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Columnistas

Mundial Qatar 2022: sacarse las caretas

Mundial 2022

Hombres que representan uno de los espacios donde se forja el patriarcado levantando, o con la intención de hacerlo, la bandera por los derechos LGBTTIQ+ y de las mujeres. El mundial 2022 trajo sorpresas (y no hablamos ahora de las derrotas de Argentina y Alemania en sus primeros partidos). La atención está puesta, también, en las prácticas machistas y racistas que Qatar, el país anfitrión, impone.

Desde que se supo que esa sería la sede, algunos sectores encendieron alarmas por la violación a los derechos humanos y la promoción de políticas que incrementan la misoginia. La repercusión no quedó solo en los feminismos. Jugadores, periodistas, celebrities y lxs mismxs hinchas tomaron estas problemáticas. Largas y arduas luchas de por medio, ¿da todo igual a nivel social? ¿Es admisible, en pleno siglo 21, que no se respete la diversidad?

Pero también, ¿qué reproducimos a menor escala y por qué cuesta tanto verlo como un problema? Prohibir que dos personas del mismo género se vinculen sexoafectivamente está mal y, por suerte, hay cada vez más consenso sobre eso. Sin embargo, ¿por qué otras prácticas que también son machistas, como insultar a mujeres y hostigarlas por su trabajo, no escandalizan tanto?

¿Será feminista o no será?

Un país en el que dos personas del mismo género no pueden tener conductas de seducción o instigación porque pueden ser penalizadxs con hasta ocho años de prisión, que prohíbe o limita la libertad de las mujeres y que habilita el abuso y la explotación laboral. Parece difícil participar de un evento como el mundial y no pronunciarse al respecto, y sin embargo muchxs no lo hicieron. Pero, quizás para sorpresa, esta primera semana dejó varias protestas en repudio a las normas que rigen en Qatar.

Primero dos artistas mujeres, Shakira y Dua Lipa, se bajaron de la inauguración en rechazo a las prácticas patriarcales del país. Vaya casualidad, un hombre, Maluma, se sintió ofendido al ser cuestionado por este tema. Luego, hubo acciones similares por parte de las selecciones.

Los jugadores de Irán decidieron no cantar su himno en repudio al asesinato de Masha Amini a mano de las fuerzas de seguridad por no haber usado su velo de manera correcta. Sus hinchas hicieron lo propio en la tribuna con carteles que pedían por la libertad de las mujeres.

En Europa, ya antes de que comenzara el campeonato, ocho países iniciaron la campaña “One love para visibilizar a la comunidad LGBTTIQ+ con la cinta de capitán con los colores del orgullo. Varios capitanes de los distintos seleccionados quisieron usarla, pero fueron amenazados con sanciones: no se quedaron allí.

El plantel de Alemania posó tapándose la boca en señal de protesta por la censura de prohibir esos brazaletes. Harry Kane, capitán de Inglaterra, llevó una cinta negra con la leyenda “No discrimination” y la exfutbolista inglesa y actual periodista deportiva Alex Scott lució la cinta original, a pesar de las posibles represalias, en la previa del partido Inglaterra - Irán.

En un mundo que se organiza en torno a la homofobia, ¿o acaso es común encontrar jugadores que se declaren gays o cánticos en donde ‘puto’ no sea un insulto?, ¿era esperable que esto sucediera? ¿Qué nos dice del lugar que ocupa el fútbol en la sociedad y, sobre todo, de cómo cambió en los últimos tiempos?

Si este deporte contribuye a entender otros procesos, como las moralidades que atraviesan a la sociedad y la cultura en distintos momentos, estos hechos nos dicen que ya no todo se tolera: las conquistas logradas tienen un peso y hay principios que, ahora sí, se discuten.

En un comienzo, claro está, el fútbol se constituyó como el epicentro de la masculinidad hegemónica y las reglas patriarcales. Pero hoy la sociedad no es la misma y este espacio tampoco es ajeno, sino todo lo contrario. No sólo porque cada vez más mujeres y disidencias lo ocupan, a pesar de lo muchísimo que aún falta, sino también porque quienes ya eran parte de él y crecieron con resabios de la vieja escuela se hacen eco de estos reclamos y, un poco, los toman como propios.

Ah, pero Tini

El martes 22 once jugadores varones disputaron el primer partido de Argentina pero, al finalizar el encuentro, las tendencias en Twitter eran Tini Stoessel y Camila Homs. Ambas con vidas y trayectorias propias, son puestas en escena por ser la novia actual y la ex de Rodrigo de Paul, el 7 de la Selección.

