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Columnistas

El camino de Infantino

FIFA

Hasta el estallido del FIFA Gate, el presidente de la FIFA era una suerte de jefe de Estado a la par de los líderes de las potencias mundiales. La entidad con sede en Suiza tiene 211 miembros, dieciocho más que la Naciones Unidas, aunque tres menos que World Athletics, la Federación Internacional de Atletismo. Tras el escándalo y la mutación que atravesó, el cargo no perdió poder, pero debió reconstruir relaciones en un mapa geopolítco que lo tiene como un jugador importante. Hace siete años, Gianni Infantino, abogado, suizo de padres italianos, era secretario general de la UEFA, un cargo importante, pero secundario. Hoy es el dueño del fútbol y el principal defensor de Qatar 2022.

Desde que asumió la presidencia en 2016 le consultan por la situación de las libertades individuales tanto en Rusia como en Qatar, sedes de los mundiales masculinos de 2018 y este año. Haciendo gala de su cintura diplomática siempre se excusó con el argumento de que no se eligieron bajo su gobierno, pero que podían servir para instalar el tema en agenda y provocar un cambio, algo que pareciera no sucede entre los rusos y genera escepticismo en torno a lo que puedan hacer los qataríes. Sus vínculos con los líderes de ambos países son fuertes. Vladimir Putin le otorgó en 2019 la Orden de la Amistad, que se entrega a quienes con sus trabajos y actos ayudan a reforzar la relación con la Federación Rusa y su pueblo. Putin también se la dio a Daniel Ortega, presidente de Nicaragua, Rex Tillerson, ex secretario de Estado de Donald Trump y a un primo de la Reina Isabel de Inglaterra.

En la previa del inicio del Mundial, Infantino hizo una defensa encendida de Qatar con el argumento de que Occidente estaba utilizando una doble vara para evaluar las costumbres y al gobierno qatarí.

“Los europeos nos dan muchas lecciones. Soy europeo y deberíamos pedir perdón por dar lecciones. Vine hace seis años y lo primero que hice fue hablar de los trabajadores. ¿Cuántas empresas europeas ganan dinero aquí o en otros países de la zona y se han preocupado de los trabajadores? Ninguna. Igual ganaban menos si lo hacían”. No solo por el Mundial, hay grandes conglomerados occidentales llenándose de dinero con la construcción de rutas, edificios y aeropuertos. El gobierno, a través de la Qatar Investment Authority, ha hecho inversiones en Inglaterra, Alemania y Francia, por ejemplo, que incluyen el PSG o porcentajes en Volkswagen y Porsche.

Sostuvo también que los hinchas pueden estar tres horas sin cerveza, por la decisión de no vender alcohol en los estadios y hasta marcó que la opinión de Nasser Al Khater, embajador del Mundial, que dijo que la homosexualidad era una “enfermedad mental”, no era la de todos en Qatar. Sin embargo tuvo un pasaje curioso cuando quiso hablar de bullying.

“Hoy me siento qatarí, árabe, africano, gay, discapacitado, trabajador migrante. Me siento como ellos y sé lo que es sufrir acoso de pequeño. Era pelirrojo y sufrí bullying. Lloré e intenté participar con ellos. Si leyera la prensa estaría deprimido. Soy hijo de trabajadores migrantes, en condiciones muy complicadas en Suiza, cómo vivían y los derechos que tenían. La FIFA está orgullosa de estar aquí. Me cansa leer comentarios sobre gente y decisiones de hace doce años. Va a ser el mejor Mundial. La gente lo que quiere es el fútbol”. Lo qatarí es en sentido literal porque como publicó el diario suizo SonntagsBlick desde el año pasado vive allí con su esposa y dos de sus cuatro hijos que asisten a un colegio local.

Una historia en ascenso

Nació en 1970 en Brig, cantón de Valais a 10km de Visp, la comuna de donde es oriundo Joseph Blatter. Sus padres, Vincenzo y María Minolfi eran oriundos de Calabria y Lombardía, pero emigraron a Suiza a fines de la década de los ´60. Dese chico jugó al fútbol y hasta intentó ser futbolista, pero como supo decir “tenía dos pies izquierdos”, aunque fundó un club con amigos y llegó a ser presidente. Siempre tuvo claro que quería seguir vinculado al deporte, estudio abogacía en la Universidad de Freiburg y se especializó en derecho vinculado a los negocios del fútbol.  

