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Mundo

Quién es Nayib Bukele, el presidente salvadoreño que estremece al mundo con su política represiva

Bukele.

El nombre de Nayib Bukele recorrió el mundo esta semana después de que se conocieran imágenes de la megacárcel de El Salvador, considerada por muchos organismos como violatoria de los derechos humanos. El actual presidente del país centroamericano construyó su popularidad con un discurso extremo de mano dura y drásticas medidas en materia de “seguridad”.

Quién es Nayib Bukele

Bukele nació en San Salvador en 1981. Su padre fue un influyente líder de la comunidad árabe salvadoreña, además de un empresario de la industria química. En su juventud empezó a estudiar leyes, pero pronto dejó los estudios de lado para participar de la gestión de las empresas de su padre.

Su carrera política empezó oficialmente en 2012 cuando fue elegido alcalde del municipio salvadoreño Nuevo Cuscatlán por el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), gestión a través de la cual ganó popularidad suficiente como para ser elegido, en 2015, alcalde de San Salvador.

En 2018 salió dramáticamente del FMLN, en medio de una creciente tensión con sus compañeros de partido. Fue acusado por el Tribunal de Ética de promover la “división interna con argumentos de conducta personalista”, realizar “actos difamatorios” y agredir verbal y físicamente a otra funcionaria llamándola “maldita traidora” y “bruja” e incluso tirándole una manzana por la cabeza. Con su salida, fundó el partido Nuevas Ideas y se propuso formar una coalición con el partido de centroizquierda Cambio Democrático para las elecciones de 2019.

Dado que Cambio Democrático se disolvió por no haber alcanzado los votos necesarios para seguir existiendo, Bukele terminó postulándose a presidente en 2019 por el partido conservador Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA). Tras ganar la interna del partido, encabezó una empecinada campaña electoral enfatizando en la lucha contra la corrupción y el delito y en la innovación tecnológica. Terminó ganando con el 53% de los votos sin necesidad de una segunda vuelta.

La política de mano dura en El Salvador

Desde su asunción como presidente, Bukele protagonizó una alarmante serie de episodios controvertidos, destacando el momento en el que llevó militares al Congreso para forzar la aprobación de un préstamo. Se trataba de 109 millones de dólares provenientes de Estados Unidos para financiar su política de seguridad, que implicaba destinar más presupuesto a la Policía Nacional Civil y promover el enfrentamiento violento con las pandillas de delincuentes.

Los partidos ARENA y FMLN presentaron objeciones exigiendo más transparencia sobre para qué se usarían esos fondos, con lo cual el presidente terminó ingresando al recinto acompañado de un grupo de soldados para intimidar a los legisladores. Como no hubo quórum, el mandatario llamó a la “insurrección popular”, aunque luego se retractó pidiendo “calma” a sus seguidores, de parte de quienes recibió amplio apoyo.

El proyecto para el que iría destinado el préstamo era el Plan de Control Territorial, lanzado por Bukele al principio de su gestión. Consistió en un aumento de la vigilancia policial, en construir nuevas cárceles y en proveer a la Policía Nacional Civil y las Fuerzas Armadas con armas de fuego, municiones y chalecos. Además, el funcionario autorizó a estas fuerzas para matar integrantes de pandillas. Una de las principales pandillas que actúan en El Salvador son las maras, integrantes de una organización criminal internacional entre cuyas actividades se cuentan el narcotráfico, la violación, el contrabando de armas, el secuestro, el robo y el asesinato por encargo.

Actualmente, la gestión salvadoreña se jacta del hecho de que, a raíz de esta política de mano dura, se redujo considerablemente la tasa de homicidios en el país: según las estimaciones, en 2022 hubo 7.8 asesinatos cada 100 mil habitantes, mientras que en 2018 habían tenido 52.

A pesar de esta baja en los asesinatos, a fines de marzo de 2022 los homicidios volvieron a aumentar y Bukele vio la oportunidad de lucir nuevamente su drástica política represiva: en conjunto con otros funcionarios, decidió declarar un estado de excepción que ya se prorrogó 10 veces, siendo la última el pasado 14 de febrero.

Lo último fue la megacárcel cuyas imágenes recorrieron el mundo en las últimas horas: se trata del Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT), un recinto de máxima seguridad de 1.6 kilómetros cuadrados ubicado en el municipio de Tecoluca, con capacidad para 40.000 presos. Camas sin colchón, “celdas de castigo” sin ventanas para los reclusos de mala conducta, incomunicación y ausencia de patios y espacios conyugales son algunas de las principales características de la prisión, revelada por el gobierno con un gran despliegue mediático.

Imagen de la megacárcel.

Las políticas de Bukele ya recibieron varios llamados de atención de parte de organismos de derechos humanos. Hace ya un año, la oficina de Derechos Humanos de la ONU (ACNUDH) reportó un “uso innecesario y excesivo de la fuerza” en el país, mientras que Human Rights Watch afirmó que había “evidencia creciente” y “acusaciones creíbles” de que las autoridades cometían violaciones de derechos humanos tales como arrestos arbitrarios, desapariciones forzadas y muertes bajo custodia policial durante el régimen de excepción. Por su parte, Amnistía Internacional denunció “violaciones masivas de derechos humanos” como la tortura contra los presos, más el hecho de que el 2% de la población está en la cárcel.