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Columnistas

"Gaslighting" o el machismo de hacer pasar por loca a una mujer

Gaslighting

“Eso no fue lo que pasó”, “Estás imaginando cosas”, “Te llenan la cabeza”, “No es para tanto, sos muy sensible”. Aunque estas frases pueden ser escuchadas con mucha frecuencia, esconden una violencia que se estudia hace tiempo en el campo de la psicología pero que hace poco tomó mayor visibilidad. Se trata del gaslighting, una práctica que consiste en manipular a otra persona y tiene efectos en la propia percepción de la víctima.

El gaslighting es una forma de abuso emocional y psicológico muy sutil, en el que básicamente una persona que quiere generar control o sumisión sobre otra, crea narrativas alternativas a su propio abuso, de manera tal que la persona que está siendo víctima termina dudando del propio juicio o percepción de la realidad. En la víctima se genera inseguridad e incertidumbre llegando a una invalidación total de la propia subjetividad y se puede llegar al miedo de perder la cordura. Progresivamente la persona tiende a creer que no puede hacer nada bien por sí misma”, señala Liliana Celis, licenciada en Psicología.

El gaslighting es una forma de abuso emocional y psicológico muy sutil, en el que básicamente una persona que quiere generar control o sumisión sobre otra.

Liliana Celis

Al igual que otros tipos de abuso, y tal como lo plantea la teoría del iceberg, donde distintos micromachismos conducen a una violencia más explícita, es uno de los primeros pasos hacia una escalada de violencia. Cristel Analy Fabris, psicóloga y diplomada en violencia de género y ESI, afirma: “El problema del gaslighting es la culpabilización hacia la persona por algo que siente o percibe, y que, cuando lo expone, el afuera le hace creer que eso no es así. Eso tiene consecuencias muy graves porque puede llevar a dudar de los propios sentimientos”.

Como muchas otras situaciones en las que las identidades feminizadas están particularmente expuestas, esta no es la excepción. Si siempre se asoció a las mujeres con la histeria y la locura, ¿puede este tipo de abuso impactar mayormente en ellas? ¿Qué herramientas hay para detectarlo? 

Un abuso contra mujeres y disidencias

El gaslighting no es una violencia que solo perjudica a las mujeres y disidencias: se puede dar en cualquier relación en la que se establezca una jerarquía o asimetría de poder, ya sea laboral, familiar o sexoafectiva. Sin embargo, tanto caló la idea de que las mujeres están locas que se puede pensar como otro tipo de machismo.

“A las mujeres y a las identidades feminizadas nos han enseñado que toda muestra de emoción es exagerada. Si mostrás demasiado, sos muy intensa. Si te enojás, sos loca. Como hablamos de conductas que tienen que ver con el abuso emocional, de cuestionar por qué nos sentimos como nos sentimos y por qué hacemos lo que hacemos, esto recae mucho más en las mujeres porque somos quienes tenemos que estar dando credenciales de todo, todo el tiempo. Y también se relaciona con los ideales del amor romántico, en el sentido de que hay que bancar igual estas situaciones que califican como violencia psicológica en pos de ser amadas o ser deseadas”, explica Fabris.

Dado que, además, en este tipo de abuso es condición necesaria que haya una asimetría de poder, es esperable que las mujeres estén más expuestas: la estructura patriarcal hizo que, históricamente, los hombres sometan a lxs demás.

A las mujeres y a las identidades feminizadas nos han enseñado que toda muestra de emoción es exagerada. Si mostrás demasiado, sos muy intensa. Si te enojás, sos loca.

Analy Fabris

En ese sentido, Cellis aporta otra mirada: “La explicación de esta particularidad está basada principalmente en la vulnerabilidad de las mujeres debido a factores históricos de desigualdad social, laboral y económica. La combinación de estos factores aumenta la posibilidad de un estado de vulnerabilidad que disminuye o elimina la posibilidad de enfrentar o resolver una situación abusiva”.

Para la profesional, la asociación de la locura o la histeria a las identidades feminizadas no sólo influye en esta problemática, sino que, además, da un argumento socialmente “validado” para descalificar y utilizar en contra de las mujeres. “No sólo está el tema de la locura, tantas veces asociada al género, sino también el tema de la inteligencia. El hombre pertenece al espacio público, conoce el mundo, se lo asocia con los valores más racionales; mientras que a las mujeres se las subsume al espacio privado, reducido, vinculado a lo emocional, a lo temperamental”, agrega.

Crear herramientas para identificar el gaslighting

Si el objetivo de los llamados micromachismos es ser menos perceptibles y alejar a la víctima de sus círculos más cercanos, ¿cómo identificar este tipo de abuso y de qué manera frenarlo?

Como, en principio, se produce al interior de una relación y no deja evidencias tan visibles, no es fácil detectarlo desde el afuera. Es la propia víctima quien, validando lo que a ella le pasa, puede darse cuenta de que hay una violencia escalando para intentar desactivarla. Sin embargo, esto no siempre es tan sencillo ni sucede.

En algunos casos, y teniendo en cuenta diferentes señales, es posible encender alarmas desde el exterior. “La persona que está sufriendo este tipo de violencia empieza a mostrar signos de reclusión, de inseguridad, le cuesta tomar decisiones sin la palabra de quien abusa. Si desde afuera encontramos que uno de nuestros vínculos puede estar siendo víctima de este tipo de violencia es fundamental abrir espacios de diálogo seguro que partan de la indagación y no desde el juicio, y que ofrezcan escenarios alternativos”, detalla Cellis.

Es la propia víctima quien, validando lo que a ella le pasa, puede darse cuenta de que hay una violencia escalando para intentar desactivarla.

Cercar a la víctima e imposibilitar que busque ayuda. Hacerle creer que ella tiene la culpa y que no está atravesando una situación abusiva. Controlarla a través de la manipulación y hacerla dudar de ella misma. Si el machismo encontró las formas más sutiles para ejercer violencia, los feminismos vienen a poner sobre la mesa esos mecanismos para desarmar las violencias más imperceptibles: no estás loca ni es tu imaginación, es el patriarcado.

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