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Columnistas

La última impresión no es la que cuenta

En marketing se habla mucho de la importancia de la primera impresión. Se pone el foco en ese momento porque se crea una fuerte imagen mental de la marca en la psique del individuo. Se sabe que el consumidor no puede evitar emitir juicios de valor ante lo primero que se le cruza en el camino en forma de productos o servicio.

Lo mismo sucede con los vínculos. La primera impresión deja una huella mental que se forma a los pocos segundos de conocer a alguien. Queda grabada en el cerebro y luego es muy difícil de cambiar. En un minuto ya valoramos a ese nuevo ser humano que acabamos de conocer por su apariencia, gestos, modales, tono de voz… Nuestro cerebro está programado para llegar a una conclusión con poca información.

¿Pero qué pasa con la última impresión? Si volvemos al marketing, está estudiado que la última impresión es la que completa la experiencia del cliente y crea un recuerdo que se instala en la mente. Y aquí me gustaría trasladar este concepto a situaciones vividas recientemente con mi hija. Yendo a los vínculos y más precisamente a sus amistades, he notado que, debido a la última impresión, ella suele rechazar la posibilidad de encontrarse nuevamente con ciertas amigas o amigos. Las causas pueden ser infinitas. Le usaron un juguete que no quería prestar, le gritaron, le rompieron algo que ella quería, etc, ect, ect. Cualquiera sea el hecho, queda una carga negativa difícil de borrar.

Y aquí es importante como padres y madres estar presentes. Por ejemplo, mi hija no quería ver a una amiga que conoce desde hace unos años, con la cual ha compartido varios momentos agradables. Esto se debía a que en el último encuentro esta niña había usado unas palabras que no le habían gustado y le había pintado una libreta sin permiso. Tiempo después surgió la posibilidad de invitarla a nuestra casa y, debido a esta última imagen, mi hija no mostraba interés. ¿Cómo fue que cambió esta percepción? Con diálogo. Le expliqué que esta amiga era más chica y no tenía noción verdadera del poder de ciertas palabras y acciones. Y esto fue reforzado por un mensaje de voz de la niña que espontáneamente le envió a través del celular de su padre. Eran unas palabras llenas de amor que despertaron inmediatamente en mi hija ganas de verla. Y cuando se dio el reencuentro, todo fluyó con juegos y cero peleas. Ya no quedaba nada de la última impresión.

Pero también hay que estar atentos a la negativa de nuestros hijos con ciertos vínculos. Porque hay casos en donde verdaderamente no hay piel. Y no se trata de una última impresión. Solo basta con observar si en la mayoría de las veces en las que se juntan se dan rispideces. Y así como sucede con los adultos, si no hay un ida y vuelta sano, es mejor entender y aceptar la decisión de nuestros hijos sin forzar nada. También me ha pasado y estaba claro que ella no quería continuar con esa amistad que ya no era tal hace rato.

En definitiva, se trata de estar despiertos para saber cuándo verdaderamente no da para más y cuándo es bueno dialogar y acompañar para que un vínculo de amistad no se corte por una última impresión.

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