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Columnistas

Tongos, mafias y desarrollo sostenido

cumpleaños de filiberti

Son los caprichos del calendario. La fiesta de cumpleaños del multimillonario argentino Mauricio Filiberti en Punta del Este el viernes pasado llegó justo al cierre de la semana en la que el Gobierno le condonó $70 mil millones de deuda a su flamante empresa Edenor, la mayor distribuidora eléctrica del país, que había comprado en 2020 junto a sus socios Daniel Vila y José Luis Manzano.

No se sabe si en algún momento de la celebración en el restaurante La Olada, de la zona de La Juanita, Manzano habrá cruzado alguna palabra sobre el tema con el anfitrión que festejaba sus 74 años. Pero que Chupete se haya venido desde su residencia en Suiza para estar presente junto a unos 180 invitados indica que aquella sociedad que aventuraron para comprarle la compañía a Pampa Energía a un precio muy bajo por las deudas que tenía anda viento en popa, por usar un término muy apropiado para la ocasión.

“Sigo sin escalas hacia las islas del Pacífico porque soy feliz en el mar y tal vez también, para salvar mi alma”, es la frase del escritor Bernard Moitessier que se lee dentro del local donde fue la fiesta. 

Filiberti es un hombre del agua. Durante años disfrutó con referentes del establishment de navegar en su yate ultra lujoso Attila, que vendió en los últimos tiempos. Su fortuna, en tanto, la amasó con Transclor, la compañía que provee cloro a la empresa estatal de agua y saneamiento Aysa, conducida ahora por Malena Galmarini, esposa del ministro de Economía, Sergio Massa.

Esta cercanía de Filiberti con Galmarini por un lado, y la conocida amistad de Massa con Vila y Manzano habían puesto la lupa sobre la operación de compra de Edenor por US$100 millones en su momento, cuando se trataba de una empresa que valdría varias veces más

La deuda que había acumulado con la empresa mixta estatal y privada Cammesa -que le provee la electricidad- era un talón de Aquiles para su balance. Producto del congelamiento de tarifas, llegó a deberle $105 mil millones. Con perdón de intereses y condonación de capital, terminará pagando $32 mil millones. La novedad se conoció esta semana, en el marco de un plan de ordenamiento de cuentas para distribuidoras eléctricas que se había votado en el Congreso.

Fue una noche tranquila, donde también deambularon otras caras conocidas del empresariado como Martín Cabrales, José Urtubey, Sebastián Bagó (padre e hijo), Luis Galli y Ricardo Smith Estrada. Una pareja que atrajo miradas también fue la de (me pongo de pie) Rodolfo D’Onofrio y Zulemita Menem.

Amplio en las amistades, también estuvieron la conductora Marcela Tinayre con su hijo, el productor televisivo Ignacio Viale. Su hermana Juanita, vale recordar, había sido noticia el año pasado tras disfrutar del verano europeo junto a Filiberti cuando todavía tenía el yate.

Pero sería injusto ubicar a Filiberti sólo en el amplio abanico del peronismo empresario, ya sea por su trato con el Gobierno como con José Luis Lingeri, el histórico referente del gremio de Obras Sanitarias. Es un hombre que hace negocios con el gobierno actual, pero festeja con muchos del poder que puede venir.

El viernes también le cantaron feliz cumpleaños referentes del PRO, como Federico Salvai, el ex jefe de gabinete de María Eugenia Vidal, y su esposa Carolina Stanley, quien fuera ministra de Desarrollo Social de Macri

Cerca, también comió el pescado a la parrilla que sirven en el lugar Martín Redrado, ex massista, inminente funcionario larretista. Gabriel Martino, el ex HSBC también cercano a Larreta, fue otro que dijo presente. Y fue parte a su vez el dueño de Camuzzi Gas, un tal Alejandro Macfarlane, que para ubicarlo políticamente basta recordar que hace nada recorría Qatar con Macri ilusionándose con los muchachos.

Mafia vos, mafia yo

En todo caso será otra anécdota más del formato de democracia y capitalismo que supimos concebir, en el que el lobby roza la corrupción no importa de qué partido político se trate y en el que la política y los negocios apelan más a la palabra mafia que, ponele, a desarrollo o competencia. Lo que se está viendo en estos días no es más que otra vuelta de tuerca.

“Mafia o democracia”, es la convocatoria del kirchnerismo para el 24 de marzo. “Ya no hay que hablar de lawfare, se trata de la mafia judicial”, enfatizó Cristina Kirchner en uno de sus últimos discursos en medio de la filtración de chats con viajes de jueces, fiscales, empresarios de medios y funcionarios del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires que muestran como mínimo un vínculo impropio de magistrados y dirigentes.

