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Columnistas

Guatemala duele, o al menos debería dolernos

Hay un primer paso a dar: conocerlos, conocer su historia; y la mexicana Ximena Santaolalla lo hace y se mete en su dolor, en sus entrañas, en la historia de un pasado cercano atroz y desolador.

Guatemala

Guatemala ha sido un país poco cruzado por la suerte histórica, constantemente asolado por los intereses de EEUU, por su lugar periférico en la estructura económica internacional, por la pequeñez de su economía y por una relación entre una horrible oligarquía blanca propietaria de todo y una absoluta mayoría indígena dueña de nada más que de su pobreza. Esa pobreza ancestral ha entregado grandes luchas de liberación y, como respuesta, grandes atrocidades represivas.

La Dictadura de Efraín Ríos Montt ha sido el ladrillo más grande de esa pared de sangre y violencia desmedida.

Este es el escenario en el que la autora hace circular los personajes que anidan en la novela; una novela dura, durísima; que tiene como efecto el título, en el que incluso el “a veces” es una descarga que trata de humanizarla. No hay modo de que esta novela no nos deje perplejos, anonadados, más que incrédulos, en situación de shock.

Nadie está a salvo, no hay personajes que tengan un momento de paz, todo es trepidante y atroz, como la dictadura que cruza el registro de todo el libro.

En modo de trama ficcional, Santaolalla se nutre de los archivos del juicio a los genocidas de uno de los tantos casos de este periodo criminal, a partir del cual ordena personajes, interacciones, diálogos y distintos pasajes del libro; para adentrarnos en un universo oscuro y desolador. Novela coral, donde muchos personajes interactúan, se superponen, se acercan y se agreden; donde la muerte es el denominador común y la desesperanza el efecto que genera a medida que transcurre la trama.

Novela de torturadores, torturados, genocidas, desangelados, desharrapados, olvidados y enfermos. Guatemala 1982-1983, donde con la anuencia de EEUU un militar formado en los sótanos de la lucha contra el comunismo en la década de los sesenta, (época en el que se enseñaba a torturar y a matar en nombre de la defensa de los valores de occidente) se convierte en dictador por algo más de un año y, en ese corto lapso de tiempo (y por obra y arte de una política genocida y criminal) desaparecen en Guatemala aproximadamente cien mil personas.

Para que esa cifra sea mensurable: es el 1,5% de la población total del país, como si la dictadura argentina hubiese desaparecido algo más de medio millón de personas. Alrededor de 200 personas por cada día de su dictadura, una cifra espeluznante.

Santaolalla da cuenta de esta historia en una narración sin fisuras, hablando desde la voz de los kaibiles, gente humilde, del interior del país a la que llevan a Fort Hood, en Texas, a entrenarlos, a desestructurarlos, a que aprendan que saldrán de ahí sabiendo que su vida ya no les pertenece, le pertenece a “la patria”. Los instructores convierten a esos jóvenes en bestias insensibles, en criminales carentes de humanidad; se los tortura en los entrenamientos para que el dolor se les haga carne, los inmunice de toda sensibilidad. Allí convivirán personajes como el Ocelote, Dedos, Chinchilla, Gavilán, y tantos otros siniestros individuos que ingresan a un mundo de sombras del que solo se sale muerto. Asesinos que son víctimas a su vez, territorios pobres que son los mismos a los que regresan siendo Kaibiles para perpetrar asesinatos horrorosos del que serán víctimas sus pares, sus amigos de la infancia, sus novias de la adolescencia, sus familiares directos. Crímenes en nombre de la defensa de occidente contra el comunismo ateo, contra los que quieren hacer ondear un trapo rojo donde estaba la bandera de la patria; discursos que muy bien conocimos en el Cono-sur.

Muchas preguntas rondan esta dura novela: cuando los individuos pierden sus raíces, cómo es posible que se anulen códigos básicos de referencia de humanidad y qué sucede en estos casos, cómo se da la interacción con individuos que han perdido sus marcos de referencia social, sus límites y sus contenciones; cómo es posible relacionarse en esas situaciones en las que el amor, el respeto y la dignidad desaparecen como conceptos y, en un marco más general, como hacen las sociedades para avanzar luego de este tipo de procesos y como se absorben y se digieren estas historias y estos individuos cuando nuevos momentos sociales aparecen

De estas preguntas da cuenta A veces despierto temblando, una novela que muestra lo que alguna vez escribió Arendt en el juicio a Eichman: para que estas cosas sucedan se necesita gente que mire para otro lado, otra que construya a los criminales, un estado de ayude a sostener esta maquinaria y ayudas externas a las que sirva esta violencia. Los kaibiles son mucho más que un grupo de Elite entrenado en EEUU, son el último círculo del infierno de Dante, la hoguera en la que no queremos vernos, el lugar del que no damos cuenta, pero ayudamos a construir.

A veces despierto temblando es un grito desgarrado sobre un hecho que ha sido injustamente olvidado, tanto que su perpetrador, el General Ríos Montt no solo logró volver a ser candidato a Presidente en varias elecciones posteriores, ser presidente de la Cámara de representantes de la Nación y, si bien fue condenado por delitos de Lesa Humanidad a instancias del Tribunal Penal Internacional, fue absuelto por la principal autoridad judicial Guatemalteca. Ríos Montt, el sanguinario militar pentecostal y anticomunista que mando a asesinar mas de cien mil personas en poco más de un año, el que terminó con la vida del 35% de la población Maya Ixil, el que montó la maquinaria más sanguinaria de la violencia política en América Latina, murió de viejo, en su casa, a los 91 años.

A veces despierto temblando, Premio de literatura Random House 2021 es de lectura imprescindible, no solo porque abre la luz sobre un período negro de la historia guatemalteca, sino porque a pesar el dolor que narra lo hace desde un registro estilístico conmovedor e infinitamente humano.

Santaolalla, Ximena. A veces despierto temblando. Mexico, Random House. 2022. 308 paginas

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