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Columnistas

Los Grupos de Escritura de la AAIHMEG: nuestro extraño cuarto propio

Por AAIHMEG

Es algún día de mayo del 2021, ya hace frío por la mañana. Les chiques no fueron a la escuela porque explotan las burbujas. Ya están jugando en el living. Miro el reloj, paso rápido y los saludo: “chau, me voy a trabajar”. Entro a la oficina, cada una está con su mate, casi todas usamos anteojos, cada cual en su computadora. Nos saludamos con el afecto modulado de colegas de trabajo. Dani avisa que no vendrá porque llegó su turno para la vacuna. Es la primera del grupo, nos alegramos. En seguida nos ponemos a trabajar en nuestros textos. Será una buena jornada, aunque estemos en pantuflas, aunque de vez en cuando se corte internet, aunque les niñes interrumpan pidiendo galletitas. Que sea una sala virtual no significa que no sea una oficina, la nuestra. Nuestro extraño cuarto propio, una oficina virtual feminista.

Una historia

En el año 2020 marchamos en conmemoración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, el 8M, pero lo hicimos el lunes 9 de marzo en la Plaza de los Dos Congresos en la ciudad de Buenos Aires con amistades y colegas de acá y de otras ciudades. Quisimos hacerlo un lunes laborable para mostrar en la calle la fuerza de las demandas políticas feministas para demandar la despenalización y legalización del aborto, aprobada finalmente en diciembre de ese año.

Fue un día brillante, la última manifestación a la que asistimos durante muchos meses. Poco después, la pandemia de COVID-19 y las medidas de Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio interrumpieron esas dinámicas. De pronto debíamos “quedarnos en casa” y suspender las mil y una formas feministas de encontrarnos para trabajar, manifestarnos o acompañarnos en las tareas diarias. Quedamos aisladas mientras intentábamos continuar con el trabajo presencial o virtual, con familiares a cargo y con necesidades de diverso tipo. En ese marco, también nosotras/es, trabajadoras/es de la educación y la ciencia, sufrimos el aumento de la disparidad de género, en consonancia con datos globales.

Sin embargo, algunos espacios comenzaron a crear instancias de participación experimentales y receptivas. Desde la Asociación Argentina para la Investigación en Historia de las Mujeres y Estudios de Género/AAIHMEG, a poco de iniciado el aislamiento, entre abril y diciembre de 2020, iniciamos una experiencia inaudita: nos reunimos cada jueves en la Asamblea de Trabajadoras en Tiempos de Pandemia, junto a compañeras/es de la Escuela de Feminismo Popular Norita Cortiñas, con el lema “Nuestros derechos no están en cuarentena”. Quisimos pensar colectivamente la manera en que la pandemia y el aislamiento intensificaban las tensiones y violencias laborales y domésticas dejando al descubierto las desigualdades marcadas por el sexismo, el racismo y el clasismo. Transmitimos estas experiencias colectivas en los Boletines de la AAIHMEG de julio y de octubre.

La Oficina Feminista de AAIHMEG.

La AAIHMEG surgió en 2017 por impulso de una colectiva federal de investigadorxs de las ciencias sociales y humanidades en las universidades públicas –muches de nosotres también docentes en diferentes niveles educativos-, que nos propusimos articular distintas instituciones, intereses y generaciones en defensa de la construcción de saberes críticos feministas, así como reconstruir historias silenciadas de nuestres ancestres, atendiendo a los conflictos locales y de la región.

Continuando esa experiencia de solidaridad y activismo feministas emergente en la pandemia, en 2021 construimos estrategias de trabajo colaborativo, redes de sostén y cuidado mutuo. Así surgieron los “Grupos de escritura de la AAIHMEG”, nuestras oficinas feministas virtuales. Allí nos reencontramos, después de muchos meses sin vernos, con compañeras/es de diferentes provincias, conformando una red feminista potente, federal y diversa.

Habitar la oficina virtual feminista

Los nombramos “Grupos de Escritura”, espacios de ensayo-error, de historias nunca antes escritas, de lecturas compartidas, un extenso “hilo de Ariadna” en el laberinto de los plazos de entrega y las tareas demoradas o suspendidas, que nos permitieron sostener nuestras producciones académicas. La vida cotidiana forma parte del fondo de pantalla no disimulado, haciendo del grupo reunido un conjunto de contornos porosos y amorosos.

La vida cotidiana forma parte del fondo de pantalla no disimulado, haciendo del grupo reunido un conjunto de contornos porosos y amorosos.

La propuesta es sencilla y a la vez desafiante: compartir un espacio virtual para trabajar en las tareas de escritura e investigación específicas de cada cual, pero con el semblante de las compañías. Retomamos una técnica conocida como “Pomodoro” o “Tomate” como nuestro ritual: cada reunión en “la oficina” dura varios bloques de 60 minutos coordinados por un equipo de facilitadoras. Dedicamos los primeros 10 minutos a presentarnos y contar la tarea prevista por cada una. Trabajamos concentradas/es con los micrófonos apagados y, en lo posible, las cámaras prendidas. Así nacieron artículos, resúmenes, ponencias para congresos, clases teóricas, proyectos de investigación ¡y hasta tesis finalizadas! Esta dinámica de trabajo se articuló de inmediato con la práctica feminista de escucharnos en ronda, de compartir nuestros saberes sobre el acto de escribir. A partir de ella surgieron también más redes en función de afinidades y por el intercambio de experiencias diversas de activismos y militancias en las que participamos. En las pantallas nos encontramos con los afectos y la solidaridad feminista.

Los tomates disuelven las diferencias entre los tipos de trabajo establecidos por parámetros patriarcales.

Desde su inicio participaron más de 50 inscriptes de todo el país, y comenzamos a realizar también “retiros de escritura”, encuentros intensivos durante una semana para trabajar en “una sola cosa”, “respetándonos las vueltas y volando sobre el teclado”, donde afrontamos trabajos de largo aliento con apoyo mutuo. Inclusive, los grupos continuaron funcionando en el verano de 2022, revelando de cierto modo la dimensión vital del trabajo colaborativo: “Gracias por estar allí”, “¡Las necesito para trabajar!”

Un tomate

Que la técnica usada en nuestros encuentros se llame Pomodoro tal vez sea más significativo de lo que parece a primera vista. La técnica Pomodoro o Tomate es inseparable de una imagen doméstica: el minutero que accionamos para que la comida no se queme, o para que la torta no se baje. En nuestra oficina, los tiempos domésticos son mostrados como tiempos de trabajo, y los tiempos del trabajo productivo aparecen pautados por el rescate de saberes de la domesticidad históricamente postergados. Los tomates disuelven las diferencias entre los tipos de trabajo establecidos por parámetros patriarcales. Porque, al final de cuentas -recordando a la poeta Hilda Rais-, el trabajo intelectual también es nuestra salsa, y mucho mejor si somos muchas/es para prepararla.

Texto de Luciana di Leone (Universidad Federal de Río de Janeiro- FAPERJ), Natalia Santarelli (CONICET-Universidad Nacional de San Luis), Valeria Venticinque (Universidad Nacional del Litoral) y Claudia Bacci (Universidad de Buenos Aires), integrantes de los “Grupos de Escritura” de AAIHMEG.

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