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Columnistas

Ser católica y feminista: entre la misa y el miso

iglesia

En el 2020 la Inspección General de Justicia dispuso que las sociedades civiles y las fundaciones contaran con una composición que respetara la diversidad de género en sus directorios y las iglesias, confesiones, comunidades y entidades religiosas pidieron ser exceptuadas. Esta actitud mostraba que la mirada desconfiada sobre la posibilidad de unir dos mundos como el catolicismo y la perspectiva de género no era solo del afuera, lxs laicxs, sino que estaba profundamente imbricada al interior de la Iglesia.

Pero no para todxs lxs que pertenecen a ella. Ya en ese entonces, un grupo de organizaciones envió cartas a Iglesias evangélicas y católicas para pedir que tuvieran en cuenta la paridad de género. Aunque en ese momento no obtuvieron respuestas, en marzo de este año el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH) llevó a cabo la elección de los y las miembros del Órgano Directivo y la Junta Pastoral con un cupo femenino del 60% y con dos mujeres presidiendo el Órgano Directivo.

Hace tiempo crece la cantidad de personas al interior de los movimientos religiosos que plantean una mirada crítica a esas doctrinas y proponen transformaciones feministas. El objetivo, en líneas generales, es renovar espacios, discursos y prácticas de la Iglesia. Y lo hacen con una convicción, que parece alejada de lo que la mayoría, desde el exterior, cree: que la fe y el feminismo no son contrarios.

“A muchxs de nosotrxs en algún momento de nuestra experiencia como cristianxs se nos planteó este binomio cristianismo/feminismo como antagónico, imposible de vincular y en algunos casos imposible de convivir con ambas opciones. Pero en muchos casos, ese antagonismo era más bien impuesto por las jerarquías institucionales, las voces oficiales. La misma ‘sed de amor y justicia’ nos movilizaba a imaginar comunidades e iglesias más justas para todos, todas y todes”, señalan desde el colectivo Sororidad y Fe, que nació en el 2019 luego de marchar con un grupo de mujeres cristianas en el 8M.

Como ellxs, surgen varios grupos que buscan conjugar la vivencia espiritual y la feminista para seguir practicando el camino de la fe, pero aportando una militancia que hasta hace poco parecía incompatible: la de pelear por los derechos de las mujeres y personas LGBTTIQ+ en una institución profundamente patriarcal.

Hacerse cargo de las tensiones

Impedimentos para que las mujeres voten a la hora de tomar decisiones en el Vaticano. Prohibición de unir parejas homosexuales. Abusos en la infancia que se destaparon masivamente en los últimos años. En un contexto en el que estas prácticas son constituyentes del cristianismo, ¿cómo acercar la militancia feminista?

Catoliqueer es una organización que se formó hace un año con la intención de circular lecturas de teologías feministas y queer y compartir reflexiones de creyentes LGBTTIQ+. En diálogo con Diario Con Vos analizan: “Las tensiones que encontramos en esta tarea no solo aparecen respecto del discurso oficial de la Iglesia. Podríamos nombrar algunas de estas tensiones: el clericalismo (como forma de paternalismo); la visión de la fe como defensa de una verdad única con la pretensión de explicar y tutelar todos los aspectos de la vida humana; la perspectiva binaria y jerarquizante que divide espiritualidad y corporalidad y que termina despreciando el deseo y el placer; la entronización de la "pureza", que se sustenta en una visión del mundo como realidad caída, siempre ya en falta, lo que alienta la culpa y el sometimiento. Y, por supuesto, una antropología desactualizada y errónea que reproduce roles sociales, familiares y comunitarios discriminatorios y justifica violencias”.

Frente a esto, la necesidad de llevar adelante alternativas para poder ejercer la perspectiva feminista sin dejar de ser practicantes se hizo evidente. Católicas por el Derecho a Decidir ya habían sido pioneras en esta tarea cuando se unieron como fundantes a la Campaña por el Aborto Legal; una iniciativa que fue totalmente disruptiva. A eso se suman articulaciones con diversos sectores para promover y garantizar los derechos sexuales y reproductivos.

Las actividades se replican en las diferentes asociaciones que van apareciendo: se realizan talleres, capacitaciones, reuniones de lectura de teología feminista, y se crean espacios de contención para mujeres y disidencias.

