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Columnistas

Cinco one hit wonders que no sabías que habían muerto

Esta semana los portales anunciaron la muerte del rapero Coolio y todos se preguntaron de quién estaban hablando las noticias. Hasta que recordaron su voz en el exitoso sampleo de Stevie Wonder, Gangsta’s Paradise. Pero el fenómeno del one hit wonder no es exclusividad de Coolio. Muchos de ellos se propagaron en los noventas, sin embargo hay varias perlitas también en otras décadas.
Coolio

El reciente fallecimiento del rapero Coolio enfrentó al público a lo que para muchos fue una novedad: que el rapero Coolio estaba vivo. No porque el músico haya sido -como tantos- grupo de riesgo por propia elección durante muchos años y su supervivencia estuviera en duda, sino por el hecho de que muy poco, casi nada, se supo de él desde que se aplacó el éxito de su único hit “Gangsta’s Paradise” en 1995.

Desde ya que no desapareció por completo de los medios: pasó por algunos reality shows, hizo papeles chicos en series y películas, sacó seis discos más después de aquel que lo hizo famoso y hasta llegó a las páginas policiales cuando lo condenaron a seis meses de probation por complicidad en un robo en el 98 y cuando le dieron otros tres años condicionales por querer entrar un arma cargada al Aeropuerto de Los Ángeles en 2016. También tuvo algo de rebote su libro de recetas y la canción que hizo para la apertura del programa de Nickelodeon Kenan & Kel. Sin embargo, nada de esto lo devolvió a los grandes titulares: puede que la audiencia más hardcore del hip hop estuviera al tanto del devenir de su carrera, pero el resto de la melomanía (la no especializada, la generalista) sin duda le perdió el rastro cuando “Gangsta’s Paradise” dejó de rotar en MTV (canción que, dicho sea de paso, era un sample/cover de Stevie Wonder).

Eso mismo que pasó con Coolio pasa con muchas otras estrellas fugaces de la música, esos artistas que tuvieron uno, a lo sumo dos hits y después se los tragó la tierra. Así las cosas, recordamos sus canciones exitosas pero no tenemos idea de qué fue de sus vidas, si es que todavía las tienen. Peor aún: con el rapero, al menos, nos enteramos de su partida, pero ¿qué pasa con los que ya no están entre nosotros y ni siquiera lograron que la prensa le dedicara unas líneas a su deceso? Acá, un breve racconto de one hit wonders que ni siquiera sabías que habían muerto.

En 1990 una canción sobre la autosatisfacción sexual tomó por asalto las radios del mundo: “I Touch Myself” de la banda australiana Divinyls se convirtió en un éxito inesperado, con una letra bastante explícita en sus intenciones en una época en la que todavía estábamos a años luz de líricas como las que -por ejemplo- el reggaetón nos regala hoy en día. El tema era obra de Tom Kelly y Billy Steinberg (sociedad de compositores que también escribió "I'll Stand by You" de Pretenders, "Like a Virgin” de Madonna y "Eternal Flame" de las Bangles, entre otras) y de los líderes de Divinyls: el guitarrista Mark McEntee y la cantante Christine Amphlett. Apenas un disco más sacaron después de aquel que los catapultó al estrellato, pero siguieron presentándose en vivo -con mil cambios de formación- por muchos años. Eso, hasta que Amphlett enfermó de esclerosis múltiple y cáncer de mama y falleció en 2013.

“La ra ra ri ra ra ra ra”, empezaba diciendo el (único) hitazo de La Bouche. Corría 1995 (el mismo año en el que Coolio la rompía con “Gangsta’s Paradise”) cuando un grupo de productores alemanes reclutó a un dúo chico-chica para interpretar la música que componían. En ese paquete estaba “Be My Lover”, tema que llegó nada menos que al puesto número 6 en el Billboard Hot 100 en Estados Unidos. Melanie Thornton era la cantante que, justamente, se encargaba del tatareo inicial. Thornton se fue del grupo en 2000 para encarar una carrera solista que se truncó apenas un año después, cuando el avión que la llevaba de Berlín a Zurich se estrelló en un bosque. Tenía sólo 34 años.

