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Columnistas

Body shaming: mi cuerpo no quiere tu opinión

Ilustracion body shaming cuerpo

“Sobre mi cuerpo y mi vestuario, reservate el comentario”, reza una frase que forma parte de una campaña del colectivo Mujeres que no fueron tapa. Como cada verano, y con las fiestas de por medio, toda la atención se posa en los cuerpos y sobran opiniones sobre cuántos kilos son admisibles, cómo bajarlos, qué usar y qué no de acuerdo al peso.

A pesar de estar tan naturalizada, esta práctica no es inocente y puede generar diversas consecuencias en quien recibe esos comentarios. Definida como body shaming, implica criticar o avergonzar a alguien por alguna característica de su cuerpo.

“Hablamos de una conducta que tiene una clara intención de generar una emoción negativa en quien recibe el señalamiento o el comentario. Históricamente las mujeres y disidencias han sido el público objetivo de estos comentarios, algo que no es casualidad. Si pensamos en cómo se han construido y sostenido los estereotipos de género, podemos notar una constante: la asociación de un ‘valor diferencial’ al cuerpo de las mujeres, ya sea para adorarlo o venerarlo como para criticarlo”, señala Cristel Analy Fabris, psicóloga y diplomada en violencia de género y ESI.

Los números lo confirman. De acuerdo al estudio Bellamente sobre el impacto de las presiones socio-culturales en la imagen corporal, el 93% de las personas que participaron se siente fuertemente influenciada por la cultura que contribuye a justificar o provocar el adelgazamiento y 3 de cada 4 de ellas presenta una alta preocupación por su imagen corporal. En esto, las opiniones o comentarios juegan un papel importante. Según el mismo informe, el 73% de lxs encuestadxs escucha frecuentemente comentarios que relacionan la belleza con ser feliz.

Pero así como en esta época se intensifican las miradas en torno al cuerpo, crecen también los discursos y activistas que trabajan sobre la problemática y, una vez más, insisten: nuestros cuerpos no quieren su opinión.

Desarmar el gordoodio

No ponerse bikini, no ir a la pileta, evitar usar musculosa o short. La mirada ajena cala hondo desde la infancia y, a pesar de los movimientos por la diversidad corporal y los avances en torno a ella, nunca faltan quienes creen tener el derecho de juzgar y decidir sobre lxs demás. “Como el cuerpo de las mujeres ha sido interpretado desde tiempos remotos como ‘bien público’, como si fuese algo que nos pertenece o nos compete a todxs, allí es donde se justifican las opiniones”, explica Fabris.

Desde las reuniones familiares hasta en las redes y medios: la persuasión constante que promueve un estereotipo a cualquier costo hace que, por default, se humillen o critiquen otros cuerpos.

La especialista agrega: “Los medios de comunicación recién están comenzando a replantearse el mensaje que transmiten, y en un porcentaje muy bajo. Las redes sociales están un paso adelante, ya que hace varios años hay activistas que hablan sobre sus experiencias y generan conciencia. Sin embargo, también son espacios en los que las imágenes se replican a grandísima velocidad y a toda hora: TikTok es una de las plataformas más usadas, en las que se replican mensajes sobre qué cuerpos son deseables y cuáles no, y además es una plataforma en la que circula mucho ‘hate’, es decir, mucho comentario con carga negativa o de tipo odiante”.

Pero el body shaming no se alimenta sólo de comentarios fuera de lugar en una cena o de titulares que prometen ‘bajar kilos y combatir la celulitis’. Se da también en la cotidianidad, en un mundo gordoodiante que limita y excluye a los cuerpos gordos. El incumplimiento de la Ley de Talles es sólo un ejemplo: según la última Encuesta Nacional de Talles realizada por la organización AnyBody, el 63% de lxs encuestadxs tiene problemas para encontrar talle, lo que despierta sentimientos de tristeza, cuestionamientos del propio cuerpo y hasta desencadena (en un 20%) conductas de riesgo como abstenerse de comer, vomitar, tener atracones y hacer ejercicio excesivo.

Así, aunque para algunxs recomendar una dieta o sugerir usar determinada ropa para ‘disimular’ algún aspecto puede parecer inofensivo o ‘por el bien’ de la otra persona, tiene consecuencias: desde afectaciones en la percepción de la propia imagen, a trastornos de la conducta alimentaria, restricciones calóricas, pensamientos negativos sobre la comida, conductas compulsivas de control y pensamientos de carácter obsesivo, discriminación y aislamiento.

Cambiar las cosas

Con la militancia de por medio, el panorama se va transformando a medida que pasa el tiempo. Desde marcas que incorporan una tabla de talles variada hasta campañas, discursos y espacios que cuestionan actitudes como el body shaming, poco a poco se logran desarticular ciertas prácticas.

Pero siempre hay más por hacer. Sin ir más lejos, incorporar y hacer cumplir una Educación Sexual Integral que tenga a la diversidad corporal como eje y que no sea dada con una perspectiva peso céntrica es una herramienta fundamental para poner un freno a estos hábitos.

Fabris concluye: “Hay personas que están haciendo un trabajo por desarmar el gordoodio internalizado, pero hay un gran porcentaje que aún lo hace, en los medios, en las redes, pero principalmente en las escuelas y en las familias. Considero que vamos a ver (o me gustaría poder verlo) un cambio dentro de muchos años, cuando la ley de talles efectivamente funcione, cuando podamos circular por la calle sin miradas, cuando decir gordo o gorda no sea asociado a algo negativo, cuando vayamos a una consulta médica y no asocien que lo que nos sucede es por un número en la balanza”.