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Política

Por qué estamos ante la mejor Cristina, aunque cueste creerle

cristina kirchner en el senado

La “boba” es una gambeta que popularizó el jugador de fútbol Andrés D’Alessandro. Cuando estaba apretado por los oponentes contra la raya, parecía que iba a cambiar de dirección, pero sólo pisaba la pelota y en realidad arrancaba por el mismo lado por el que venía, desairando a quienes habían esperado ese cambio de rumbo que no fue.

El fantasma de que Cristina Kirchner esté haciendo sólo un amague de apertura al diálogo como tantas otras veces evoca aquella maniobra del crack de River e Inter de Porto Alegre. También lo hace el recuerdo de ayer nomás de sus actitudes en contra del derrotero de su propia coalición, cuando ni tenía trato con su compañero de fórmula y boicoteaba la política económica. 

El corazón del discurso con el que volvió a hablar luego de que intentaran matarla configura la mejor versión de la vicepresidenta en mucho tiempo.

Ese reflejo habilita a tener dudas de todos los colores sobre cuán genuino es el mensaje que dio el jueves pasado en su reaparición pública tras el atentado que sufrió en la puerta de su casa. Pero sin embargo, el corazón del discurso con el que volvió a hablar luego de que intentaran matarla configura la mejor versión de la vicepresidenta en mucho tiempo.

Incluyó frases como:

  • “Esa pasión que todos tenemos porque la gente pueda volver a comer, pueda volver a tener un trabajo, no lo vamos a lograr hablando únicamente entre los que pensamos de una manera”;
  • “La gracia no es juntarse con los que piensan igual. La gracia es juntarse con los que piensan distinto y ver, si al menos en economía, podemos tener un acuerdo mínimo”;
  • “Si la economía tiene problemas hay que discutir de números y ponernos de acuerdo discutiendo de números. Es lo más fácil de poder discutir números, es fácil porque dos más dos es cuatro y no hay posibilidades de que sea cinco o seis”;

Además, sumó la idea de tratar de volver a tener cierto bienestar económico “hablando con todos, con los que nos gustan y con los que no nos gustan”, recordó como ejemplo su encuentro con el economista bien del palo del macrismo Carlos Melconian y por fuera de eso frenó cualquier idea de los más papistas que el Papa de impulsar leyes contra el discurso del odio.

¿Hay un cambio de enfoque en la mirada de una de las dos líderes más prominentes de la grieta respecto de cómo estaba funcionando hasta ahora la democracia, sobre todo desde el 2008 a esta parte? 

¿O es una treta en momentos en que su fuerza política puede ir rumbo a una derrota electoral con una inflación cercana al 100% este año o cuando la Justicia podría eventualmente condenarla por corrupción?

Para desconfiar, están los flashbacks. Alguna vez Néstor Kirchner habló de la “transversalidad”. Ella hizo la campaña presidencial 2007 con la idea de la “concertación” y “Cristina, Cobos y vos”. Incluso, ahora lo había designado a Alberto Fernández para la primera magistratura con la idea de sumar y de abrir, y lo había dejado armar su gabinete con los críticos de los errores del pasado. Pero en los hechos siempre devino en la concentración del poder en un núcleo casi familiar, mientras se construía como postura pública el no reconocimiento de legitimidad de los adversarios. De hecho, el mismo jueves pasado mientras convocaba al consenso, sus aliados deslizaban que la prensa o la oposición instigaron de alguna manera a los atacantes.

El mismo jueves pasado mientras convocaba al consenso, sus aliados deslizaban que la prensa o la oposición instigaron de alguna manera a los atacantes.

Con postales como el no traspaso de mando en 2015, el kirchnerismo alimentó posiciones anti convivencia, como lo es plantear que al otro no es que lo votan porque vos gobernaste mal o creen que lo hará mejor sino porque hubo un engaño perpetrado por los medios y el lawfare y la mar en coche. Hoy “hablar con el otro”, entonces, debería incluir entonces un giro básico pero novedoso. El reconocimiento de que el otro es legítimo contendiente y en definitiva -equivocado o no- también quiere lo mejor para el país. Una modificación del punto de partida que también tendría que producirse en el macrismo, tan afín a alimentar la idea de que los de enfrente “fabrican pobres” para que los voten a cambio de un choripán, y que sólo quieren “vivir del Estado”, y que habría que erradicarlos del sistema.

#ElijoCreer

Pero a propósito de la vuelta a la escena de Cristina, como se dice en Twitter ante cada situación que se dio en 1986 y se repite en la previa de Qatar 2022: #ElijoCreer. Denme el carnet de boludo si todo esto es finalmente humo. Lo paso a retirar donde me digan.