Para ser justos, Boyzone no fueron exactamente “one hit wonders” porque tuvieron un puñado de éxitos: “Pictures of You” fue el más grande, pero también sonó bastante “No Matter What”, “Love Me For One Reason” y alguno más. Eran una boyband en la era post New Kids on the Block y pre Backstreet Boys, irlandeses y contemporáneos de Take That. Los integrantes eran cinco, pero dos de ellos eran los cantantes principales: Ronan Keating (al que después le fue relativamente bien como solista) y Stephen Gately. Este último es quien ya no está en este mundo: en 2009 se fue a dormir en su casa de Mallorca y nunca se despertó. La causa de su fallecimiento: un edema pulmonar ocasionado por una condición cardíaca que nunca se le había diagnosticado.

Teniendo en cuenta que su hit “Runaway” es de 1961, hay que decir que las probabilidades de que Del Shannon siguiera entre los vivos tampoco eran muchas. Sin embargo, el cantor se fue antes de tiempo por decisión propia. Después de triunfar en los 60, Shannon pasó las siguientes dos décadas en las sombras, hasta que la televisión lo rescató: “Runaway” se usó como cortina en la serie Historia del crimen (estrenada en la Argentina como Mike Torello) y una nueva generación se interesó por él. A fines de los 80 grabó el disco Rock On! con Jeff Lynne de la Electric Light Orchestra como productor (se editó en el 91) y se decía que podía unirse a los Traveling Wilburys después de la muerte de Roy Orbison, pero sus demonios pudieron más: atormentado por la depresión se quitó la vida de un balazo en su casa de California en febrero del 90.

La historia de Milli Vanilli es conocida: Rob Pilatus y Fab Morvan no eran cantantes sino bailarines, pero el productor Frank Farian (el mismo de La Bouche) los contrató para formar un grupo en el que ellos harían playback y dos vocalistas “de verdad” pondrían la voz. Eso, hasta que en un show saltó el CD y se cayó la farsa. Siete millones de discos vendieron en el 88 gracias a “Girl, You Know It’s True”, pero todo eso se vino abajo cuando se supo que lo suyo era un engaño.

En el 97 intentaron un regreso y grabaron algunas canciones, pero Pilatus entró en una espiral descendente que lo llevó a la droga y el crímen. El 2 de abril de 1998 encontraron su cuerpo en un cuarto de hotel de Frankfurt, Alemania. La autopsia arrojó como causa de muerte una sobredosis de alcohol y barbitúricos.

A modo de bonus track, la historia de una one hit wonder mucho menos conocida en nuestras tierras, pero con un derrotero que merece mención. En 1954, Joan Weber llegó al número uno del ranking de singles en los Estados Unidos con la canción “Let Me Go, Lover!”. Eran tiempos de florecimiento para el rock n’ roll y su carrera prometía, pero se tomó un descanso después de dar a luz a su hija y el público dejó de prestarle atención. Todos sus temas posteriores pasaron sin pena ni gloria, se retiró de la música (para despuntar el vicio cantaba en bares de tanto en tanto) y consiguió trabajo como empleada en una biblioteca. Su sello Columbia intentó enviarle cheques de regalías pero no recibió ninguno porque tenían mal registrada su dirección. En 1975 el programa de televisión American Top 40 hizo un especial sobre “estrellas desaparecidas” y Weber quedó en el primer puesto, pero eso tampoco la hizo salir del ostracismo. A fines de esa década su salud empeoró y tuvo que ser internada en un neuropsiquiátrico, donde murió por un ataque cardíaco el 13 de mayo del 81, con sólo 45 años. Su fallecimiento tampoco se publicó: ese mismo día intentaron matar al Papa Juan Pablo II y la noticia acaparó los titulares.

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