Para poder pagar sus estudios limpiaba vagones de tren y ayudaba a su madre en el negocio que manejaba.

En el año 2000 ingresó a la UEFA tras un paso por el Centro Internacional  de Estudios Deportivos de la Universidad de Neuchatel, al oeste del país en los cantones franceses. En la federación europea comenzó con distintos cargos jurídicos durante la presidencia del sueco Lennart Johansson. Con la llegada al gobierno de Michel Platini, quien años después lo acusaría de traidor, ascendió a secretario general adjunto en 2007 y comenzó la construcción de su poder real. Dos años después fue designado secretario general.

Infantino ganó notoriedad como el maestro de ceremonias de los sorteos de grupos de la Champions League que comandaba con la prestancia de un conductor televisivo, la sonrisa de predicador y la cintura de un intendente del conurbano. En 2015 explotó el FIFA Gate en la previa de las elecciones presidenciales donde Blatter buscaba un nuevo mandato. Cayó la cúpula del fútbol latinoamericano, pero los europeos no salieron indemnes y al calvo dirigente se le abrió un camino impensado. En medio del desconcierto Blatter fue reelecto, pero luego se bajaría. Platini luego fue expulsado por el mismo FIFA Gate y por un pago que le había hecho la entidad y no quedó claro el motivo. Europa necesitaba una candidato fuerte y había dos en el Comité Ejecutivo del fútbol mundial que podían ser, pero iban a caer. El español Angel María Villar había quedado salpicado porque su hijo Gorka trabajaba para Conmebol y en 2017 fue expulsado de todos los estamentos del fútbol. Otro candidato podía ser el alemán Wolfgang Niersbach pero fue inhabilitado de toda actividad futbolística por su implicación en el escándalo de la asignación del Mundial de 2006 en su país.

El ascenso

En febrero de 2016 Infantino derrotó al jeque Salman bin Ibrahim Al Jalifa, presidente de la Confederación Asiática de Fútbol y miembro de la familia real de Bahrein. Recibió el apoyo de UEFA y Conmebol, contra quienes hoy mantiene una suerte de guerra fría, entre otras cosas, por la idea de los mundiales cada dos años. Las dos federaciones continentales crearon una oficina en Londres desde la cual trabajan en políticas en conjunto como contrapeso del suizo. Cuando cumplía su primer mes en el puesto recibió el llamado de Mauricio Macri que le pedía la intervención de AFA, cosa que Infantino dijo no podía hacer si el consentimiento de Conmebol, cuyo presidente Alejandro Dominguez, había asumido en enero. De los cuatro miembros de la intervención Macri puso a Armando Perez y Javier Medin, Conmebol a Carolina Cristinziano y los dirigentes argentinos a Pablo Toviggino. Desde ahí tejieron una relación que terminó con el ex presidente al frente de la Fundación FIFA.

En 2019 fue reelecto y la semana pasada venció el plazo para la presentación de candidaturas por lo que será confirmado hasta 2027 el año que viene en el Congreso que se hará en Kigali, Ruanda. Consciente del poder y el recelo de UEFA y Conmebol, él refuerza su presencia en África y Asia, que son dos de las principales beneficiadas del aumento de plazas de 32 a 48 para el Mundial de 2026, el primero elegido bajo su gestión. Para 2030 la pelea será entre España-Portugal-Ucrania contra Argentina-Chile-Paraguay-Uruguay, siempre con la posibilidad latente que Arabia Saudita adelante un turno sus deseos de ser sede. Habrá que ver como juega el presidente.

Cobra un sueldo anual de alrededor de 1,4 millones de euros, además de viáticos por viaje. Cuando cumpla su tercer mandato totalizará once años en el cargo y será el quinto más longevo en el puesto. En el último cuatrienio FIFA ganó 7500 millones de dólares, sus rivales no terminan de confrontarlo, su construcción de poder no para y buscará ser decisivo en la pelea por el próximo mundial. Mientras los futbolistas pelea por el título en Qatar, él juega su partido y por ahora va ganando.

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