cierto. Pero lo que influye es que a medida que suben los dólares paralelos el incentivo para vender en vez de aguantar es menor. 

“Saquen un crédito y esperen el dólar soja 4”, aconseja Di Stéfano, que en su último reporte además asegura que esta corrida se estabilizará en $460/480. Acá incluso el tema no es si tiene o no fundamentos para decirlo. La cuestión es que muchos le creen, y sobre todo, que el contexto está tan atado con alambre que puede crujir por lo que diga un agroinfluencer en un short de YouTube.

Agendas paralelas

Por fuera de cualquier casting de culpables que se pueda hacer para ir zafando ante los saltos de los dólares paralelos, la tensión financiera pareciera estar entrando en otra fase. El golpe de la sequía histórica en los ingresos de dólares y en la recaudación en pesos pone contra las cuerdas a una administración que ya hacía agua por inconsistente y procrastinadora frente a una herencia complicada y una mala leche nivel pandemia. 

“Si no entran dólares de algún lado, esto es imposible”, razonan entre los colaboradores de Massa. La idea de que por tercera vez la soja iba a adelantar divisas del mañana está en duda. Tal vez entre algo en mayo. Pero hay que llegar. Y sería un respirador artificial por un tiempo.

El sueño es que en junio el directorio del Fondo Monetario Internacional avale desembolsos comprometidos y postergue la obligación de usarlos para pagar los vencimientos de la deuda que dejó Mauricio Macri, como se había establecido en la renegociación de Martín Guzmán.

Calculaban así que quedarían unos US$8000 millones limpios para hacer malabares hasta el final del mandato y evitar que todo se vaya más de cauce. Algunos creen que está cerrado en un alto porcentaje, pero que el Fondo reclama a cambio ordenar el mercado cambiario. Ustedes entenderán.

Siempre con las urgencias de un país inestable, bailamos desnudos en el tablero de la geopolítica mundial donde las potencias pelean por energía, comida y la  influencia de tecnología.

Hay que imaginar lo que se estará negociando en definitiva con la Casa Blanca, el poder real en el FMI, por la cantidad de reuniones que hay en simultáneo con funcionarios top militares y de seguridad de los Estados Unidos. Acá discuto una meta fiscal, allá me reúno con Wendy Sherman, número dos del Departamento de Estado que se ocupa de temas como Ucrania o Corea del Norte. Imaginate. Allá mangueo plata, y acá aterriza otra vez Laura Richardson, capa del Comando Sur, vestida de milica y todo, a ver ministros con agenda reservada. Siempre con las urgencias de un país inestable, bailamos desnudos en el tablero de la geopolítica mundial donde las potencias pelean por energía, comida y la  influencia de tecnología.

Con semejante panorama, alarma más también la percepción de que la cabeza del Gobierno pueda estar lejos del registro real de lo que pasa. Cuando Aracre le pidió al presidente Alberto Fernández armar un “comité de crisis” tras el dato de 7,7% de inflación de marzo, la llamativa contestación del Presidente fue que la cosa está mejorando y daría 5,8% en abril. Se abren preguntas sobre qué información le llega al jefe de Estado. ¿Se lo dice Massa? ¿Es la información del secretario de Comercio, Matías Tombolini, el único que puso la cara cuando salió la cifra récord de aumento de precios, casi como si mandaran al arquero del equipo que se come 5 todo los partidos?

Lo loco es que el jueves la portavoz presidencial, Gabriela Cerruti, insistió en un video en redes sociales: “Nos dicen que se está desacelerando”. En el equipo de Tombolini aseguran que no le dieron esa información. Sólo ven más calmo el precio de la carne, pero no quieren ni mirar los últimos relevamientos tras la disparada del dólar blue. 

En el Banco Central, se agarran de los pelos con las declaraciones de la Casa Rosada. “Se quedaron con los números de hace 15 días”, entienden. Por entonces se proyectaba un 6,1%. Pero ya antes de que saltaran las cotizaciones paralelas, la medición de alta frecuencia anticipaba un 7,4% para abril “y acelerando”. Un director aseguró a este medio lo que nadie quiere pensar en el Gobierno: “Temo que nos acerquemos a los dos dígitos”.

Cuánta demencia fingirá el Frente de Todos para defender un gobierno con más de 100% de inflación o para hacer como que su creadora Cristina Kirchner no tiene nada que ver, pareciera un tema menor por más plenario de militancia que haya

Desde que salió el dato de marzo, Massa no habló de la inflación. Presentó la llegada del mundial sub-20 a la Argentina junto a Chiqui Tapia y lanzó la financiación de la producción audiovisual con el programa Film+Ar junto al colega del gabinete, Tristán Bauer. Después, se mostró con gobernadores, habló de Vaca Muerta en un encuentro empresario y por último metió fotos con Fernández y el jefe del BCRA, Miguel Pesce, en el comienzo de su operativo para mostrar coordinación anticorrida.

Como si fuera poco, esta arena movediza se prepara para el tránsito de la campaña electoral, que en la Argentina implica una mayor alteración de los actores económicos. Cuánta demencia fingirá el Frente de Todos para defender un gobierno con más de 100% de inflación o para hacer como que su creadora Cristina Kirchner no tiene nada que ver, pareciera un tema menor por más plenario de militancia que haya.

En estos días, la transición podría sumar más complicaciones todavía si una opción extrema, como una eventual dolarización sin Banco Central que propone el libertario Javier Milei, empezara a parecer posible y no sólo un entretenimiento a los gritos que sólo se legitima por la falta de conducción en estos días a la deriva.