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Columnistas

Las urgencias de la vida inflacionaria pixelan el futuro

En noviembre pasado un alemán que estaba por venirse por trabajo a la Argentina, me preguntó cómo era vivir con una inflación del 50% anual. Le hablé de nuestra historia; le tiré que por las hiperinflaciones de los 80 y el estallido de 2001 teníamos otra percepción de qué es una crisis económica; y le traté de explicar algo así como que había una inercia en la que los porcentajes de dos dígitos de actualización de todos los precios, si los ingresos acompañan, no nos asustan.

Le di a entender que mal que mal nos parecían manejables, hasta tolerables, sobre todo porque somos más de valorar el consumo presente que el impacto de mediano plazo de ir destruyendo la moneda nacional, que en definitiva se traduce también en la falta de crédito hipotecario para que un trabajador se compre una casa o para que un Estado haga una obra grosa y la pague a lo largo de una década. 

Ahora, con el 7,4% de inflación de julio otra vez récord y con ese primer 100,5% que apareció en las planillas del Indec con el incremento de la indumentaria en el Gran Buenos Aires, y con las proyecciones de las consultoras privadas de un 90% de costo de vida para el año “si todo se estabiliza”, sólo espero que el alemán haya perdido mi teléfono y no me vuelva a llamar. 

El 69% de la población teme bajar de clase social en los próximos meses.

Porque estamos entrando en una fase de nuestra vida inflacionaria que para una parte de la población que arrancó su adultez económica en los 90 o en los 2000, es un mundo desconocido. Para los más entrados en años, claro está, es otra vuelta más de la Argentina en loop.

Si me llama, tal vez le agregaría a lo que le dije este trabajo que acaban de publicar desde la Universidad de San Martín con la revista Anfibia. Los investigadores Ariel Wilkis y Esteban Foulkes salieron a encuestar a unas 800 personas en el área metropolitana en estos días de remarcaciones, y constataron hasta qué punto estamos surcados en la cotidianeidad por los aumentos de todo

“La inestabilidad y el desajuste constante de la relación ingresos-gastos generan desorden”, escribieron en el trabajo que hicieron desde la serie de estudios de Ciencias Sociales en Tiempo Real, donde registraron que para el 78,6% “es muy difícil organizarse con los gastos diarios”. Además, el 82,6% asegura que “se habla mucho en familia sobre los aumentos de precios” y 7 de cada 10 personas reconocen que “la falta de dinero genera fricciones”. 

Locos por los precios. La Provincia inauguró un mercado en Lomas de Zamora con productos más baratos. Ayer había una cuadra y media de cola.

Una obviedad es que el 83,8% de los argentinos “está inquieto por el futuro de los precios”, pero menos explícitas son las siguientes conclusiones del trabajo: un 62% dice que “no puede pensar en el futuro”, mientras que un 69% asegura que va a “bajar de clase social en los próximos meses”.
Ayer hubo una postal de época: el mercado de precios populares que inauguró la provincia de Buenos Aires en Lomas de Zamora tenía cuadra y media de cola para entrar y algunos productos como el maple de huevos a $400 voló. Para el asado a $399 había otra cuadra de espera.

En ese contexto, casi en el rol del arquero de la selección de San Marino, el nuevo secretario de Comercio, Matías Tombolini, -el quinto en ese cargo en este gobierno- dejó la tranquilidad de la conducción de Arsat para erigirse en vocero del flamante equipo económico justo cuando se conoce el peor dato de costo de vida desde el 10% de abril de 2002. 

“Es obvio que nadie me va a creer nada si no le hemos podido solucionar este problema”, es la frase más cruda con la que salió en los medios. Juega a dos puntas: lo primero que dice es que la inflación la está atacando el “plan fiscal y monetario” del ministro de Economía recién asumido, Sergio Massa, e inmediatamente después completa asegurando que habrá un rol de referencia para el programa Precios Cuidados con un control sobre las empresas que incumplan los acuerdos de precios, a las que se les revisará su acceso a dólares oficiales.

Es como si les hablara al mismo tiempo a los mercados o al Fondo Monetario Internacional y a los votantes del Frente de Todos. A propósito, Wilkis y Foulkes subrayan que hoy en día conviven en nuestro país “un consenso social anti-inflacionario de corte fiscalista instalado entre votantes opositores al Gobierno” con “un consenso anti-inflacionario de corte distribucionista” que está instalado en el “núcleo más leal de los votantes del oficialismo”. 

