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Columnistas

"Quiero"

“Quiero un playmobil nuevo”, “quiero una revista de actividades”, “quiero un paraguas”, “quiero unos largavistas”, “quiero, quiero, quiero…”. Estos son algunos de los tantos “quiero” que me expresó mi hija en los últimos tiempos. El bombardeo constante del sistema surte efecto de inmediato y crea necesidades que antes no estaban. Ese “quiero” que no tiene fin aparece en los momentos de aburrimiento para llenar un vacío. Lo hace de forma automática y nos pone en la situación de acceder o negar. Si compramos lo que nos solicita nuestra hija ante cada una de las peticiones, nos sacamos el problema de encima, la mantenemos entretenida por unos minutos y acumulamos objetos que a la larga o a la corta, no serán usados más. Un juguete reemplazará al otro dejando al viejo en el olvido y así sucesivamente.

¿Qué hacemos entonces? Decir que no a todos estos deseos tampoco parece ser la solución. Pero lo cierto es que la mayoría de las cosas no son necesarias y además nos cuestan dinero. Entonces la primera acción que encuentro es evaluar junto con mi hija si verdaderamente nos suma tal o cual compra. Explicarle el valor monetario de las cosas para que se dé cuenta de dónde viene el dinero y de qué se trata esa herramienta también me parece importante.

Otra cuestión que me ayuda es recordarle los objetos que hemos adquirido y que no usa. Podemos vislumbrar si esa mercancía que desea va a ir a parar al olvido y explicárselo. Es cierto que el impulso por comprar es tan grande que las razones de una negativa no son consideradas por la criatura, pero es mejor decírselo que negar por negar. De alguna manera la explicación llegará a su cerebro y será procesada. Que sienta frustración o enojo es parte del aprendizaje, pero con una charla será más nutritivo.

En esta evaluación ante cada “quiero” habrá ocasiones en donde accederemos a comprar. Difícil decirle que no si lo que desea es un buen libro, un barrilete, unos buenos walkie talkies, un juego de mesa que estimule su imaginación, etc, etc, etc. Pero debemos ser finos en estos momentos, incluso cuando contamos con suficiente dinero, porque llenar de objetos la habitación de nuestros hijos, con el tiempo hará que pierdan su valor.

Y si nos enojamos reiteradamente ante estos “quiero” está bueno preguntarse y sincerarse si los adultos estamos o no en la misma dinámica. Y ahí seguramente nos veamos reflejados. Nuestra mente se la pasa queriendo cosas que no poseemos. Llenamos un vacío que tenemos miedo de enfrentar comprando y comprando objetos que verdaderamente no necesitamos.

Si nos damos cuenta de que en realidad se trata de habitar ese vacío, quizás dejemos nosotros también el “quiero” de lado. Bancarse el vacío nos hará darnos cuenta que ahí está la fuerza y la creatividad y quizás salgamos a divertirnos practicando un deporte, jugando con lo que ya tenemos, inventando, o simplemente viviendo el presente pleno en donde no hace falta nada y no hay nada que llenar. Basta con estar.  

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