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Sociedad

Las historias de la joven veterinaria isleña que atiende animales a bordo de su lancha

Leila Peluso atiende desde gatos hasta ganado. Antes dependía de la lancha colectiva pero ahora navega de muelle en muelle en su veterinaria flotante. Las anécdotas más increíbles de los animales y sus dueños.

En el Delta, las personas viven acompañadas por animales y rodeadas por la naturaleza. No solo perros y gatos: el espacio se presta para animales más grandes como vacas, gallinas, ovejas y chanchos. El problema es que cuando los animalitos grandes se enferman o necesitan ser atendidos es imposible subirlos en lanchas para ayudarlos, único transporte en las islas. Por eso, hace cinco años una joven veterinaria, Leila Peluso, se propuso ir muelle a muelle a su rescate.

Si no los atiendo yo, no los atiende nadie”, explicó la joven de 29 años, conocida como la veterinaria isleña, a Diario Con Vos.

En un principio, Leila viajaba en las lanchas públicas, lo que hacía muy difícil su tarea ya que dependía de sus horarios. Hace dos años, ni bien arrancó la pandemia, pudo cambiar de embarcación y ahora maneja una lancha muy equipada que se asemeja a una ambulancia para auxiliar a los animales del Delta. Los llamados y mensajes no paran.

Acá los animales son muy libres, son más salvajes y la atención cuesta más A veces aviso que estoy llegando, pero el gato salió al monte a pasear y hasta que no aparece no lo encontramos. O hay que correrlo por toda la isla para atenderlo”, contó divertida.

A veces aviso que estoy llegando, pero el gato salió al monte a pasear y tenemos que esperar que vuelva.

A veces hay que atender otros animales propios de la región como carpinchos, lobitos de ríos o coipos: “La otra vez un vecino encontró un lobito de río con una herida y me llamó. Tenía una lesión llena de gusanos, le di antibióticos y lo liberamos porque tenerlo encerrado cambiándole la dieta y su cotidianeidad es peor. Siempre hay que tratar de liberarlos”.

Los desafíos de trabajar navegando

Para la veterinaria isleña, lo más complicado de su tarea es el clima. Cuando llueve intenta atender solo emergencias. A veces baja mucho el nivel del agua y tiene que esperar a que suba o que la pasen a buscar en kayak para llegar a su destino.

Maite, Moana y Chochi, algunas de sus mascotas.

Sin embargo, la lluvia no es nada comparada con la neblina que dificulta y, por momentos, imposibilita la visibilidad. En la ciudad no es complicado ubicarse porque hay luces, autos, calles y muchas referencias. En cambio, arriba de la lancha “navegás en una nube blanca” y no podés saber si estás por chocar.

“Hace dos meses hubo una neblina fuerte a las 4 de la tarde. Estaba yendo a mi casa, pero me desorienté. Con el mapa del celular no sabes dónde estás porque solo te dice el río, pero no te da indicaciones y hay lugares donde no hay señal y no pasa nadie. Encima, el ruido de la lancha tampoco te deja escuchar si hay cerca otra embarcación", recordó Leila sobre su desesperante experiencia.

El desafío más grande de su tarea es el clima: la lluvia no es nada comparada con la neblina.

Las distancias entre un muelle y el otro pueden ser largas. Para atender una emergencia en la tercera sección, Leila tardó dos horas y media. Un perrito había sido picado por una yarará y necesitaba urgentemente el suero. Llegó a tiempo, afortunadamente.

A pesar de eso, la joven no se desanima y todas las mañanas se despierta muy temprano para atender a sus pacientes peludos. Intenta evitar salir de noche, pero si hay una emergencia, se calza el ambo aunque ya tenga el pijama puesto.

"Si hay una emergencia salgo igual. Mil veces suena el teléfono a las 3 de la mañana. La gente también sabe dónde vivo y muchas veces me duermo con el oído atento porque vienen directo a casa. En las vacaciones me tengo que ir la cuidad porque si estoy acá, termino trabajando igual. Por suerte hay otros colegas que trabajan en la isla", explicó.

Leila vive con sus mascotas: una perra, una gata, un chancho y una oveja en la isla. Pronto va a inaugurar su propia veterinaria en tierra firme para ampliar su atención a otros animales.

"Siempre quise ser veterinaria, veía que lo necesitaban en la isla. Acá estás muy conectado con la naturaleza y cada vez hay más personas. Mucha gente vino a vivir acá en la pandemia. Tengo una relación muy familiar con todos: a veces me esperan con el desayuno. Frenar un ratito a tomar un mate... esas pequeñas cosas son las que más disfruto", cerró.

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