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Columnistas

Asesinatos, mutilaciones y torturas: el rock y sus historias de terror

Jim Gordon

Llega Halloween, el terror aflora en todos los ámbitos del entretenimiento y el rock no tiene por qué quedarse afuera. En sus casi siete décadas de vida, el género ha sabido recabar una buena cantidad de historias sobre muertes horribles que pueden o no haber pasado, pero no dejan de ser morbosas y, por ende, muy divertidas. ¿Hay una canción en la que se escucha cómo asesinan a una mujer? ¿Una banda usó una foto de su cantante suicidado en la tapa de un disco? ¿Un músico esquizofrénico se cortó las manos y se cosió patas de chancho? Algunas son leyendas flojas de papeles, otras son espantosas realidades, pero todas son siniestras y a la vez adictivas, como cuando uno se tapa los ojos con la mano para no ver algo e igual termina espiando entre los dedos. 

El hit letal

La mayoría conocerá “Love Rollercoaster” por la versión que hicieron los Red Hot Chili Peppers en 1996, pero la original es de una banda llamada Ohio Players y fue editada en el 75. En su momento fue un hit (número uno del chart de singles de Billboard) pero no sólo por su groove trascendió esta canción: la leyenda dice que en un break instrumental puede escucharse el grito de una mujer siendo asesinada en tiempo real, en el mismísimo estudio. Chequéalo ustedes mismos yendo al 2:32 de este video.

Según el mito se trataría de la modelo que se ve en la tapa del disco que incluye el tema: Honey. También puede ser la novia de uno de los músicos. O una señora de la limpieza. La cuestión es que alguien habría apuñalado a una mujer durante la grabación y la banda habría decidido dejar el grito de agonía de la susodicha en la mezcla final. Morbo puro. Una lástima que no sea verdad: lo que se escucha es al tecladista Billy Beck tomando aire para alcanzar una nota aguda. Un conductor de radio inventó esta historia y el grupo se tomó su tiempo para desmentirlo porque -dijo el baterista Jimmy "Diamond" Williams- “así se venden más discos”.

El bolero de Manson

Existe una banda japonesa, Church of Misery, que sólo graba canciones inspiradas por asesinos seriales: “Master of Brutality (John Wayne Gacy)”, “Killifornia (Ed Kemper)” y “The Gray Man (Albert Fish)” son algunos de sus temas más populares. Hasta ahí todo normal (flexibilizando un poco la idea de normalidad, desde ya), pero ¿qué pasa cuando son los mismos asesinos los que hacen la música?

Charles Manson, uno de los monstruos más horrendos del siglo XX, tuvo sus aspiraciones rockeras antes de dedicarse full time a convencer a otros de que mataran -entre otros- a Sharon Tate embarazada de ocho meses y medio (paradojas de la vida y la muerte: aunque se lo considera universalmente un asesino, Manson nunca mató a nadie con sus propias manos, sino que incitó a sus seguidores a hacerlo).

Su plan era dedicarse a la música con la ayuda de su amigo Dennis Wilson de los Beach Boys. Compuso un puñado de canciones, y algunas se las grabaron bandas famosas: sin ir más lejos, Guns N’ Roses incluyó como track oculto su cover de “Look at Your Game, Girl” en The Spaghetti Incident? (1993).

Lo que no muchos saben es que el psicópata de marras versionó una de las canciones de amor más hermosas de todos los tiempos: “Sabor a mí” de Álvaro Carrillo. Ahora ya saben qué tienen en común Charles Manson y Luis Miguel.

El baterista asesino

Si te gusta el rock, sí o sí alguna vez escuchaste tocar a Jim Gordon. ¿Te gusta All Things Must Pass de George Harrison? Él está ahí. ¿El primero de Crosby, Stills & Nash? Está. ¿Pet Sounds de los Beach Boys? También. ¿“Power to the People” de John Lennon? Sí. ¿“Layla” de Eric Clapton? No solo toca: está en los créditos como co-compositor.

