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Columnistas

“Hija, abrigate que hace frío” (¿?)

Hija

¿Qué pasa cuando le decimos a nuestro hijo o a nuestra hija que tiene que hacer algo y no quiere? ¿Siempre tenemos razón o repetimos como loros lo que nos dijeron nuestros padres y nuestras madres que, a su vez, repitieron lo que le dijeron sus abuelos y abuelas y así para atrás? Actuamos en automático sin detenernos a pensar que muchas veces bajamos una información que no tiene sentido, en vez de escuchar la sabiduría que traen nuestros hijos e hijas. Y ahí se inicia la batalla del “No quiero”, “hacelo”, “no quiero”, “hacelo”, “no quiero”, “hacelo”…

Considero que hay cuestiones en donde el “hacelo” no admite un “no quiero”. Por ejemplo, al momento de ponerse el cinturón de seguridad. En un corto lapso de la vida de mi hija, ella no quería abrocharse. Mi respuesta era: “si no te ponés el cinturón de seguridad, no arrancamos”. Es cierto, estaba el peligro de quedar estacionados durante 25 minutos hasta que la criatura cediera naturalmente, pero ahí no había otra.

Para destrabar esta situación, y que no fuera interminable, apelé a la vieja y querida “data dura”. Información clara, precisa y verdadera. Yo ahí, por suerte, tengo un as en la manga. Mi viejo falleció en un accidente de tránsito y no era muy de ponerse el cinturón. Sí, es fuerte, pero es la cruda realidad y se lo digo con cuidado eligiendo las palabras para no bajarle conocimientos innecesarios. O sea, no le digo que lo chocaron de costado, que mi vieja se salvó de pedo y que mi viejo murió en la ambulancia. Pero sí hago hincapié en la importancia del uso del cinturón. Y funciona. Pero bueno, si no tienen una historia parecida les presto la mía.

Volviendo al tema que nos compete, hay una cuestión en particular que suele darse y en la quiero poner el foco: la batalla de la ropa. He caído en la reacción automática de decir “ponete un buzo que hace frío” con rotundas negativas de parte de mi hija. Hasta que me fui dando cuenta que cercenaba nada más y nada menos que su libertad. Libertad para elegir, libertad para sentir el frío, libertad para que explore la sensación de un viento gélido sobre su piel… ¿Por qué no puede salir en remerita en un día de invierno si eso es lo que quiere? ¿No es lógico que adentro de la casa no sienta frío y por ende no quiera abrigarse?

Salir en remera le da la chance de experimentar en vivo directo la sensación de tener la piel de gallina. Invocar al fantasma del “salí abrigada porque si no lo hacés te vas a enfermar” me parece una canallada que no tiene fundamento. El frío no enferma, el frío no es un virus, a lo sumo hace que moquees. Imagino que muchos que estarán leyendo esto dirán: “este pelado no sabe nada, el frío enferma”. Pues les repito que no. Y si vuelven a cuestionarme les respondo “Segurola y Habana, 4310, séptimo piso”.

Igual el punto es otro, no peleemos, por favor. Si la bendición siente frío, inmediatamente pedirá un abrigo y se lo pondrá. Siempre sucederá eso. Y probablemente la próxima vez saldrá abrigada de entrada porque ya habrá vivido en carne propia lo que provoca la fresca. Solo hay que salir con una camperita en la mano y dársela cuando la solicite. Y sino la pide, también está todo bien. No todos los seres humanos tenemos la misma sensibilidad. Es más, hasta diría: “qué coraje, si se banca el frío así, pinta bien para la vida”.

Cero batalla, cero conflicto, cien por ciento libertad de decisión. Pruébenlo. Yo, Diego Milton, se los garantizo.

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