Siempre puede haber chances de que la gente cambie. Los dirigentes pueden atravesar distintas etapas porque las circunstancias se modifican y con ellas puede variar su visión del mundo, o pueden descubrir que tienen más limitaciones de las que creían. Incluso, sin saberlo, en un determinado contexto, un mismo líder que en un momento fue parte de la división, en otro tal vez juega a favor de un giro positivo para el momento que le toca vivir a una sociedad. Nunca se sabe.

Las personas también pueden vivir episodios transformadores. Lo sabe el propio ex presidente Mauricio Macri, que suele hablar de su secuestro como un hecho clave en su historia personal y política. Que te gatillen y sobrevivas, entonces, a cualquiera lo puede hacer reflexionar sobre para qué está vivo. No lo sé. Lo que digo es que aunque sea por ahora, aunque sea un rapto más o menos profundo de algo distinto, compro esta versión de Cristina, que al menos habla de buscar algún consenso, no le grita “neoliberales” a todos los demás sino que, por lo que fuera, habla de construir. Si todo el tiempo le criticaste que jugaba para la facción, que “crispaba” la sociedad, ahora que explícitamente dice otra cosa no le podés caer porque le desconfiás. O no podés hacer sólo eso.

Sobre todo, porque aún cuando sólo fuera una cáscara vacía, contribuye a bajar el tono. Por eso sería vital que el propio Macri avanzara por esa línea que desgranó, de recoger el eventual diálogo con Cristina, si es que existen conversaciones para que ocurra. Pidió que fuera con la Constitución sobre la mesa. Obvio. Con lo que quieran. La Para Ti, o con El Gráfico. Todo está tan raro que de golpe el coqueteo Cristina-Macri le hace patinar la estrategia de José Candidatura, Horacio Rodríguez Larreta, que hizo de “acordar con todos menos con el kirchnerismo” su marca registrada.

Respuesta. Macri recorrió Pergamino, provincia de Buenos Aires, y sugirió que se reuniría con CFK "con la Constitución en la mesa". 

Sería importante algún punto de contacto entre los jefes de los espacios. Cualquier mensaje que llegue desde los polos extremos de la grieta de que están intentando desescalar en la macropolítica puede contribuir a bajar la espuma de los que se creen en serio que podés dejar de tener un amigo porque opina a favor de “Mauricio” cuando tu corazoncito late por “la Jefa”. Si los líderes descomprimen y desdramatizan, pueden quedar en offside los voceros más agresivos capaces de festejar el escrache violento de una banda de vendedores de algodones de azúcar que derivan en terroristas o que pueden llegar a hablar de dueños de medios como generales o a comparar a un periodista con Astiz.

Para otra instancia y tal vez sea para otra nota, habría que profundizar en la necesidad de un entendimiento sobre el manejo de la economía. Tal vez sea más fácil, como dijo la vice, porque 2 más 2 son cuatro. Pero también tal vez sea más difícil, dado la contradicción que su planteo encierra. 

Definición. El ministro Massa lleva adelante el plan que le boicotearon a Guzmán. ¿Cuál de las dos miradas de Cristina se impondría en un pacto económico?

Mientras coincide con el diagnóstico general de la necesidad de recuperar la moneda nacional, reivindica los 12 años de gestión que compartieron ella y su difunto marido, cuando justamente en esos años se empezaron a incubar los problemas que luego fueron empeorando hasta hoy. Especialmente fue en su mandato cuando se perdieron los superávits fiscal y comercial, cuando las tasas de interés fueron negativas y cuando se gastó a más no poder en subsidios energéticos pro ricos que estimularon el despilfarro de las reservas del Banco Central y del subsuelo, hasta traer de vuelta la inflación al país y empezar a hacer de la falta de divisas un talón de Aquiles del crecimiento.

En estos tres años, cada medida en pos de evitar repetir esos desajustes fue resistida por Cristina y los suyos, por ajustadoras o por propias del Fondo Monetario Internacional. Así terminaron renunciando Martín Guzmán al Palacio de Hacienda y Matías Kulfas, el que había escrito sobre todos esos errores del pasado, al Ministerio de Desarrollo Productivo.

Es cierto: hay un indicio al menos en esta urgencia de que tal vez ahora la líder del Frente de Todos esté dispuesta a avalar el acuerdo estabilizador como el que insinúa: le está permitiendo hacer todo lo que resistía a su ex enemigo y hoy aliado y ministro pro mercado y pro Estados Unidos, Sergio Massa.