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Columnistas

Intimidad: poner en jaque la complicidad social frente a la violencia digital

Intimidad

Dos mujeres con vidas casi opuestas, pero con una problemática en común: atravesar la difusión de imágenes íntimas sin consentimiento y enfrentarse a las reglas del patriarcado luego de vivirlo. Intimidad es, desde su estreno en junio, una de las series más vistas y comentadas en la plataforma Netflix. Narra la historia de Malen, interpretada por Itziar Ituño, vicealcaldesa de Bilbao, y de Ane, interpretada por Verónica Echegui, una obrera de fábrica; y pone sobre la mesa una de las violencias más naturalizadas hoy en día.

Con el foco puesto en reflexionar sobre los mecanismos que culpabilizan a la víctima, la serie pone de manifiesto las alianzas misóginas y las violencias que perpetra la sociedad en torno a esta temática. ¿Por qué el sexo aparece como una forma de dominar o hacer caer a las mujeres? ¿Qué consecuencias hay para quienes sufren esta violencia? ¿Cómo está tipificada en Argentina y qué herramientas hay para hacerle frente?

Si la violencia machista puede graficarse a través de la metáfora del iceberg, la difusión de imágenes sin consentimiento se puede visualizar de la misma manera: desde quién envía la foto o video, hasta el impacto que puede tener en la víctima que puede llegar a ser el suicidio, hay múltiples machismos que contribuyen en ese desenlace. Replicar el contenido o no frenar a quienes lo hacen, burlarse o avergonzar a la víctima, no accionar a pesar de tener la posibilidad de hacerlo son algunos de ellos.

Castigar el goce

Luego de que se publicara un video de ella teniendo sexo con un hombre que no es su marido, Malen le pide un consejo a su padre, uno de los mejores abogados de España. Su respuesta condensa la mirada que tiene gran parte de la sociedad para quienes sufren la difusión de imágenes íntimas sin consentimiento: “Acepta como justo todo lo que vas a perder”, le contesta.

Al igual que para ese personaje, todavía cala la idea de que la mujer que goza, y más si lo hace fuera del matrimonio, es culpable y merece escarnio público. De la misma escuela de quienes preguntan “qué tenía puesto”, la mirada nunca está en quiénes y por qué difundieron ese material, sino en el “error” de las víctimas por haberlo hecho.

Leonela Murazzo, psicoanalista feminista, cofundadora de Rizoma Psi y maestranda en Estudios y Políticas de Género señala: “La sexualidad femenina es instaurada para las mujeres e identidades feminizadas como un modo pasivo, suave, receptivo, incluso del cuidado; cosa que choca rotundamente con el hecho de que una mujer pueda gozar de tener sexo o hacerlo con diferentes partenaires. Esto es sacado a la luz como algo de lo cual avergonzarse y, frente a la idea de que no se puede ser activa en la sexualidad, aparece la búsqueda de sanción: se las castiga, se intenta generar culpa”.

Sin nada de su desempeño que pueda hacer caer la carrera política de la protagonista, varones del poder montan un plan para correrla de la escena. “En la serie se ve muy claramente cómo al mostrar a la candidata a la alcaldía como activa sexualmente es algo que la ‘ensucia’, que va en contra de la imagen de familia, de seriedad, de racionalidad que requiere un cargo gerencial. Hay dos arquetipos muy claros: la mujer santificada y la mujer bruja”, agrega Murazzo.

La sexualidad femenina es instaurada para las mujeres e identidades feminizadas como un modo pasivo, suave, receptivo, incluso del cuidado.

Leonela Murazzo

La visibilidad que tienen estas producciones y la posibilidad de engancharse con la trama permiten reflexionar sobre las consecuencias que tiene esta violencia y la complicidad de quienes callan o participan activamente en ella.

Así, abre debates sobre cómo se manejan estas problemáticas en la realidad y qué herramientas tienen las víctimas o sobrevivientes a la hora de denunciar.

Legislación

Sin estar tipificada como un delito en Argentina, la difusión de imágenes sin consentimiento puede denunciarse como contravención en distintas fiscalías o en Unidades Fiscales Especializadas en cibercrimen.

Daniela Dupuy, fiscal a cargo de la Unidad Fiscal Especializada en Delitos y Contravenciones Informáticas de CABA, explica en diálogo con Diario Con Vos: “Ingresa mucha cantidad de denuncias de este tipo, que las tratamos como contravenciones y que deberían ser delito porque el gravamen que le genera a la víctima es realmente muy grave. Nosotros llevamos adelante muchos casos de estos, en varios hemos llegado a juicio y hemos conseguido condena. Pero hay que hacer mucha fuerza para que se legisle, como ocurre en España”.

En esa línea, semanas atrás la diputada Mónica Macha presentó dos proyectos de ley para prevenir y sancionar la violencia digital contra mujeres y personas LGBTTIQ+. Lo hizo junto a la activista mexicana Olimpia Coral, el espacio de víctimas de violencia digital “Ley Olimpia Argentina” y la organización “Género y TIC” y se trata de la Ley Belén y la Ley Olimpia.

La primera busca tipificar como delito “la obtención, la extorsión y la difusión no consentida de material íntimo y/o de desnudez, y/o de material que retrata violencia sexual, y/o prácticas de porn deep fake”, y está inspirada en el caso de Belén San Román, una joven que se quitó la vida luego de atravesar una situación como esta.

La segunda iniciativa tiene como objetivo incorporar la violencia digital a la actual Ley 26.485 de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres y géneros.
Poner en palabras y en agenda estas violencias contribuye para movilizar a la audiencia y hacer que puedan replantearse prácticas y situaciones que están naturalizadas y no siempre son entendidas como formas de violencia.

La difusión de imágenes sin consentimiento puede denunciarse como contravención en distintas fiscalías o en Unidades Fiscales Especializadas en cibercrimen.

Para quienes las atraviesan, además, puede ser un punto de inflexión para revisar la propia historia y darle nombre a acontecimientos del pasado. En ese sentido, la psicoanalista reflexiona: “Los tránsitos en relación a qué hacer con un suceso traumático son siempre singulares y diversos. Posicionarse como víctima de un hecho horrible, sobreviviente u otra figura, así como decidir si denunciar o no hacerlo, son modos válidos y posibles. Por supuesto que la marca está para siempre, pero hay que ver qué se hace con eso, cómo historizar, cómo hacerle lugar, pero dándole una vuelta para poder armar otro lugar nuevo desde el cual seguir. Y eso es posible. Hay un momento de pasaje muy importante en esto de historizar, que tiene que ver con que no ‘cope’ toda la vida de la persona”.

“¿Debo denunciar? Es lo justo y lo ejemplar, pero yo sólo quiero seguir adelante y que no me destrocen la vida”, dice el personaje protagonizado por Ituño en los primeros capítulos de la serie y deja asentada una de las discusiones que atraviesan toda la trama y que representa con claridad uno de los procesos más difíciles de afrontar fuera de las series y películas.

Con la disputa sobre hacer público lo privado como eje, tanto al difundir imágenes sin consentimiento como a la hora de plantearse denunciar, y el señalamiento de los dispositivos misóginos que operan en la sociedad, Intimidades una invitación a cuestionar la complicidad social en estas violencias.

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