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Columnistas

Entregados a todas las inercias juntas

Y mientras hablamos de todo lo que hablamos, la droga sigue fluyendo mezclada entre la producción agropecuaria que sale desde los puertos de Rosario, en la provincia de Santa Fe. 

puerto de rosario

Allí, donde las bandas locales están matando como nunca en las calles, en guerras por el narcomenudeo que incluso manejan los capos luego de quedar detenidos, se está revelando otro negocio tan oscuro como gigante que siempre se sospechó que existió: el tráfico de cocaína a gran escala desde las aguas del río Paraná rumbo a Europa, mezclada con nuestras exportaciones.

En la última semana, la Justicia Federal confirmó que 1.434 kilos de cocaína, valuada en US$40 millones, habían salido en junio de Rosario y terminaron siendo decomisadas días después en los puertos de Santos, en Brasil, y de Rotterdam, en Países Bajos. Habían viajado en bolsos Louis Vuitton, disimulados dentro de cargamentos de maní. Los contenedores habían sido “contaminados”, como dicen en la jerga, en la Terminal Puerto Rosario. Cuando la Justicia intentó chequear las filmaciones de los pasillos donde se mueven las cargas, justo hubo cuatro minutos que quedaron llamativamente sin registrar

A fines de agosto, en tanto, la Policía Federal había incautado otros 1.658 kilos de cocaína -unos US$60 millones- mezclados en producción de maíz que se supone iban a partir rumbo a España para terminar en Dubai, Emiratos Árabes Unidos, también a través de la misma terminal portuaria. 

Como escribió el periodista Germán de los Santos en la cobertura para el diario La Nación, con apenas días de diferencia hubo circulando más de 3 mil kilos de cocaína, valuados en más de US$ 100 millones, que salieron o estaban por ser enviados a sus destinos a través del puerto donde sale la mayor parte de nuestras exportaciones del campo. ¿Cuánto sí finalmente habrá salido como parte de una actividad ilícita cotidiana? ¿De qué monstruoso nivel de guita negra estamos hablando? ¿Hay un avance de la Justicia para poner freno al narcotráfico? ¿O son decomisos arreglados con los propios narcos, como suele ocurrir dado lo incrustada que están las organizaciones criminales en las fuerzas de seguridad?

Todas preguntas en un mundo full oscuro y donde no se trata de marginales escondidos detrás de palos con algodones de azúcar. Cuenta De los Santos que las aguas por donde sale la producción argentina podrían ser ahora la nueva ruta por la que el Primer Comando Capital, una megabanda narco brasileña, estaría diversificando su colocación de droga en el mundo, que hasta ahora estaba concentrada por Paraguay. Son jugadores pesados como para enfrentar con un Estado débil o corrupto. En mayo, fue asesinado el fiscal antidrogas paraguayo Marcelo Pecci cuando descansaba con su novia en Cartagena de Indias. Dos tipos llegaron en lancha. Le pegaron un tiro en la cabeza y otro en la espalda.

La otra pregunta enorme: ¿hasta qué punto hay complicidad de parte de los actores económicos que operan en este rubro? El puerto de las filmaciones extraviadas, por ejemplo, está manejado por, entre otras firmas, Vicentin, la polémica empresa agroexportadora que dejó colgados del pincel a productores y acreedores y tiene a buena parte de su plana mayor en la mira de la Justicia. Antes, la Terminal Puerto Rosario estaba manejada por el empresario Gustavo Shanahan. Hoy está detenido con prisión domiciliaria por narcotráfico.

Los principales productores agropecuarios, ¿tienen algo para aportar? Por ejemplo, el maní había salido de General Deheza, tierra del gigante AGD que comanda Roberto Urquía, el principal aliado del Gobierno para acelerar la liquidación de divisas. Luego están las preguntas sobre el manejo y el mantenimiento de esa vía navegable llamada Hidrovía, que justo en este momento el Ministerio de Transporte decidió que controle el Estado a través de la Administración General de Puertos, hasta que se lleve adelante una licitación para concesionar el servicio de dragado, señalización y balizamiento.