“Así se manejan las mafias”, se defendió Horacio Rodríguez Larreta luego de que su ministro de Seguridad y Justicia, Marcelo D´Alessandro, tuviera que pedir licencia porque también se difundieron mensajes en los que hablaba con un asistente de la Corte Suprema sobre cómo “mover” un discurso sobre el Consejo de la Magistratura, y también donde negociaba dinero con un empresario contratista de su administración.

Mafia vos. No, mafia vos. Cuarenta años después de que por suerte se terminara la dictadura más atroz, así es difícil que la cosa funcione como un juego democrático en el que unos y otros quieren pugnar en las urnas para ver quién gobierna porque buscan lo mejor para el país en el que también, debería ser obvio, tienen que vivir los del otro bando.

Gerardo Morales, Diego Santilli, Martín Lousteau y Horacio Rodríguez Larreta (izquierda a derecha) este fin de semana en Mar del Plata de cara a las elecciones de este año.

Encima todo es cíclico y obvio. Aparece una acusación de mugre indesmentible. Y la respuesta es cuestionar el método por el que se conoció la información. Decir nada sobre el contenido, que encima es recontra validado por otros testimonios y documentos. 

¿O no es lo que pasó cuando aparecieron los cuadernos de un chofer que anotaba cada vez que iba a levantar guita de coimas durante el gobierno de Néstor Kirchner? Se respondió diciendo que era una operación de inteligencia, que no eran cuadernos, que eran fo-to-co-pias. Pero cada protagonista que había pagado sobornos lo admitía. Los lugares, los momentos. Todo coincidía. 

Ahora pasa igual con los chats de la Ciudad. Todos los pinchados admiten en off que ocurrió lo que dicen los textos y audios. Los periodistas que son mencionados reconocen en on the record que luego les dijeron lo que se avisa ahí que les iban a decir. Las licitaciones que se mencionan que debían ocurrir mientras hablaba el contratista de la Ciudad, ocurrían. Otra vez se contesta denunciando una operación de inteligencia. Se apunta al uso de información privada, que es un tema. Pero el contenido otra vez es posta.

La mugre es mugre.

Massa y Larreta vs. Carrió

Es duro, pero tal vez sea el momento de asumir que no se puede todo y que llegado el caso, si hay chances de acordar medidas para un plan de estabilización macroeconómica que siente las bases del desarrollo sostenido, basado en el potencial de los recursos naturales y en el talento de la gente, será conviviendo con los comportamientos más oscuros de las camadas de lo trucho que se ha ido cimentando con el correr de los años a ambos lados lo que hoy se llama grieta.

Algo así como la lección de la Asociación del Fútbol Argentino. Que haya mafia en la cúpula, pero que un proyecto, casi que de pedo en un comienzo, la pegue. Qué se yo.

Si total, nada es lo que parece. La fuerza que dice representar a los pobres y excluidos la encabeza una mujer que le legó 26 propiedades a sus hijos y no sé cuántos millones de dólares cash. El espacio que postula el liberalismo lo lidera un chabón que heredó una fortuna de la patria contratista del Estado. Dale. Nadie debería sentirse tan pulcro como para no poder armar algo serio como país por fuera de los intereses particulares y las miserias asociadas que recontra existen.

Habrá que inaugurar la era de la vista gorda. Perdón. Aunque sea en un principio. Aceptar que todo es menos idealista de lo que se muestra o pretende y darle igual. Llamalo tregua. Sacarse la careta. O como quieras. Cristina y Macri hablan de los derechos humanos pero bancan Venezuela y Qatar. O sea. Nada es tan serio como diferencia.

Y tampoco puede ser tan difícil. Somos el país del truco, donde gana el que miente. Amamos la gambeta, que es amagar para un lado e ir a otro. Somos la capital de la doble fila. Hay másters en zafar para no hacer la cola. Se nos hace agua la boca si encontramos un salvoconducto para hacer un trámite por izquierda. Tenemos siempre una parte de la guita en negro.

Viendo todo más realista, la estabilidad y el crecimiento será con tongo o no será. Los dos períodos recientes más exitosos en lo económico, la Convertibilidad y el primer kirchnerismo, son ejemplos de que el barro es fiero pero sirve de base. 

Por ponerlo en nombres propios: tal vez habrá que apostar más a la praxis de Massa y Larreta que las postulaciones moralistas de Elisa Carrió en un canal de noticias. Triste. Sí.

En definitiva, todos queremos estar invitados a la fiesta de Filiberti

O directamente ser Filiberti.

Está pasando