Viernes, 19 de Julio de 2024 Cielo claro 12.5 °C cielo claro
 
Lunes, 11 de Octubre de 2021 Cielo claro 12.5 °C cielo claro
 
Dólar BNA: $962
Dólar Blue: $1455
Columnistas

Los turistas digitales

Si muchos pensaron que la pandemia iba a provocar grandes cambios en los hábitos y costumbres adquiridas por el mundo moderno tuvieron razón… en parte.

Es cierto que hoy la nueva arquitectura busca tener más espacios abiertos y relacionar al ser humano con el ambiente que lo rodea, pero la respuesta no ha sido tan disruptiva ni revolucionaria.   

Sí, ha surgido una tendencia de turistas responsables que eligen viajar por medios de transporte menos contaminantes, pero todavía estamos lejos de aviones, trenes, barcos u ómnibus sustentables.

También apareció el turista post pandemia que busca alojarse en establecimientos “verdes”, que los hay, pero tienen un camino muy largo por recorrer aún.

Lo que sí es determinante post pandemia es la gran irrupción de una nueva generación de trabajadores.

A comienzos de 2020 fueron obligados a quedarse en sus casas para hacer “home office”, o trabajo remoto, pero con el tiempo descubrieron que su vida personal se enriqueció gracias a esa nueva normalidad.

Todavía estamos lejos de aviones, trenes, barcos u ómnibus sustentables.

Hasta que llegó la Gran Renuncia, o “Big Quit”, donde cientos de miles de trabajadores en el mundo entero abandonaron sus vidas rutinarias para convertirse en los llamados “nómades digitales”.

Sólo en los Estados Unidos se estima que más de 7 millones de personas se reconocen como tales; y en el mundo se habla de que serían unos 35 millones los trabajadores que se desarrollan en estas condiciones.

Francia ha visto disminuir la cantidad de empleados “tradicionales” en cerca de un millón en el último año y lo mismo pasa en Italia, Alemania, Gran Bretaña, etc.

Su productividad no se mide por la cantidad de horas que se hacen dentro de un establecimiento, sino por la producción de contenidos y cumplimiento de objetivos.

Estos viejos nuevos trabajadores realizan su tarea desde una playa, en medio de la selva, arriba de una montaña o en el desierto.

En el mundo se habla de que serían unos 35 millones los trabajadores de "home office".

Su única necesidad es estar conectados a Internet, y aquí es cuando los destinos turísticos comienzan a interesarse en estos nuevos trabajadores viajeros.

Son gente que se establece por periodos más prolongados que el turista común, que le gusta participar de la vida diaria del lugar que eligieron, que tal vez hasta se dediquen al estudio haciendo cursos o posgrados.

Si se analiza que a nivel global son personas que van de los 20 a los 40 años, que la mayoría cuenta con estudios superiores, que gastan un 56% más que el resto de los visitantes en cada país y el 65% de ellos provienen de Estados Unidos y de Europa Occidental, son un segmento más que apetecible para cualquier destino.

Brasil lo vio anticipadamente y fue pionero en materia de visas para nómadas digitales, que otorga un permiso de permanencia de un año, con opción de extenderlo por un año más. 

Los destinos turísticos comienzan a interesarse en estos nuevos trabajadores viajeros.

Pero no fue el único.

Argentina también permite aplicar para la visa de Nómades Digitales. En nuestro caso, la otorga por un plazo de 180 días prorrogables por única vez, brindando la posibilidad de prestar servicios en forma remota a favor de personas físicas o jurídicas domiciliadas en el exterior.

Quienes apliquen para esta residencia obtendrán descuentos en traslados y transporte, bonificación en alojamientos, paquetes de rebajas en espacios de coworking y beneficios tanto en la oferta educativa como en lo cultural y gastronómico.

En este contexto el presidente del Ente de Turismo de la ciudad de Buenos Aires espera que a la Ciudad arriben entre 25 y 30 mil nómades digitales.

Los nómades digitales deberían encontrar en nuestro país un espacio de trabajo y relajación que nada tiene que envidiar a cualquier país del mundo, o sí, nuestra conectividad para trabajar en algunos destinos aún deja mucho que desear y esa es una asignatura pendiente que Argentina todavía no aprueba.