El periodista santafesino y diputado provincial Carlos del Frade publicó un hilo de tuits sobre la historia de la droga que entra y sale hace décadas por ese punto del país y sitúa en la dictadura el comienzo de todo. “Desde hace 44 años que la ruta de exportación e importación de cocaína tiene en los puertos de los departamentos Rosario y San Lorenzo dos puntos claves”, anotó. “Los recientes descubrimientos de cargamentos de más de 3 toneladas de cocaína se inscriben en la lógica de este negocio paraestatal y multinacional”, agrega. 

Y Del Frade mira el espejo de Paraguay. Recuerda que hace un mes informó que en los últimos dos años salieron por el Paraná 46 toneladas de cocaína, a razón de 23 por año. “Las sobras de esos cargamentos va a parar a lo que la DEA llama el microtráfico”, puntualiza y concluye: “Esas sobras terminan siendo las disputas sangrientas de casi todos los días en los barrios rosarinos; la Argentina, mientras tanto, desde hace años está tercera como exportadora de cocaína de América al mundo según las Naciones Unidas”.

Incentivos al revés

La pregunta, en medio del espanto, es si la Argentina puede encontrar una forma de interrumpir esta dinámica donde delito, política y economía parecen retroalimentarse cada día más. La sociedad se empobrece y tiene salarios tan bajos que el narco siempre va a competir contra cualquier oferta laboral, encima seguro precarizada. Y el Estado abarca pero no aprieta: cada vez gasta más pero de forma menos eficiente para hacerle frente al crimen organizado, que además huele falta de financiamiento, pone plata y copa.

En el fondo es una misma incógnita que se puede trasladar a los dos grandes desafíos del momento: 

  • ¿cómo se puede parar la inercia de la inflación, que se acomoda en torno al 100% anual? 

y

  • ¿cómo se puede cortar la dinámica de la polarización extrema de la política luego del atentado a la vicepresidenta?

Como guía en materia de precios circula entre economistas en estos días el libro “Medio siglo entre tormentas”, que compilaron Pablo Gerchunoff, Daniel Heymann y Aníbal Jáuregui, sobre las crisis y políticas macroeconómicas de 1948 a 2002. Los que lo van leyendo se animan a sugerir que este momento del país smells like 80s spirit. 

Con otro gobierno y otro clima, obviamente, el libro recuerda que en 1980 la inflación fue 87% y luego llegó a 131% al año siguiente, todo con un gobierno que fue intentando una devaluación ordenada y en cuotas, que incluyó aquél momento del 1 de abril de 1981 de Lorenzo Sigaut y su célebre “el que apuesta al dólar pierde”. Finalmente, el tipo de cambio saltó 200% entre 1981 y 1982 y la actividad económica se retrajo fuertemente. Nada indica que ése sea el escenario actual, pero es una referencia que una parte del mercado compra.

El partido se está jugando. Por ahora, el principal éxito es haber ganado tiempo. El ministro de Economía, Sergio Massa, tuvo su mejor semana en materia de reservas luego de fijar un dólar para los sojeros más alto que para el resto de los exportadores, en una apuesta que le sale plata al Tesoro pero que -entienden en el oficialismo- es menos costosa que dejar que se disparen más los tipos de cambio paralelos. 

Sergio Massa y Gustavo Martínez Pandiani cerrando un trato con Lamb Weston Holding, primera productora de papas congeladas en Estados Unidos y segunda a nivel mundial

En Estados Unidos, mientras tanto, el líder del Frente Renovador está haciendo gala de su condición de garante de la no radicalización del peronismo para abrirse puertas en la Casa Blanca y el Capitolio, gracias también a las diligencias del embajador Jorge Argüello, casi más elogiado fuera que dentro de la administración de Alberto Fernández.

El tigrense no se larga a hablar en inglés y por eso apela a la traducción de su asesor Gustavo Martínez Pandiani, pero sí entiende todo lo que le dicen. Los interlocutores de siempre del capitalismo yankee vuelven a escuchar a un político argentino hablar sobre los recursos naturales que tenemos y sobre nuestras posibilidades de que ahora sí la vamos a pegar y bla. 

