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Columnistas

Con mis hijos sí: la diversidad llegó a los dibujitos

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Un beso lésbico que escandalizó a quienes no se aggiornana la realidad y una iniciativa que, tímidamente, empieza a replicarse en películas, programas y juguetes para niñes. En los últimos tiempos, empresas que trabajan con consumos culturales para las infancias empezaron a incluir la diversidad en todas sus formas: sexual, étnica, cultural, corporal, entre otras, y eso permitió abrir preguntas sobre qué mundos y alternativas se presentan a las infancias.

¿Qué es ser varón o ser mujer? ¿De quién o quiénes es posible enamorarse? ¿Cómo mostrarse a los demás? El beso entre Alisa y Kiko en Buzz Lightyear y la aparición de un personaje trans en la película Baymax fueron algunas de las noticias que empezaron a mostrar una mayor representatividad en las pantallas. Pero fuera del universo Disney también aparecen estos impulsos: Marvel presentó su primer Spiderman gay y Barbie su primera muñeca trans.

En consonancia con la militancia de quienes trabajan con las infancias desde una perspectiva feminista, estas producciones empiezan a hacer su aporte en la construcción de sujetos e identidades libres y diversas.

“Las niñeces activas, potentes y creativas ya están llevando adelante procesos de construcción de identidades y elecciones. Poder encontrar en los productos culturales que consumen aspectos que tanto validen o legitimen experiencias vitales próximas o personales, como conocer otras historias de vida que muestren posibilidades y alternativas a la construcción de la identidad y de elección heterocisnormativa, aporta riqueza y profundidad a procesos que -existan o no estas producciones- ya están aconteciendo”, señala Elia González Guerra, Maestra Jardinera y Profesora de Formación Docente en Educación Inicial.

Crear mundos posibles

Si la vida que propuso el cine para las infancias durante casi un siglo fue ser salvada por un príncipe o constituirse como el flamante héroe, el desarrollo de estos contenidos viene a impactar en cómo les niñes se relacionan con los demás, qué conductas y discursos absorben y cómo se perciben a sí mismos.

“La diversificación de las representaciones por sexo, preferencia sexo-afectiva, pertenencia étnico-racial, corporalidad, entre otras, proporciona a las niñas, niños y adolescentes referentes con los cuales identificarse, en los cuales verse representados, en los cuales hallar sus vivencias, sus facciones, su origen, su color de piel. Esto les permite entender que sus experiencias, historias, corporalidades y elecciones también son válidas y valiosas, lo cual sin dudas va a tener un impacto positivo en la forma en la que son vistos y tratados socialmente y en la forma en la que se miran a sí mismos”, afirma Esther Pineda G., escritora y Doctora en Ciencias Sociales.

Poder encontrar en los productos culturales que consumen aspectos que tanto validen o legitimen experiencias vitales próximas o personales, aporta riqueza y profundidad a procesos que ya están aconteciendo.

Elia González Guerra

Para Ale Rivade, voluntario de la Asociación Civil Preservate, un proyecto de capacitación y promoción de la ESI, es necesario que las disidencias aparezcan en el centro de la escena para trabajar desde la niñez en construir un futuro con menos violencia asociada al género, menos desigualdad y menos marginación: uno en el que se entienda que existen múltiples maneras de vivir la sexualidad.

En diálogo con Diario Con Vos, señala: “La responsabilidad o desafío que tienen las grandes empresas es poder llegar a aquellas personas que el sistema heterocispatrialcal dejó de lado, discriminó y fue objeto de burla, para transformar esa deuda en oportunidad de visibilización. Esto permite a las infancias identificarse y fomentar la empatía para con les compañeres cuya identidad sexual no es la misma que históricamente se estereotipó como únicos merecedores de felicidad (varón y mujer cis)”.

¿A qué se debe, entonces, esta mayor representación e incipiente toma de postura? Además de la presión de la sociedad, hay también una mayor incorporación y participación de mujeres, personas racializadas, migrantes y personas LGBTTIQ+ en la industria, a pesar de que siguen siendo minoría.

“Identidades y elecciones diversas han existido desde el inicio, a lo que estamos asistiendo es a un proceso de visibilizar lo construido como activamente inexistente y, en función de eso, problematizar cuanto daño ha causado silenciar tantas experiencias de vida”, sostiene González Guerra.

Más allá del “rainbow-washing”

A pesar de la importancia de que estas compañías se hagan eco de los avances de la sociedad, la aparición de personajes diversos no siempre es suficiente. Ni la inclusión de una pareja homosexual ni de identidades marrones es garantía de diversidad si no es acompañada de una real discusión y mirada crítica al tomar esta perspectiva.

Pineda G. analiza: “No debemos perder de vista que esta inclusión no se produce por una masiva toma de conciencia o cambio en la perspectiva e imaginarios de la industria, sino que responde también a una forma de evitar los señalamientos por racismo, sexismo, lgbtfobia, y xenofobia que cada vez son más denunciadas y visibilizadas, al mismo tiempo que responde a un proceso de instrumentalización de las causas con la que se persigue evitar la pérdida de espectadores y la captación de nuevos consumidores”.

Muchas veces, estos abordajes aparecen más por una exigencia social que por un verdadero activismo. En esa línea, Rivade explica: “La incorporación de personajes con diferentes orientaciones sexuales que observamos en piezas audiovisuales para niñes responden a una demanda social y cultural que puja por esa visibilización”.

Frente a los movimientos que se rasgan las vestiduras por la “ideología de género”, es válido celebrar estos cambios en la industria cultural, aunque poniendo el ojo en la forma en la que lo hacen. Dentro de un espacio que históricamente contribuyó a la creación de estereotipos y exclusión de quienes no encajaban en la norma patriarcal, el reclamo por estos nuevos contenidos es necesario. Y no solo para les niñes. González Guerra concluye: “Quizás el aporte más grande de estos pequeños movimientos de la industria del cine es que sirven para que las adulteces nos llenemos de preguntas y nos abramos a concebir la realidad desde un paradigma más complejo y diverso del que fuimos criades y con esto revisemos qué alternativas y propuestas les convidamos a las infancias”.