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Columnistas

¿Por qué debemos reclamar una justicia digital feminista? desafíos y propuestas para la agenda del 8M

Justicia digital feminista
Por AAIHMEG |Flora Partenio

Para el 8 de marzo de 2020, nos sumábamos a la iniciativa del Boletín de la AAHIMEG, planteando que era “urgente que nuestra agenda feminista por la justicia digital debata sobre los bienes comunes de datos, la protección y potestad de los datos que generamos a diario de manera individual o colectiva”. Junto a Sofía Scasserra cerramos esa proclama diciendo que “todo trabajo que genere datos debe estar vinculado a derechos digitales”. Unos pocos días después se había declarado una pandemia global, y se implementaron una serie de medidas sanitarias y de aislamiento social. La pandemia no solo puso en evidencia las múltiples crisis pre-existentes (ecológica, económica, sanitaria y de cuidados) sino que también mostró el poder de las grandes empresas tecnológicas. Tanto de las que controlan internet, los espacios en la nube, los navegadores y la recopilación de datos, como de las que multiplicaron sus fortunas proporcionando infraestructura para dinamizar los pagos online y las billeteras electrónicas.

El escenario de lo que algunos llaman “postpandemia”, está marcado por una creciente concentración del poder digital en el mundo. Solo para destacar algunos datos sobre esta geopolítica -que se acaban de publicar en el reporte presentado por TNI sobre el estado del poder digital- podemos ver que tan solo 7 empresas en el mundo son las propietarias de internet, la mayoría de ellas ubicada en países del Norte. En el mercado mundial de navegadores, es decir, el lugar donde recurrimos todos los días para buscar información en internet, el 64,7% lo concentra google Chrome. En materia de acceso y compra de espacios en la nube, es decir, donde guardamos la información sensible de nuestra vida y de áreas claves de los gobiernos (salud, ambiente, seguridad social, protección de datos de las personas, etc.), la empresa Amazon controla el 47,8%.

Esta creciente concentración del poder digital se apoya en lo que nosotras llamamos un Pacto Social que existe en este capitalismo digital (o lo que otras autoras como Zuboff llaman capitalismo de vigilancia) y el hogar patriarcal, que se sirve del trabajo no remunerado -principalmente feminizado- y de trabajo mal remunerado y precarizado en el mundo (en su mayoría migrante).

Este capitalismo digital profundiza la división internacional sexual y racial del trabajo. Con la expansión de lo que se ha llamado formas atípicas de trabajo, es posible visualizar una de las aristas de este capitalismo digital: cada vez más personas encuentran en la economía de plataformas una oportunidad de generar ingresos o complementarlos, trabajar desde su casa o combinar horarios “flexibles” a través de aplicaciones en teléfonos móviles que operan de “intermediarias” en la provisión de servicios. Pensemos en algunos ejemplos como las empresas de plataformas dedicadas al delivery, al transporte de pasajeros y la logística, a los servicios de cuidado, al trabajo en casas particulares, pero también las plataformas de trabajo menos visibles- que no estan “en la calle” y que habilitan la venta online, y la combinación de tiempos y tareas –remuneradas y no remuneradas – en el hogar. También es posible advertir de qué manera en los últimos años, esta inserción progresiva de las mujeres en las plataformas se produjo en un escenario marcado por la falta de políticas de corresponsabilidad de los cuidados. Estos trabajos también mueven el mundo y la posibilidad de contar con pisos mínimos de protección laboral está seriamente en riesgo. A su vez, es importante sondear los distintos niveles de los significados que adquiere la “inclusion digital” ya que estas plataformas no solo estan operando como intermediarias para ofertas laborales, sino que también se convierten en proveedoras de servicios financieros, a través de la oferta de créditos y la apertura de cuentas bancarias.

Justicia digital feminista

Estos ejemplos muestran algunas aristas del poder de las grandes corporaciones digitales y su responsabilidad en la profundización de las desigualdades estructurales. Por eso, para este 8M un grupo de activistas feministas del Sur global hemos elaborado una Declaración de Justicia Digital Feminista que permita interpelar el paradigma digital dominante y plantear propuestas de acción.

En esta hoja de ruta que propone la Declaración, se recuperan las dimensiones económicas, sociales, políticas y ecológicas de la digitalización. Entre algunas de ellas, afirmamos la importancia de:

  • Seguir reclamando a los datos como bienes comunes y sociales. Esto debe ser una prioridad en la construcción de una sociedad mas justa, igualitaria y democrática.
  • Revisión de los regímenes de propiedad intelectual para redistribuir el valor de los datos para la emancipación de la humanidad en general (la pandemia nos dejó algunas enseñanzas en torno al control de la producción y distribución de vacunas por las grandes empresas farmacéuticas).
  • Frente a la privatización de internet, tenemos una serie de desafíos enfocados en como construir una internet como bien público, abierto y equitativo.
  • Interrogar el paradigma de la austeridad como lógica global y como argumento en los planes de recuperación economica: necesitamos mayor inversión en infraestructuras digitales que sustenten servicios públicos esenciales (por ejemplo, en la salud, derechos sexuales y reproductivos, educación, seguridad social, etc.).
  • Necesitamos un nuevo marco institucional global para proteger y alimentar una esfera pública mediada digitalmente y basada en la justicia y la inclusión.
  • Desafiar la implacable mercantilización de nuestras vidas íntimas por parte de las plataformas de contenidos digitales, para preservar una esfera pública. 
  • Crear mecanismos de protección de datos de las personas en los entornos digitales. Multiplicar las herramientas que permitan advertir, prevenir y erradicar las múltiples formas de discriminación y violencia de género en estos entornos.
  • Nuestra socialidad digital requiere construir nuevas salvaguardias frente al sexismo, el racismo, el capacitismo, la misoginia, la transfobia, y las políticas del odio.
feminismo

Por último, tenemos el desafío de devolver la materialidad a nuestras discusiones sobre la digitalización y la economia digital. Se trata entonces de enlazar nuestras demandas por el cierre de brechas digitales de género con una sostenibilidad ecológica

¡Nos vemos en la huelga!