Viernes, 12 de Abril de 2024 Nubes dispersas 18.9 °C nubes dispersas
 
Lunes, 11 de Octubre de 2021 Nubes dispersas 18.9 °C nubes dispersas
 
Dólar BNA: $911
Dólar Blue: $995
Columnistas

Reírnos con nuestros hijos

risa

El humor fortalece. Le quita dramatismo a la película de la vida y nos conecta con la verdad. Todo se vuelve más liviano.

Estimular los momentos de risas con nuestros hijos hace que esa conexión sagrada vibre en positivo. Lleva a la creatividad, a la complicidad, se siente bien en el cuerpo y en la mente. Y te da ese regalo divino que es ver y escuchar la risa del ser que más amás.

A medida que somos más grandes nos vamos riendo menos. Quedan lejanas esas carcajadas que nos doblaban cuando éramos adolescentes y estábamos con amigos. Vamos creciendo y nos olvidamos que todo esto es un juego, nos dormimos en la matrix y dejamos de ver con humor lo que nos sucede.

La reconexión está a un paso. Pero primero hay que trabajarse a uno mismo, preguntarnos por qué no nos reímos tanto y laburar en eso. No es poco, pero vale la pena.

Un niño o una niña te abren una puerta para volver a ese estado. Y lo cierto es que, si nosotros estamos más contentos, se darán más momentos de risa con nuestros hijos.

Los padres y las madres que están con cara de ojete, atentos o atentas a dar órdenes, irradiando enojos personales, se pierden de compartir esa magia de la risa con un hijo. Y lo que es peor, están bloqueando la posibilidad de que sus criaturas vivan alegres.

Tuve la suerte de nacer en una familia con mucho humor. Más tarde yo mismo elegí el humor como medio de vida trabajando muchos años en función de hacer reír. Me salía y me sale bien. Creo que por eso y porque lo trae desde la cuna, mi hija es muy graciosa y en esa sinergia que tenemos en donde no faltan los personajes con voces inventadas, por ejemplo, la creatividad se expande. La inventiva de los niños en ese estado se potencia a un nivel muy poderoso. Es una edad en donde no están los filtros que tenemos los adultos. No hay barreras para hacer humor y aparecen creaciones maravillosas. Y si nosotros mismos nos subimos a ese viaje podemos tirar nuestras magias. Algo que todos y todas tenemos.

Pero cuando yo no me encuentro en un buen momento personal y me duermo en la siesta del sistema, dejo de estar presente con ella y las preocupaciones no dan lugar a las carcajadas.

Aún falta un ítem que es muy importante. ¿De qué nos reímos? ¿Cuál es el material humorístico que manejamos? Tener que hacer humor con un hijo puede ser un buen momento para observar en qué nivel nos encontramos. Si usamos insultos, si solo nos estamos riendo de alguien, si repetimos constantemente algún juego de palabras barato que copiamos de un familiar, o lo que sea.

Reconectarnos con ese humor de la infancia en donde no se está tan condicionado puede aportarnos mucho a nuestra manera de hacer reír. Y aprender en esa dinámica humorística entre padre o madre con hijo o hija, nos hará dar un salto como comediantes que somos.

Está pasando