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Viajeros

Cuarenta y cinco millones de argentinos

alberto fernández caravana campeones del mundo

Imposible arrancar sin mencionar el épico resultado alcanzado por Leonel Messi y la Scaloneta en el mundial de Qatar.

Gracias muchachos por la coherencia, por la honestidad, por el orgullo que sienten de ser argentinos. 

Gracias por respetar al deporte, por la humildad, por demostrarnos que todos unidos podemos.

Gracias por emocionarnos, por conmovernos hasta las lágrimas, por hacernos volver a querer a esta Argentina que no para de sobrevivir; porque como dijo el filósofo contemporáneo, Eduardo Duhalde, este es un país condenado al éxito. ¡Y pucha que es así!

Increíblemente, o no tanto, una victoria deportiva hizo más por nuestro país y su gente que toda la dirigencia política en muchos años de historia argentina.

Los que dicen que saben, sostienen que a Qatar viajaron más de 40 mil argentinos para alentar a nuestra selección como a ninguna otra. En realidad, representaban a más de 40 millones que en estos momentos se permiten ser felices y esperanzados pensando que todo puede ser mejor.

Hoy nos envuelve una sensación de que podríamos cambiarla si todos juntos nos proponemos cerrar la grieta.

Después vendrá el análisis de aquellos que viajaron sin entradas, de los reclamos inútiles o de las escaramuzas con los hinchas de otros países. Hoy el bosque debe tapar el árbol.

Y el bosque no es Argentina Campeón del Mundo después de 36 años. El bosque es esa imagen de millones de argentinos movilizándose a lo largo y a lo ancho del planeta se identifican con un país que lo tiene todo, pero que no puede superar el egoísmo de sus políticos.

Si, como también dicen los que saben, Argentina tiene energía y alimentos para abastecer al mundo, no podemos entender como la ignorancia de nuestros dirigentes nos lleva a estar, una vez más, debajo de la alfombra.

A diferencia de otros momentos de nuestra rica historia, hoy nos envuelve una sensación de que podríamos cambiarla si todos juntos nos proponemos cerrar la grieta. 

Hoy miramos todos para el mismo lado, y pensamos que oficialistas y opositores, de derecha y de izquierda, rubios o morochos, altos o bajos, podemos tener un país mejor.

Ese sentimiento debería contagiar a nuestros dirigentes, ¿no les parece? Sería otra oportunidad que nos da la historia.

Y si no fuera así, que Dios y la patria se los demande.

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