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Política

Pérez Esquivel: "Es importante que Cristina pueda volver a ser presidenta"

A los 90 años, el ícono de los derechos humanos inaugura su primera muestra de arte. La amistad con Lula y su trágica experiencia en Irak. Sus peleas con la vicepresidenta. Y su esperanza en el movimiento de las mujeres.

Solo cinco argentinos ganaron un Premio Nobel. Uno de ellos es Adolfo Pérez Esquivel, activista, profesor, pintor y escultor, que en 1980 ganó el Nobel de la Paz por defender los derechos humanos durante las dictaduras militares en América Latina. 

En los 70 y los 80 estuvo preso varias veces. En Argentina estuvo detenido 14 meses durante la última dictadura militar y hasta sobrevivió a uno de los vuelos de la muerte, pero también le tocó estar en la cárcel en Brasil y Ecuador. Siempre, por reclamar justicia para las víctimas y por pedir la vuelta de la democracia en Latinoamérica

Adolfo Pérez Esquivel junto a Estela de Carlotto y otras Madres de Plaza de Mayo

Pasaron más de 40 años desde que fundó Servicio Paz y Justicia (Serpaj), un movimiento cristiano que promueve la cultura de la paz y desde ese entonces es una referencia en derechos humanos. Cuando recibió el Premio Nobel, todavía faltaban tres años para que terminara la dictadura y denunció ante el mundo la existencia de miles de desaparecidos y de niños que nacían en las cárceles

Antes de comprometerse con la lucha por los derechos humanos, Pérez Esquivel solía pintar y hacer esculturas. Este año, a los 90, decidió presentar su primera exposición de arte en más de 50 años, donde retrata las tragedias que le tocaron ver y vivir, pero también las grandes alegrías de su vida. 

–A raíz de tu activismo político estuviste preso varias veces: ¿cómo fue esa experiencia? 

–En Brasil la pasé mal en la cárcel. Dos veces me metieron en cana en Brasil, una en el 75’ y otra en el 81’. La primera vez teníamos una reunión con el cardenal Pablo Evaristo Arns, de San Pablo, porque estábamos organizando un encuentro sobre la situación que estaba pasando Latinoamérica en ese momento. Y ahí, en el aeropuerto, me aprehendieron, la policía militar me encapuchó, me interrogaron toda la noche y ponían una radio de gritos, de torturados. El cardenal organizó una marcha multitudinaria para pedir por mi liberación y al final lo logró, pero tuve que salir de Brasil. 

La policía militar me detuvo en el aeropuerto de San Pablo, me encapucharon, me interrogaron toda la noche y ponían una radio con gritos.

Seis años después, Peréz Esquivel fue nuevamente apresado por criticar la Ley de Amnistía, que impedía que sean procesados los autores de los crímenes del régimen militar. Así lo recuerda: "La segunda vez, ya siendo premio Nobel, me detuvieron en San Pablo. Me metieron en un coche, no me llevaron a la cárcel pero sí a una oficina de la policía. Y hasta apareció un senador llamado (Jarbas) Passarinho a visitarme.

Lula estuvo en la cárcel como vos…

–A Lula lo conozco desde los años 70. En ese entonces, era dirigente sindical de la ABC (sindicato de metalúrgicos) en San Pablo. El origen de Lula son las comunidades eclesiales de base con el cardenal Arns. Hacíamos reuniones en la casa de Lula. Hacía muchísimo calor, tocábamos la guitarra y tomábamos caipirinha. En ese entonces, él estaba pensando en organizar un partido político y así surgió el PT (Partido de los Trabajadores). 

Lo bueno de Lula es que logró sacar de la miseria extrema, principalmente en el noroeste de Brasil, a 40 millones de hombres y mujeres brasileños. Hizo una política social con rostro humano, por eso hubo una lucha muy fuerte en la derecha y lo metieron preso cuando estuvo Dilma (Rouseff) en el gobierno.

 

Pérez Esquivel recibiendo el Premio Nobel de la Paz en 1980.

¿Cómo fue la visita a Lula en prisión?