Ministros en los Juegos del Hambre

Aunque todavía sigue sin nombrar un viceministro, es decir, un macroeconomista que dé una visión global, Massa ha mostrado desde el minuto inicial que su enfoque estabilizador, al menos desde la voluntad, es el de orden en las cuentas públicas y emisión monetaria cero

Se anticipa una segunda mitad de año recontra heavy. Según un informe de la Fundación Mediterránea, el Gobierno va rumbo a un déficit anual del 3,2% si mantiene el ritmo de gasto que traía en la primera mitad del año. Para bajarlo al 2,5% que pide el Fondo -escuchen- las erogaciones del Estado deberían crecer un 34% nominal en el segundo semestre. Con una inflación en el 80% como mínimo, eso implicaría un ajustazo en términos reales que ni ahí se alcanza sólo con el recorte en los subsidios. ¿Dónde podrán tocar? ¿En las transferencias a los gobernadores? ¿En la obra pública? ¿Reconvertirán en tiempo récord los planes sociales? 

Todos los cálculos, además, se hacen imaginando que se mantienen los ingresos de una economía que de alguna forma sigue creciendo. Pero ¿y si se empieza a frenar por el impacto de la suba de tasas de interés que comienza a ser parte central del mundo Massa?

La macro y la interna. Massa, ante el desafío político de un fuerte ajuste en el gasto y una suba de tasas que pueden enfriar la economía en lo que queda del año.

La hostilidad que impone el manejo de las cuentas públicas se empieza a apreciar en las reuniones de gabinete. Se está dando una especie de Juegos del Hambre de ministros en busca de presupuesto. En algunos casos les devuelven filtraciones a la prensa respecto de que usen los pesos que tienen en plazos fijos, un mensaje en especial a los organismos descentralizados. 

Las malas lenguas soltaron por ejemplo que el PAMI tendría $150 mil millones en una colocación financiera. Desde la obra social de los jubilados que conduce Luana Volnovich explican que el fondeo está garantizado automáticamente por ley y que el resto se invierte en fondos de inversión de disponibilidad inmediata o plazos fijos precancelables. 

En otras reparticiones o empresas públicas donde el cinturón empieza a apretar hay respuestas menos elaboradas. “Que la ajusten a Moria”, disparó Pablo Biró, el sindicalista de los pilotos de Aerolíneas Argentinas que le respondió así a los topes presupuestarios de Massa. En la misma semana, Biró fue objeto de críticas de Mauricio Macri, cada vez más en campaña. Algo querrá decir que justo al mismo tiempo Massa y Macri rivalicen con un gremialista de la aerolínea de bandera.

Con una inflación en el 80%, bajar el gasto al 2,5% que pide el Fondo implicaría un ajustazo que no alcanza sólo con el recorte en los subsidios.

Tombolini, en tanto, hizo varias veces hincapié en que su mirada no es la de imponer “castigos” a los empresarios por los abusos en los precios. Apuntó sí contra unos 23 laboratorios que, señaló, incumplieron el compromiso firmado el 19 de julio de aumentar  menos que la inflación. Se detectaron, aseguró, unos 190 productos que se movieron fuera de lo establecido. No habrá sanciones, sino que se sentará a revisar en cada caso qué están haciendo con las divisas que reciben a precio oficial, como mecanismo de influir en sus costos. 

Se trata de un tema que también surgió en la visita esta semana del secretario de Producción, José Ignacio De Mendiguren a sus ex colegas de la Unión Industrial Argentina, en un encuentro sintetizable con el meme del hombre araña señalando al hombre araña. Pensar que el Vasco tenía una invitación para el crucero de cada agosto por el Mediterráneo con el empresario de los aeropuertos, Eduardo Eurnekian. Se tuvo que bajar. 

Es interesante, en tanto, que por fuera de los arreglos inmediatos, se van como arena entre los dedos algunas políticas más de fondo para intervenir en el oscuro mundo de los precios de los medicamentos. La viceministra de Salud, Sonia Tarragona, viene tratando hace tiempo de lograr un efectivo cumplimiento de la ley de genéricos, donde se logre que haya disponibilidad de alternativas más baratas a los productos de marca, a las que los pacientes puedan acceder si los médicos les recetan por droga y no por nombre comercial del producto. 

Según un informe de la consultora PxQ para empresas de salud, el ibuprofeno de Pfizer (Ibupirac) es 42% más caro que el genérico; el paracetamol de Genomma Lab (Tafirol), sale 56% más; la aspirina de Bayer (Aspirineta) está 190% arriba y el anticonceptivo del mismo laboratorio cuesta 63% más que el genérico.

Nada es sencillo. Justo en este momento, la cámara de laboratorios nacionales, CILFA, lanzó una campaña publicitaria anti-genéricos. Se escucha en radio y tevé: “Cuando tomás un medicamento confiás en esa marca porque esa marca es la garantía de seguridad, eficacia y calidad, es la marca que sabés que te hace bien, pedila siempre a tu medico y tu farmacia, es tu derecho”. Marca y derecho, juntas. Por algo el público esta semana bramó por la falta de Rivotril, la marca más popular de clonazepam, que también ofrecen firmas como Bagó, Gador o Baliarda y que nunca escaseó en las farmacias.