Difícil saber qué se está ofreciendo a cambio en términos geopolíticos ante tanto organismo internacional que de golpe tiene la mano abierta y sobre todo antes del encuentro con el Fondo Monetario Internacional, donde se buscará algún guiño para garantizarse la llegada de los dólares comprometidos en el acuerdo que firmó Martín Guzmán. De fondo resuenan los intereses sinceramente explicitados por la generala del Comando Sur, Laura Richardson, cuando dijo que seguían de cerca el avance de Rusia y China en América latina y se blanqueó que todo se trata de las reservas del mineral del futuro, el litio.

¿Alcanza todo esto para que la inflación se aleje de niveles de precipicio? No mucho. En la primera semana de septiembre, la consultora LCG acaba de relevar una remarcación de alimentos en el 2,7%, similar al nivel de la primera semana de julio, cuando recién se había ido Guzmán y acababa de llegar Silvina Batakis. A propósito, la ahora presidenta del Banco Nación viajó a Washington para acompañar a Massa, con la idea de que los burócratas del FMI al menos vean una cara repetida desde la última vez. 

Inflación y combate del crimen organizado, claro está, son dos finales de visitante con el Flamengo, que obligan a un nivel de cohesión como país que justamente no sería el fuerte en este momento. Hoy parece imposible que alguien se arriesgue a parar el ida y vuelta de la grieta, por más riesgosa que se haya vuelto. Hubo un momento de consenso contra la violencia y la política extrema que se expresa en un intento de magnicidio el jueves del horror en Juncal y Uruguay. Duró unas horas

El Presidente está convencido de que con sus mensajes contra “el discurso del odio judicial” y similares contiene la ira de los propios. Se anota como un poroto que no hayan roto ni un tacho de basura en la marcha del viernes feriado. No registra que podría haber jugado como un jefe de Estado que buscara colocarse por encima de las divisiones. Reniega porque no le valoran que es un airbag de los radicalizados del Frente de Todos.

En tanto, La Cámpora -y uno podría pensar que es la línea de la propia Cristina- hace bandera ahora con la idea de convocar a un diálogo de la convivencia democrática, en una jugada que esconde algo de trampa. Hace nada, Wado de Pedro vinculaba el arma de Fernando Sabag Montiel con los editoriales de los medios. Lepoldo Moreau dice que “el PRO está incómodo con la democracia”. Axel Kicillof liga al atacante y sus tatuajes nazis con la frase de la “Gestapo antisindical” del ex ministro de Trabajo de María Eugenial Vidal, Marcelo Villegas. Es una especie de “vamos a dialogar, che hdp”.

La madre de Plaza de Mayo Vera Jarach, el presidente Alberto Fernández, el expresidente Eduardo Duhalde y el ministro del Interior, Wado de Pedro (de izquierda a derecha) en la Misa por la Paz y la Fraternidad de los Argentinos

Juntos por el Cambio, mientras tanto, está atrapado en su halconización eterna donde a todos les garpa más parecer ser duros que dar alguna señal de diálogo emblandecedor. Hacen malabares frente a una Patricia Bullirch con dificultades para el repudio sencillo y hasta tienen que salir a callar a un legislador que pide pena de muerte para una mujer que acaba de zafar de que la maten.

Es en definitiva el peligro del punto de no retorno de todas las inercias viciosas juntas, cuando hay más incentivos para perpetuarlas que para interrumpirlas. ¿Vas a arriesgarte a combatir narcos que tienen el poder de un paraestado, o mejor hacer “como si” y cobrar una parte? ¿Valdrá la pena un sacrificio para que no haya inflación, cuando en esos porcentajes sin referencia se cuelan ganancias extraordinarias, comisiones incomprobables y el rédito sindical de conseguir un aumento cada tanto? ¿Qué sentido tiene tender puentes con los adversarios, si tal vez ellos me van a orinar y los propios me van a putear por tibio?

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