–Fui a visitarlo dos veces cuando estuvo preso. Una con el teólogo Leonardo Boff y otra con Ignacio Ramonet de Le Monde Diplomatique. Ahí pudimos conversar, estaba dolorido pero estaba bien. También tuve una reunión con Dilma en ese momento y los senadores me invitaron a ir al Senado. Nunca di un saludo más breve, les dije: “Ustedes están preparando un golpe de Estado contra la presidenta y son responsables de las consecuencias para el pueblo brasileño”. Claro, se volvieron locos y querían borrar la frase “golpe de Estado” de los taquígrafos. De lo peor. 

Nos juntábamos en la casa de Lula, tocábamos la guitarra y tomábamos caipirinha.

Pasando a la actualidad política nacional, ¿qué opinás del gobierno de Alberto Fernández? 

–Con los años aprendí que muchas veces no se puede hacer lo que se quiere sino lo que se puede y Alberto tuvo muchas trabas de por medio. Le cayó la pandemia, pero la pandemia de la deuda externa que dejó Mauricio Macri. Le dejó una situación económica de mucha debilidad. La inflación es toda provocada, es decir, aquellos que le están haciendo la guerra al gobierno son los que provocan la inflación. 

Tenemos una economía enferma porque es especulativa, no productiva y de un día para el otro aumentó el dólar. Eso no puede ser. Es un golpe que le están haciendo al gobierno de Alberto. Además, una cosa es hacer un gobierno de contención y otra, hacer un gobierno de transformación. Alberto tiene que pensar más en profundidad y avanzar hacia la transformación social, política e industrial del país. El caso de Vicentin, por ejemplo: tendría que haberla expropiado. Tiene que tener mano firme (no mano dura). 

Me peleé muchas veces con Cristina. Pero es una estadista y una mujer valiosa.

¿Te gustaría que Cristina vuelva a ser presidenta? 

–Me peleé muchas veces con Cristina: por los indígenas, la cuestión de la megaminería, pero creo que hay una cuestión muy valiosa en ella: tiene una mirada más amplia de la situación latinoamericana. Es una estadista: puede cometer errores como todos, pero es una mujer valiosa

Sin embargo, tiene que abrir más el diálogo con sectores sociales porque, muchas veces, tener el poder te pone en una posición muy cerrada. Por eso, hay que abrir el diálogo y saber escucharSería importante que Cristina pueda tener la posibilidad de llegar nuevamente a la presidencia

¿Qué te parece el fenómeno de Javier Milei?

–Creo que el crecimiento de Milei tiene que ver con la propaganda. Han levantado una figura que realmente no tiene ninguna base y que es un disparador de todas las aberraciones de la derecha, como decir que cada uno tiene la libertad de vender sus órganos: transformar al ser humano en un objeto y no un sujeto. Toda su visión de la economía tiene que ver con privatizar las escuelas y las universidades. Milei es una desgracia más que se suma a la pandemia. No sorprende que se junte con Patricia Bullrich y con Macri. 

Milei es una desgracia, no sorprende que se junte con Bullrich y con Macri. 

Uno de mis nietos va al Colegio Nacional de Buenos Aires y él me dice que muchos de sus compañeros apoyan a Milei. Muchos jóvenes lo apoyan y eso es preocupante. Con Bolsonaro pasó lo mismo: ganó en muchas favelas. 

¿Creés que tiene chances de ser presidente, como Bolsonaro hace cuatro años? 

–No creo, pero posiblemente va a crecer en el caudal de votos porque, si no hay conciencia de la situación del país, puede suceder

Pérez Esquivel visitó dos veces en la cárcel a Lula.

–¿Qué pensás de los movimientos sociales actuales y la discusión por los planes sociales?

–Creo que muchas veces la asistencia es necesaria, ahora el asistencialismo no lo es. Eso es perjudicial. Si no se generan puestos de trabajo, si no se comienza a pensar distinto, es algo que no va a funcionar y va a hacer crisis. Por eso estuve proponiendo, junto con un grupo de empresarios, la reforestación del país. Eso generaría puestos de trabajo en cada provincia y evitaría que la gente tenga que venir a Capital. Ahora, muchos de los movimientos sociales son víctimas de los punteros políticos y en eso hay que tener cuidado. 