Desde Sororidad y Fe, además, crearon “Fe sin Violencias”, donde se proponen visibilizar y generar redes de sensibilización acerca de las diferentes formas de violencias que ocurren en los ámbitos religiosos. También están trabajando en un posible proyecto de modificación de la Ley 26.485 de Protección Integral hacia las mujeres en donde la intención será agregar como modalidad a la Violencia Eclesiástica. “Venimos trabajando en espacios alternativos a las instituciones eclesiales que nos permitan tender puentes entre el espacio eclesial (regido por sus propias jerarquías y orden) y los feminismos”, afirman desde esa organización.

Otra de las iniciativas que asumieron algunos de estos frentes de mujeres y disidencias fue organizar un Sínodo de Mujeres en el último sínodo católico (que podría asemejarse a un Congreso internacional), en donde se plantearon diferentes temas como la situación de las mujeres en la iglesia y su poder, participación y representación, entre otros. El objetivo fue llegar a un documento conclusivo final que se presentó en el Vaticano a modo de reclamo.

“Sabemos que la jerarquía de la iglesia católica apostólica romana ha llevado en muchos momentos de la historia una agenda en contra de los derechos de las mujeres y de las personas de la diversidad sexo-genérica. Hacia el interior de la Iglesia, sin embargo, existen diferentes posturas. Son muchas las personas y las comunidades que empujan por cambios dentro de la institución para reconocer y trabajar, para la iluminación de las diferentes violencias que prosperan en el interior de las instituciones eclesiásticas. También son muchas las personas que inspiradas en el cristianismo asumen un compromiso social y político en favor de la ampliación de derechos para las mujeres y personas de los colectivos LGBTTIQ+”, señala Natalia Rodríguez, coordinadora del área de Diálogo Ecuménico e Interreligioso de Católicas por el Derecho a Decidir.

Renovar los aires

¿Puede Dios ser queer? ¿Hasta qué punto el feminismo puede atravesar la religión? En las múltiples lecturas que surgen de los textos bíblicos, la organización Catoliqueer forjó una creencia firme: “Lo queer es lo raro, lo torcido, lo que por ‘salirse del cauce’ incomoda. Para nosotrxs, Dios está del lado de lo queer”. Que la Iglesia como institución haya elaborado una antropología binaria y cisheteronormada no impide, para ellxs, habilitar esta nueva interpretación.

“Lo que nos sostiene son los gestos de Dios, de lo más queer: un Dios que para lxs católicxs se acerca a la humanidad pidiéndole permiso y colaboración a una mujer, María; un Dios niño que es criado por un hombre que no es su padre biológico (lejos de la ‘familia tradicional’); que, de adulto, toca, habla y se sienta a la mesa con lxs impurxs de su tiempo, que cuestiona las normas sociales y morales”, agregan.

En ese sentido, y ante el interrogante de cómo sostener una institución machista como la Iglesia desde el feminismo, desde Sororidad y Fe responden: “Nos preguntamos y preguntamos: ¿acaso los partidos políticos no son patriarcales? ¿El poder judicial? ¿Las empresas? ¿Los clubes deportivos? La mayoría de las instituciones son patriarcales, la sociedad lo es. Poner a las iglesias cristianas como quienes detentan el poder patriarcal puede ser una mirada un tanto sesgada. Sin embargo, sabemos, porque lo hemos vivido, que gran parte de las organizaciones basadas en la fe (¡no todas!) son espacios que propician condiciones para que las violencias por motivo de género sean justificadas, naturalizadas o no problematizadas”.

En la búsqueda de una relectura de los textos bíblicos que durante años fueron interpretados en clave patriarcal, estas nuevas teologías feministas permiten ejercitar una mirada crítica y poner sobre la mesa la histórica invisibilización, opresión y violencia hacia las mujeres y personas de la diversidad sexo-genérica que la Iglesia ha perpetrado. Muchxs de estxs activistas lo hacen sin participar de la vida de las iglesias, para congregarse en otros espacios y generar experiencias diferentes; pero muchxs otrxs se mantienen en esos lugares para llevar esa perspectiva que, de otra manera, no llegaría.

Rodríguez concluye: “Somos feministas como consecuencia de nuestra fe ya que entendemos a los feminismos como movimientos proféticos, para decirlo en términos bíblicos, es decir movimientos que denuncian las injusticias y que anuncian la posibilidad de otro mundo de vida más plena y abundante para todes. Construimos este compromiso desde la defensa, la promoción y la ampliación de derechos”.

Foto: Red de Católicas por el Derecho a Decidir de América Latina y el Caribe

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