“La triple T son los tres tiros que le van a meter a De Paul por culpa de Tini”, “¿Qué le hiciste a De Paul, Tini?”, “Hay que hacerle juicio a Tini por traición a la patria”. De algún modo, De Paul juega mal, pero la culpa es de su novia. Que entre líneas significa: los hombres no se equivocan; sus problemas los generan sus mujeres molestas, demandantes, manipuladoras, que distraen. Y aún más: sería mejor que vuelva con Camila Homs, epíteto de la mujer ideal para el patriarcado: madraza, que acompaña desde el hogar y que, por lo tanto, no genera disturbios. Porque, claro, no faltó, una vez más y para completar el combo machirulo, la competencia entre dos mujeres.

Parece obvio que ser homofóbico es violento, pero no parece estar tan claro que estos “chistes” son machistas. Un buen ejercicio es pensar qué hubiera sucedido a la inversa: ¿alguien imagina un ataque masivo a De Paul si Tini desafina en un concierto? ¿Quién pediría el regreso desesperado de Sebastián Yatra?

Los comentarios, lamentablemente, no quedaron ahí. La escalada de violencia siguió, sobre todo en Twitter y mayoritariamente hacia mujeres. Ángela Lerena, periodista deportiva con una larguísima trayectoria sobre su espalda, también fue el foco de odio de muchos por su trabajo en la cobertura del mundial. Pero lo que jode, en realidad, es que estemos. ¿No?

Irse mundiales

Por primera vez en la historia, una dupla femenina, conformada por Ángela Lerena y Lola del Carril, encabezará la transmisión de un partido (Suiza-Camerún) a través de la TV Pública. La noticia fue motivo de festejo no sólo para ellas sino por el lugar que van tomando las mujeres y disidencias en el mundo del deporte.

Si ya en el fútbol femenino, donde en general se quiere relegar a las mujeres, la participación es baja, en el universo masculino la situación es peor. Sin ir más lejos, en la Copa América que se disputó en julio de este año, sólo tres periodistas argentinas fueron acreditadas para cubrir el torneo.

Esta vez, los medios públicos dispusieron equipos con paridad de género. Pero no todo es color violeta o arcoiris. Desde que llegó a Qatar, Lerena no hace más que recibir críticas y un fuerte hostigamiento en redes. Se disfrazan en opiniones sobre su desempeño, cuando lo que indigna es que sea mujer. Vale decir, que son de por sí argumentos extraños: afirman que alguien que se forma y se dedica desde los 19 años a esto, y que fue pionera en el ambiente, sabe poco. Algunos de los twitts más virales lo comprueban. Uno muestra hartazgo “cada vez que Ángela Lerena abre la boca” o “apenas dice una palabra” (o sea, no importa verdaderamente qué dice). Otros la mandan a lavar los platos y no faltan quienes destilan odio con insultos particularmente machistas.

¿Pero por qué molesta? Porque este era un espacio consagrado a los hombres, y no es concebible que una mujer opine sobre su juego o les diga cómo hacerlo. Porque el “callate que sos mujer” en el ámbito privado ya no vale: hay feminidades en la pantalla relatando y comentando. Y en todo eso se condensan micromachismos: el mansplaining, o esa necesidad constante de decir cómo son las cosas porque no soportan que una mujer sepa más, y las mayores exigencias hacia las identidades feminizadas como condición para validar sus logros.

El informe “Igualdad de género en los medios deportivos” de la UNESCO da cuenta de este fenómeno: “En los últimos tiempos, la radiodifusión deportiva se ha vuelto más accesible a las mujeres. Sin embargo, las cifras muestran que todavía hay una brecha notable. El número de mujeres que se dedican al periodismo deportivo sigue siendo relativamente bajo, y esta área particular de la información sigue siendo una especialidad predominantemente masculina en países de todo el mundo”.

Para quienes se animan y logran ocupar esos espacios hay, además, una gran violencia mediática: nos quieren correr de esos lugares y no están dispuestos a ceder ciertos privilegios.

Antes del inicio del mundial el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI), en conjunto con la Defensoría del Público de Servicios de Comunicación Audiovisual, publicó un manual con recomendaciones para llevar adelante la cobertura de este evento deportivo que fue fuertemente criticado. Su resultado no fue acertado pero lo cierto es que en su origen la propuesta tenía un objetivo interesante. La de reflexionar en torno a que no alcanza con indignarse con las violencias más burdas o evidentes: hay que empezar a desnaturalizar también ciertas prácticas que están muy arraigadas y cuestionarse por qué pasan desapercibidas o son aceptadas. Porque la intolerancia y la discriminación no nacen de un repollo: hay, antes, una cadena de ideas, acciones, “bromas” y ataques que construyen esos sentidos.

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