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Columnistas

Niños y religión

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¿Alguien les pregunta a los niños que usan kipá si quieren hacerlo? Esta y otras cuestiones se me vienen a la mente cuando veo en la calle a un pequeño con el gorrito puesto. Me resulta chocante. Lo mismo me sucede con cualquier otro niño o niña que nace y se cría en un círculo familiar religioso, sea la religión que sea. La posibilidad de elegir por arte de la criatura parece nula. Si los padres son católicos, judíos, islámicos, hindúes, budistas, etc; la fe de ese niño o niña estará signada y determinada por otros desde el vamos.

Algo tan delicado y clave como es la percepción profunda de la vida no debería ser impuesta y menos desde tan temprana edad. Meterle data de ese tipo condicionando su libertad para experimentar la vida, es un acto de egoísmo. Sería algo así como: “mi hijo/a va a creer lo que yo creo”.

Ya de por sí, la religión limita y más si está surcada por un fanatismo. Se debe rezar de tal manera y a tal hora, hay que disfrazarse con ciertas ropas específicas, se celebran fechas en donde se deben hacer determinadas actividades y otras no, etc, etc, etc. Que el adulto elija ese camino siendo una persona madura con capacidad de decisión es una cosa, pero que al niño o niña se le imponga una religión, es otra cuestión. Claro que es difícil propiciarle una libertad de elección si nace en una familia en donde se va todos los domingos a la iglesia, se reza a tal hora específica o la regla que sea. Seguramente que al criarse en ese contexto estarán condicionados. Entonces la pregunta es: ¿los padres les explican a sus hijos/as que ellos eligieron una religión que no están obligados a seguir? En la gran mayoría de los casos no creo que sea así.

Estos niños o niñas se crían bajo un mapa limitante con la mente encajonada. De grandes podrán darse cuenta o no si quieren seguir por ese rumbo. Pero para salir de ahí tendrán que desaprender unas cuantas cosas que le fueron metidas en la cabeza por otros, y esos otros son nada más y nada menos que sus padres, los seres más cercanos y de mayor confianza. Tarea difícil.

Cuando la libertad de pensamiento está en juego entramos en una zona muy delicada. Y más si se trata de la mente limpia de una criatura. Ya bastante tienen lidiando con un sistema que baja constantemente una data nefasta. Pienso que, como padres, nuestra tarea consiste en limpiar el camino de imposiciones. Decir que las cosas son de tal o cual manera es un acto de manipulación y más si se estamos hablando de religión.

No creo que un padre religioso se dé cuenta de esto sencillamente porque no lo ve y porque ya está limitado y condicionado por una manera de vivir la vida. La única esperanza es que esa criatura pueda despertar de la manera que sea cuanto antes para ser consciente que, desde que nació, fue despojada de una condición básica del ser humano: la libertad de elección.

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