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Cultura & Espectáculos

El Caso Breccia, una muestra sobre el fantasmático legado de un maestro de la historieta argentina

Una muestra en el C.C. Borges exhibe las obras del dibujante de El Eternauta recuperadas por la justicia argentina e Interpol, con ayuda de los libreros de Parque Rivadavia y de un caribiniero italiano. El problema de los que compraron las obras robadas de buena fe.

Breccia

El reciente desenlace del caso Breccia bien podría ser una historieta del propio Alberto Breccia. Una sobre una vida que vuelve a través del tiempo, como su emblemático héroe, Mort Cinder, que pese a ser inmortal, revivía la pasión de su muerte en cada época a la que trascendía.

La época de Breccia, sin embargo, es el Siglo XX. De ello no hay duda y lo atestiguan dos de sus títulos más famosos: El Eternauta y Vida del Che, ambos guionados por Héctor Germán Oesterheld. Su obra, en cambio, se proyecta a nuestros tiempos y sigue viviendo en ellos, con su propia aventura.

En el capítulo de esta semana, los dibujos de Breccia volvieron de la angustiante dispersión que provocó su robo y desaparición, al foco central de la cultura porteña. El 14 de julio pasado el Centro Cultural Borges -ubicado junto a las Galerías Pacífico- inauguró su muestra El Caso Breccia, en la que se exhiben las obras que fueron recuperadas por la justicia argentina e Interpol, en una trama llena aún de sombras sobre la que hoy se extiende un halo de luz.

Breccia

Breccia nació en 1915 en Montevideo y murió en 1993 en Buenos Aires, donde vivió desde muy temprana edad y construyó su carrera. Pancho López, Sherlock Time, Ernie Pike, Mort Cinder, El Eternauta, El Aire y Perramus, son algunos de los títulos con los que llegó a ser considerado uno de los más grandes historietistas de la Argentina y el mundo.

Su familia depositó toda su hemeroteca en una empresa que oficiaba como Banco de Obras Artísticas, que irónicamente se llamaba Firme.

Cuatro años después de su muerte, su familia quiso resguardar su obra para evitar líos de sucesión con su última esposa, y depositó toda su hemeroteca en una empresa que oficiaba como Banco de Obras Artísticas, que irónicamente se llamaba Firme.

En 2005, esa empresa quebró y la jueza Wilma López ordenó su allanamiento, pero en el lugar no encontraron nada. La obra de uno de los más grandes artistas nacionales estaba perdida. Entonces, se le pidió a Interpol que a través de su oficina especializada en tráfico de obras diera curso a una investigación.

Las obras de arte robadas -a diferencia del dólar blue- son un valor ilegal cuya circulación no ocurre a vista y paciencia de todos, por lo que la muestra del Centro Cultural Borges da cuenta de un enorme trabajo conjunto entre Interpol, distintos organismos del Estado y la familia de Breccia, que lleva años tratando de recuperar lo que, naturalmente, les pertenece.

Mort Cinder
La página robada de Mort Cinder y recuperada por Interpol en Italia.

La primera hebra que la investigación tomó para recuperar buena parte del patrimonio exhibido fue una publicación que a fines de 2008 un usuario hizo en el mercado local. Por entonces, Patricia, la hija de Breccia, tenía ya a todos los libreros del Parque Rivadavia advertidos de su búsqueda y la investigación estaba atenta. Por eso, apenas apareció la publicación en un foro de internet, el comisario Marcelo El Haibe avisó a la jueza que logró dar con el domicilio del vendedor y ordenó el allanamiento. Allí encontraron gran parte de la obra de Breccia, que había sido comercializada principalmente hacia Europa.

Patricia, la hija de Breccia, tenía ya a todos los libreros del Parque Rivadavia advertidos de su búsqueda.

En Italia, la investigación contó con la invaluable ayuda del Carabiniero Domenico Cecon, quien desde niño era fanático de la obra de Breccia y cuando supo de su desaparición, se dedicó con esmero a investigar, logrando encontrar muchas páginas en circuitos de venta de arte.

Pero se encontró también con un nuevo problema, que es el que ahora hace eco hasta en el ministerio de Cultura de la Nación: muchos de los actuales propietarios de la obra de Breccia pudieron demostrar ante la justicia que la habían comprado “de buena fe”, esto es, sin ninguna sospecha de que correspondía a una pieza robada.

“Es un problema de orden ético, en el que lamentablemente la última persona de una cadena que tiene un origen ilícito se puede ver damnificada, pero es también un problema legal a la hora de repatriar la obra”, explicó Judith Gociol, curadora de la muestra en la que se exhiben- a modo de instalación- algunos de los documentos judiciales con que Argentina ha logrado recuperar parte de su patrimonio.

Mientras tanto, Patricia Breccia espera que la muestra ayude en la recuperación de la obra de su padre porque, según explicó en la inauguración, “cuando un delincuente roba la obra de un artista, está robando también la historia de una familia. Está robando la infancia, la juventud, la enfermedad y la muerte de una persona, todos los momentos que se vivieron mientras el artista dibujaba. Para el coleccionista tiene solo un valor monetario, pero para la familia tiene mucho valor sentimental”.

El Caso Breccia, de miércoles a domingo de 14 a 20 en el Centro Cultural Borges, Viamonte 525, Buenos Aires. Entrada libre y gratuita.
Hasta el 2 de octubre.

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