Gordon era un virtuoso de la batería y uno de los sesionistas más contratados en los 70, pero su comportamiento errático empezó a hacerle perder trabajos a medida que avanzaba la década. Se pensaba que tenía problemas con el alcohol, pero lo suyo era más grave: una esquizofrenia aguda le hacía escuchar voces que no lo dejaban comer ni dormir. Su deterioro siguió profundizándose hasta que en el 83 terminó de estallar asesinando a su mamá de 72 años a martillazos y puñaladas. Gordon sigue vivo, detenido en un hospital psiquiátrico, y se le viene negando sistemáticamente la libertad condicional porque aún hoy sigue siendo -dicen sus médicos- “un peligro para la sociedad”. 

El metal más oscuro

Si algo no falta en el black metal noruego son historias de terror, como por ejemplo esta fabulosa cadena de muertes que empieza con el suicidio de Per Yngve Ohlin, conocido con el nombre artístico de Dead.

El cantante de Mayhem tenía problemas serios. En una gira encontró un cuervo muerto y lo guardó en una bolsa de plástico, y lo llevaba a todos los shows para olerlo antes de subir al escenario y cantar “con el olor de la muerte en la nariz”. Víctima de una severa depresión, se cortaba a sí mismo antes, durante y después de los shows, conducta que era alentada por su compañero de banda Øystein Aarseth (conocido como Euronymous) porque creía que era buena publicidad para el grupo. 

El 8 de abril del 91 Dead no pudo más. Se cortó las venas y la garganta con un cuchillo de caza y se disparó en la cabeza con una escopeta. Su nota de suicidio empezaba diciendo “disculpen la sangre…”. 

Quien encontró el cuerpo fue Euronymous, que en vez de llamar a la policía salió a comprar una cámara descartable y sacó unas cuantas fotos. Una de ellas terminó usándose en la tapa de The Dawn of the Black Hearts (1990), disco pirata en vivo de Mayhem. Dejamos por acá una canción de ese álbum con la portada “apta para todo público”, quien quiera chequear la original no tiene más que googlearla.

Además de sacar fotos de su amigo muerto y usarlas como arte de tapa, Euronymous se guardó partes del cráneo y las usó para hacer collares que le regaló a allegados “que realmente lo merecían”. Uno de los collares macabros fue para Bård Guldvik “Faust” Eithun, baterista de Emperor, que también tiene su propia historia siniestra.

El 21 de agosto del 92 Faust pasó caminando por un parque al que la comunidad gay noruega solía ir en busca de encuentros casuales. Un hombre llamado Magne Andreassen se le insinuó y él aceptó acompañarlo a un bosque cercano, pero una vez ahí lo apuñaló 37 veces y lo pateó varias veces en la cabeza.  

Finalmente, el mismo Euronymous fue asesinado por su ex compañero de banda Varg Vikernes. En el 93 el músico que firma sus obras como Burzum apuñaló a Euronymous en su departamento. Vikernes argumentó que fue en defensa propia: quien terminó siendo su víctima tenía planeado inmovilizarlo con un arma de electroshock, atarlo y torturarlo mientras grababa todo en video.

El hombre manos de chancho

Siguiendo con el black metal (en este caso sueco): casi nada se sabe a ciencia cierta sobre Natti Natti Nattramn, el cantante de Silencer, uno de los personajes más oscuros de la música universal. Se especula que su nombre real podría ser Mikael Nilsson pero no está confirmado. No hay imágenes suyas a cara descubierta: sólo se dejó fotografiar con la cara tapada por vendajes ensangrentados. 

Su música es, desde ya, inescuchable. Y se vuelve todavía más difícil de digerir cuando uno se entera de que esos chillidos desgarradores los habría logrado mutilándose a sí mismo mientras grababa. La esquizofrenia de Nattramn habría llegado al punto de cortarse las manos y coserse patas de cerdo como reemplazo. Dicen que fue internado en un psiquiátrico, del cual se escapó para atacar con un hacha a una nena de cinco años. 

¿Qué hay de cierto en todo esto? Casi nada. O sea: vamos, se nota que tiene las manos abajo de las patas de chancho en las fotos, pero ¿cómo no quedarnos con la leyenda?

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