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Columnistas

Quién es el jeque árabe que pretende crear una Super Liga africana

Mohamed Bin Salman

A menos de 100 días para el inicio de Qatar 2022, el eje está puesto en un país acusado de utilizar las regalías del petróleo para hacer diplomacia deportiva, que se vale del torneo para lavar su imagen a nivel mundial, pero que no puede esconder las denuncias por violaciones a los derechos humanos, la muerte de obreros en la construcción de las sedes, el rol marginal de las mujeres y el peligro que corren los homosexuales, aunque no es el único estado que lo hace. Desde 2017 Arabia Saudita busca con el deporte cambiar la percepción mundial que se tiene de la familia Saud y el encargado es el príncipe heredero, Mohamed Bin Salman, el temible MBS, que aspira al Mundial 2030 como estación final de su proyecto.

La semana pasada, la Confederación Africana de Fútbol realizó su asamblea anual en Arusha, Tanzania, donde anunció la creación de la Super Liga de Clubes masculina que comenzará en agosto de 2023. Serán 24 equipos de 16 países, el 30% del continente estará representado, y repartirá 100 millones de dólares, de los cuales 11,5 millones irán al campeón. Todos cobrarán un piso de 2,5 millones por entrar, pero si lo comparamos con la Copa Africana de Naciones donde Senegal ganó 5 de los 30 millones que había en juego, el salto es importante. Si bien no lo han hecho oficial, todos los caminos apuntan a que el gobierno saudita será quien aporte el dinero.

En el acto de presentación la voz cantante la llevaron Patrice Motsepe, presidente de la Confederación Africana de Fútbol y Gianni Infantino, mandamás de la FIFA. Es curioso el apoyo del suizo, puesto que cuando 16 clubes europeos quisieron motorizar su propia Super Liga fue uno de los principales detractores. La Champions League sola garantiza una repartija de al menos 1000 millones de euros y los mejores jugadores del mundo son parte del torneo. Una cosa es financiar al continente más postergado y otra permitir la escisión de los equipos más poderosos del mundo.

De acuerdo a distintos medios africanos, la moneda de cambio para la familia real saudita por este generoso aporte es que la Copa del Mundo masculina de 2030 quede en Arabia y hasta se habla de una sede tripartita con Grecia y Egipto, con lo que sería la primera vez que un torneo se juegue en tres continentes al mismo tiempo. Hasta el momento hay dos candidaturas confirmadas: España-Portugal y Argentina-Chile-Paraguay-Uruguay, con la promesa latente de que Marruecos también aplique. Para Infantino, en conflicto permanente con UEFA y Conmebol por la idea de que haya mundiales cada dos años, la opción saudita sería un triunfo para neutralizar a sus rivales y fortalecer de paso a África.

Motsepe es un abogado especialista en minería y uno de los empresarios más prósperos de ese rubro en Sudáfrica. Posee una fortuna de 2700 millones de dólares que lo ubica entre las mil personas más ricas del mundo y es hermano de Tshepo, la primera dama sudafricana. Además, es desde 2003 el dueño del Mamelodi Sundowns de Pretoria, uno de los candidatos a entrar a la Super Liga.

Desde hace 300 años la familia Saud dirige los destinos de Arabia Saudita que mejoraron a partir de 1938 cuando descubrieron que estaban sentados en un mar de petróleo. Actualmente tienen la segunda reserva más importante del mundo detrás de Venezuela, pero son el principal jugador en el mundo del crudo. Eso entendió MBS cuando en 2017 logró que su padre, el rey Salman bin Abdulaziz lo designara príncipe heredero en detrimento de tres de sus tíos que lo antecedían en el orden real. A dos de ellos los mandó a detener hace dos años junto con uno de sus hermanos.

Bin Salman, 36 años, abogado, egresado de la Universidad Rey Saud, quiere mostrar una cara más amable de un país considerado muy conservador sobre todo con las mujeres. Uno de esos “avances”, se dio en 2018, cuando autorizó que ellas manejen y lo extendió a que puedan trabajar como mecánicas. Sin embargo, ese año se produjo el hecho por el cual ha ganado, tristemente, fama a nivel mundial: el 2 de octubre, el periodista contrario al régimen Jamal Khashoggi, fue asesinado y descuartizado en el consulado saudita en Estmabul. Khashoggi trabajó durante muchos años para el gobierno, pero luego se abrió y comenzó a ser muy crítico, sobre todo desde sus columnas del Washington Post. La investigación hecha por la fiscalía general de Turquía y luego la CIA apuntan al heredero como el instigador del crimen. La cronología de los hechos se puede ver de manera contundente en El disidente, el documental de HBO Max dirigido por Bryan Fogel, ganador del Oscar por Icarus, la película que cuenta el programa de doping sistemático del gobierno de Vladimir Putin, aliado de MBS.

Justamente dos meses después de la muerte, el príncipe fue parte de los líderes que llegaron a Buenos Aires para la cumbre del G20 donde se lo vio muy animado junto al líder ruso, los dos mandatarios que generaban mayor incomodidad. Tan poco ruido sigue produciendo a nivel mundial lo ocurrido que en 2020 la cumbre se hizo en Riad.

En los últimos tres años empezó a ir por todo en el plano deportivo. Primero fue la Fórmula 1 cuando en 2020 Aramco, la petrolera estatal, se convirtió en el sponsor principal de la categoría y se anunció el debut del Gran Premio de Arabia Saudita para el año siguiente. También compró parte del equipo Aston Martin, uno de los diez que corren en la categoría. Este año una planta ubicada a 70 kilómetros del circuito de Yeddah fue bombardeada antes de la carrera, que estuvo cerca de ser suspendida.

Siguiendo el ejemplo de Emiratos Arabes y Qatar, que se hicieron del Manchester City y PSG, el Fondo de Inversión Pública saudí, que maneja una cartera de 450 mil millones de dólares, se quedó con el 80% de las acciones del Newcastle en 2021 cuando peleaba por no descender. El titular del Fondo y presidente no ejecutivo del club es Yasir Al Rumayyan, que estuvo en el país en febrero y jugó al golf con Mauricio Macri en la Patagonia. Además, por si le faltara algo, Al Rumayyan preside Aramco.

Si hablamos de golf, ese fue el paso siguiente. Contrataron a Greg Norman, ex N°1 del mundo, para dirigir el LIV Golf, un tour paralelo al PGA, que otorga cuatro veces más dinero en premios y amenaza con dividir ese deporte. Hace pocas semanas, Norman confesó que le habían ofrecido entre 700 y 800 millones de dólares a Tiger Woods solo por ser parte, pero que el estadounidense rechazó, al igual que otros como Rory McIlroy, tercero en el ranking mundial.

En julio, la CNN Portugal publicó que un club árabe, cuyo nombre no trascendió, estaba dispuesto a pagar 300 millones de euros por Cristiano Ronaldo, pero solo fue una bomba de humo. También se menciona que, a pesar de su política con las mujeres, estarían negociando para quedarse con el Masters de fin de año de la WTA, donde juegan las ocho mejores tenistas del mundo. 

Mientras la cuenta regresiva para Qatar sigue cayendo, en el horizonte aparece otra Super Liga, la asiática que arrancaría en 2024. Según lo que declaró James Johnson, presidente de Football Australia, se está trabajando para un torneo de dos zonas con clubes de Arabia, Qatar, Emiratos Arabes y Uzbekistan en la conferencia oeste, mientras los oceánicos estarán en la este con Japón, China y Corea del Sur. ¿Quién aportaría una parte de los fondos? Si, querido lector, querida lectora, acertó, Mohamed Bin Salman.

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