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Columnistas

Los pañuelos blancos de Abuelas de Plaza de Mayo: pilares de la democracia

Por AAIHMEG |Ana Laura Sucari

Los pañuelos blancos son uno de los símbolos distintivos de la democracia y los derechos humanos en Argentina. En cada manifestación popular, los pañuelos de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo condensan en un solo emblema el enorme reclamo por los desaparecidos y las niñas y niños apropiados durante la dictadura. ¿Cómo se convirtieron en un símbolo tan potente a nivel nacional e internacional?

Nunca Más: la democracia no nace, se hace

El 10 de diciembre de 1983 se inauguró el período constitucional más extenso de la historia nacional. No obstante, la definición de dicha democracia no estaba predeterminada. Luego de siete años el retorno al orden constitucional se imponía como un horizonte compartido por partidos políticos, sindicatos, movimientos sociales y organismos de derechos humanos; aun así el concepto de democracia aparecía como un significante tan omnipresente como indeterminado. Su mismo significado era variable e incierto.

Frente al terror instaurado por la dictadura, la democracia fue comúnmente caracterizada como un sistema de consenso. Esta perspectiva sostenía la necesidad del acuerdo social –en materia política y social–, ya que el conflicto podía ser la antesala del retorno al autoritarismo. En oposición, tanto desde la academia como desde el campo popular, se comenzó a plantear que lo distintivo del régimen constitucional era (es, debería ser) la posibilidad del debate. En este sentido, en su libro Palabras políticas, las politólogas y Dras. en Ciencias Sociales Ariana Reano y Julia Smola propusieron que una sociedad democrática es una sociedad donde diversos actores con múltiples voces pueden discutir qué es una sociedad democrática. Asimismo, el movimiento de derechos humanos fue instaurando disputas sobre los modos de comprender el período anterior y demandando políticas al Estado de derecho. Mediante el intercambio político y social, Abuelas de Plaza de Mayo fue construyendo consensos sobre las niñas y niños apropiados –y la infancia en general– que se volvieron nodales para el sostenimiento de la democracia, por lo que se perpetuaron en el tiempo.

El movimiento de derechos humanos presionó al nuevo gobierno para que investigue los crímenes cometidos en el período anterior. Los principales reclamos giraban en torno a la situación de las personas desaparecidas y el juicio a los responsables. En particular, Abuelas tenía la esperanza de que el gobierno constitucional asuma la búsqueda de los niños desaparecidos.

Abuelas de Plaza de Mayo
Izq a der: Abuelo ¿?, Totó Urra, Eva Castillo Barrio (pañuelo), Vilma Gutierrez, (señor), Clara Jurado Marcha. Muchos carteles

Durante la transición, y aún después, múltiples sectores de la sociedad cuestionaban la responsabilidad de las víctimas adultas, a través de frases comunes como “algo habrán hecho” o bien culpabilizando la militancia política. Al poco tiempo, esas expresiones se cristalizarían en la Teoría de los dos demonios, la cual proponía que durante el período anterior se habían enfrentado dos fuerzas opuestas y equivalentes. Sin embargo, ya desde los últimos años de la dictadura, Abuelas señalaba públicamente la inocencia de los niños y niñas. Su ingenuidad los convertía en víctimas puras e incuestionables; de ahí que la represión, secuestro, desaparición y sustracción de criaturas resultara inaceptable. A través de denuncias y solicitadas en la prensa, Abuelas fue construyendo un discurso, que fue ganando consenso en un amplio espectro social, en el cual los niños desaparecidos eran identificados como las hipervíctimas de la dictadura. Así, se comenzó a instalar un sentido social sobre los niños desaparecidos que descansaba sobre los imaginarios sociales y culturales de la infancia –inocente, íntegra, indefensa– que, pese a ser objeto de disputas, se afianzó como un pilar de la democracia, que no se pudo franquear a lo largo de estos 40 años.

“No había un manual que enseñe a buscar a un nieto”

Como sostienen las Abuelas, no había un manual que enseñe a buscar a sus nietas y nietos, por lo que debieron desplegar una enorme creatividad política para restituirlos. En primer lugar, construyeron un sentido en torno a la infancia apropiada que fue compartida por un amplio espectro social.

Luego, ante la necesidad de identificar a las criaturas, Abuelas se abocó a la tarea de poner a la ciencia al servicio de los derechos humanos. Junto a la genetista Mary Claire King, crearon el “índice de abuelidad”, innovación científica que permitió relacionar el ADN de un individuo con el de su grupo familiar sin contar con la información genética de sus progenitores. En consecuencia, en 1987 se creó el Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG) organismo estatal encargado de obtener, almacenar y analizar el material genético de familiares de desaparecidos. El mismo se encarga de cotejar las muestras biológicas de las familias con las de aquellas personas que dudan de su identidad.

Archivo Institucional de Abuelas de Plaza de Mayo

Por otra parte, aparecía como fundamental la creación de una herramienta que garantizara el derecho a la identidad, hasta entonces inexistente. Gracias a su lucha, Abuelas fue convocada a participar en la Convención sobre los Derechos del Niño de Naciones Unidas. Su asistencia culminó con la incorporación los Artículos 7, 8 y 11 conocidos como los “artículos argentinos”, mediante los cuales se instituyó el derecho a la identidad. En el plano local, fue incorporado a la legislación nacional mediante la Ley N° 23.849. De este modo, el activismo en pos de la restitución identitaria derivó en la invención de un nuevo derecho para todos los niños, niñas y niñes del mundo.

Ante la apropiación de sus nietos y nietas, Abuelas desarrolló múltiples estrategias para encontrarlos. La asociación necesitaba de la democracia en tanto régimen que diera respuestas a los delitos cometidos por el Estado. Sin embargo, la obtención de una democracia formal no fue suficiente, sino que Abuelas se ocupó de construirla y darle un fuerte sentido social en torno a la restitución de las personas apropiadas. A 40 años de democracia, sus pañuelos blancos nos siguen invitando a buscar a todas las personas que aún viven privadas de su derecho a la identidad.

Fotos: Archivo Institucional de Abuelas de Plaza de Mayo