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Política

Si no los une el amor, que lo haga el espanto

Hace casi un mes que el país está pendiente del juicio que tiene como principal acusada a la vicepresidenta Cristina Kirchner en el marco de la Causa Vialidad. El lunes pasado fue la última audiencia en la que los fiscales Diego Luciani y Sergio Mola presentaron sus pruebas contra la vicepresidenta y contra los otros 12 acusados, entre ellos, el exministro de Obras Públicas Julio De Vido; el exsecretario de Obras Públicas, José López; y el empresario Lázaro Báez.

Los fiscales pidieron doce años de prisión para la vicepresidenta por considerarla la jefa de una asociación ilícita, que desviaba fondos de la obra pública hacia empresas de Báez. Esto, sumado a los partidos de fútbol del fiscal Luciani y el presidente del Tribunal, Giménez Uriburu, en la quinta de Mauricio Macri, el rechazo al pedido de Cristina para ampliar su indagatoria y la defensa pública de la vicepresidenta en su despacho del Senado, hicieron del juicio el fenómeno político del mes.

Cristina Kirchner realizó el martes una defensa pública en su despacho en el Senado

Sin embargo, vale la pena preguntarse qué está pasando en la gestión del gobierno de Alberto Fernández mientras todas las miradas están puestas en el juicio a la vicepresidenta. Sergio Massa asumió como ministro de Economía hace apenas 22 días y ya está llevando adelante parte de sus medidas económicas que incluyen el aumento de tarifas (incluso para quienes pidieron continuar con el subsidio), topes al consumo y un recorte presupuestario de 220 mil millones de pesos con el objetivo de reducir el déficit, entre otras.

En su discurso de asunción, el ministro había adelantado sus objetivos principales antes de finalizar el 2023. Todos los expertos en economía, tanto del oficialismo como de la oposición, concuerdan en que la reducción de la brecha cambiaria, el control de la inflación, la reducción del gasto público, no son medidas que pueden realizarse sin hacer un ajuste económico. Por supuesto, son decisiones pocos felices a corto plazo en un complejo contexto económico de pobreza, desempleo, bajos salarios e inflación altísima pero que se toman con la promesa de que a largo plazo mejorará la situación del país.

El ministro de Economía, Sergio Massa, junto a su equipo

En el mientras tanto, el kirchnerismo duro apoya ahora medidas económicas similares a las que quería impulsar Martín Guzmán, lo que parece mostrar que algo cambió en la perspectiva económica de ese sector. Es cierto, la llegada de Massa permitió generar una cohesión política en el rumbo económico del oficialismo pero, entonces, el problema no eran las medidas económicas (que el kirchnerismo tanto criticó en su momento) sino quién o desde qué sector de la coalición se impulsaban. En todo caso, se trata de un reperfilamiento de los principios económicos del núcleo duro del kirchnerismo que demuestra que las diferencias existentes eran puramente políticas. Quienes, no obstante, se mantienen fieles a sus principios son los movimientos sociales y las organizaciones de la economía popular, que siguen expresando su disconformidad con el rumbo económico del país.

Por otro lado, si el arribo de Massa trajo cohesión política en las medidas económicas, también generó unidad al interior del Frente de Todos. Alberto y Cristina se pusieron de acuerdo y le dieron a Massa un plazo de 100 días para mostrar sus resultados. En el mientras tanto, la grieta que inmovilizaba cualquier acción política del gobierno parece suturarse. Esta unidad del oficialismo se reforzó aún más con el juicio de la causa Vialidad.

Casi todos los políticos y funcionarios del Frente de Todos se pronunciaron en defensa de la vicepresidenta. "Hoy es un día muy ingrato para alguien que, como yo, se ha criado en la familia de un juez, se ha educado en el mundo del derecho y enseña Derecho Penal hace más de tres décadas. Vuelvo a transmitir mi más profundo afecto y solidaridad a la vicepresidenta Cristina Kirchner", tuiteó el presidente en un claro acto de apoyo.

Por su parte, Massa también respaldó a Cristina y deslizó una crítica hacia la forma de proceder del fiscal Luciani, cuando dijo en su cuenta de Twitter que "es absurdo plantear que el Jefe de la Administración es responsable por cada uno de sus dependientes". En todo caso, más allá de la polémica en torno a los procedimientos técnicos del alegato, el juicio contra la vicepresidenta ha logrado reforzar la unidad de un espacio político que parecía condenado a la inacción y al fracaso.

En definitiva, desde el empoderamiento de Massa, el oficialismo muestra signos de reactivación política en un escenario de una unidad que no deja de ser frágil. Por "abajo", los movimientos sociales se expresan contra el espanto de sueldos que están por debajo de la línea de la pobreza, mientras a su vez resisten y apoyan tímidamente al gobierno ante la posibilidad de que retorne la oposición. Por "arriba", los principales dirigentes del oficialismo se unen en parte por la llegada de Massa al ministerio y, sobre todo, por la imagen que supondría tener a su principal dirigente condenada.

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