Los teoremas de Urquía

En un punto es lo de siempre. Si no estuviéramos corriendo todo el tiempo por las mismas peleas nuestras de antaño, nos meteríamos como país en los debates más profundos. Como lo que planteó el martes Roberto Urquía, magnate sojero y ex senador del PJ, durante un seminario del Grupo Clarín en el MALBA. 

Al frente de Aceitera General Deheza, un gigante del sector agropecuario con el que el gobierno busca desesperadamente un acuerdo para conseguir dólares en el cortísimo plazo, habló de un tema mucho más de fondo: ¿cómo nos paramos frente a un mundo que se cierra cada vez más, y de qué manera nos relacionamos con una potencia tan particular como China? 

Dijo: “Desde hace muchos años vemos un mundo desarrollado que pregona permanentemente el libre comercio, pero cuando uno quiere ir a ejecutarlo se encuentra con dificultades. Por eso el libre comercio es una utopía. cada uno lucha para llevarse las materias primas, agregar valor dentro de sus fronteras y generar trabajos para sus personas”. 

Guarda con China. El magnate sojero Roberto Urquía planteó los riesgos de asociarse con el gigante asiático y las dificultades para venderles valor agregado.

Y agregó: "No hay forma de crear empleo si no agregamos valor a los productos primarios. Uno va a China y le dicen: ‘qué bueno, Argentina, vamos a comprarle’. Piden porotos de soja. Nosotros les planteamos: ‘llevate la mitad del poroto de soja pero la otra mitad llevala como proteínas, aceites, lecitina, aceite refinado para la mesa o mayonesa’. Los chinos, que son muy astutos en el comercio, te dicen a todo que sí. primero vienen y te compran la soja".

"Hoy el 70% de lo que compran es soja en estado natural. Hace 15 años que venimos trabajando para enviar proteínas. Nos vinieron a inspeccionar las plantas que son de primera generación y se van encantados. Pero nos han comprado cero valor agregado. Cero. Y te ponen aranceles de ingreso: el poroto tiene un arancel más bajo que la harina, y la harina mucho más bajo que el aceite. Te frenan el ingreso de valor agregado para su economía", completó.

La inestabilidad macro es una urgencia que te pixela el horizonte, gobierne quien gobierne.

Son temazos ante los que no está claro si hay una estrategia de largo plazo. La inestabilidad macro es una urgencia que te pixela el horizonte, gobierne quien gobierne. A Urquía lo llamás para que pase la gorra con el campo cuando necesitás un respirador para las reservas o le preguntás por el abastecimiento del aceite Natura que produce. A los chinos les manguéas acuerdos de respaldo al Banco Central o les comprás vagones de tren de forma atolondrada después de una tragedia.

Por eso hacemos agua en los posicionamientos y la estrategia. Cuando un embajador como Sabino Vaca Narvaja se corta solo y hace guiños respecto de la cuestión Taiwán, te das cuenta de que en paralelo no podés quedar mal con lo que plantea otra potencia, Estados Unidos, porque le estás pidiendo un crédito en el Banco Interamericano de Desarrollo, un perdón en el Fondo Monetario Internacional.

La irrupción de Massa, con tanta línea directa con Washington, pareciera sumar su propia impronta en estas definiciones. En su visita a Neuquén, el funcionario que acaba tomar el control de la secretaría de Energía, aseguró que quiere que se avance ya en la segunda parte del fucking Gasoducto Néstor Kirchner, el que nos permitiría traer el gas desde el yacimiento no convencional de Vaca Muerta para evitar seguir importando combustible y bla.

Todavía no se hizo ni un caño ni un pozo del primer tramo, el que irá desde la localidad neuquina de Tratayen hasta la bonaerense Salliqueló. Pero Massa pidió activar el recorrido que sigue luego, desde Salliqueló hasta San Jerónimo, en Santa Fe. Y ahí surge un interrogante geopolítico: ¿mantendrá el entendimiento que había entre la Argentina y China para su construcción, por el que todo se encaminaba hacia una adjudicación directa con empresas y bancos chinos?

Durante una reunión en paralelo al acto de la exposición Argentina Oil & Gas, Massa les pidió a los propios productores de gas que busquen diversas alternativas para financiar, construir y poner en marcha cuanto antes esa etapa. No mencionó la palabra “China” en ningún momento. 

Consultado para esta nota, desde su entorno hicieron saber que se buscará la vía “más rápida” para esta obra. Da la impresión de que entonces China pierde peso. Al estar enmarcado en un convenio binacional de inversiones que data desde 2014, el acuerdo debería ser rubricado por los presidentes de ambos países, incluidos viajes técnicos en el medio. hubo avances hasta en el viaje de Alberto Fernández este año al gigante asiático. Pero luego no se supo más nada. “Me gustaría mucho reunirme con el ministro”, sorprendió el embajador chino en la Argentina, Zou Xiaoli, que finalmente el viernes fue recibido en el Palacio de Hacienda.