¿Lo dice por políticos como el “Chino” Navarro?

–No, él tiene un sentido social, así como también Emilio Pérsico. Lo digo por los que especulan con la gente, los que sancionan a los que no van a la marcha o se les retira el subsidio. No corresponden esas cosas porque es especulación y se victimiza a la gente más necesitada. Es necesario que aquellos que lo hagan, lo hagan por militancia, no por otra cosa. 

¿Qué movimiento se destaca ahora en Argentina? 

–Tengo mucha esperanza en el movimiento de las mujeres. Las mujeres vienen trabajando y luchando hace muchos años y han logrado cambios a través de una lucha no violenta. Hay un avance muy grande, yo lo veo en los campos de investigación científica. Un ejemplo es una persona que yo quería mucho y he acompañado, Alicia Moreau de Justo, que fue una de las primeras médicas de la Universidad de Buenos Aires y hoy hay muchísimas mujeres en la Facultad de Medicina. Todo va cambiando y las mujeres van participando cada vez más en lo social y en la política. Creo que las conquistas de las mujeres son muy importantes y hay que estar atentos porque pueden producir grandes cambios de pensamiento. 

Estuviste en la guerra de Irak ¿cómo fue esa experiencia?  

–Me llamó el Premio Nobel de la Paz de Irlanda del Norte (John Hume) y me dice: “Estamos organizando con el Fellowship of Reconciliation (Movimiento Internacional de la Reconciliación) un viaje a Irak. Vamos a llevar un cargamento simbólico de agua porque después de los bombardeos, el agua está contaminada con radiación". Entonces fuimos junto a John, un jesuita estadounidense y una periodista británica. No había avión para llegar a Bagdad por el bloqueo de Estados Unidos, entonces nos reunimos en Amán, Jordania. Fuimos por carretera e hicimos 2 mil kilómetros de desierto. Fue una experiencia tremenda para mí. 

Pérsico tiene sentido social.

Cuando llegamos, Bagdad era una ciudad devastada: saquearon todo. Fuimos al hotel Sheraton, que estaba casi destruido, nos dieron una habitación con una sola bombita y no había casi comida. Esa primera noche tuve todas las pesadillas. A la mañana siguiente, íbamos a salir para llevar el cargamento de agua a un hospital que había sido destruido y en la puerta del hotel nos encontramos con una mujer musulmana, Ajamila, que quería que la acompañemos a un refugio de niños que había sido bombardeado. Esta mujer se salvó porque había salido a lavar la ropa de los chicos y cuando volvió los habían matado. Habían tirado dos bombas inteligentes por las cañerías y mataron a 600 niños junto a sus madres. Cuando llegamos había escarpines, ropita de los chicos, dibujos…  

–¿Qué sentiste en ese momento? 

–Hicimos un círculo, nos tomamos de la mano y oramos. No entendíamos lo que decían los otros porque hablaban en su propio idioma, pero sí había una fuerza espiritual tremenda. Yo dibujé ese momento que me afectó mucho porque vi en la pared la silueta… Cuando explota una bomba, la gente se desintegra pero queda grabado en la pared como un negativo fotográfico. Eso lo vi en Hiroshima y lo vi en Pakistán. Es terrible, pero fui porque quise dejar un testimonio.

Después de todo lo que pasaste, ¿qué significa para vos la democracia?

La participación social. Para mi, la democracia no es poner el voto en una urna. Una democracia significa participación, derecho público y revalorizar los derechos de las personas y de los pueblos. Todavía tenemos un largo camino por recorrer y creo que tenemos que seguir aportando a la consciencia social y política. Hay mucha gente que dice: "no, no voy a participar en política" o "hay que controlar los grupos sociales necesitados". Hay que tener claridad con esto: una democracia significa derecho de igualdad para todos y todas. Por eso, pongo mucha esperanza en el movimiento de mujeres.

La muestra de arte de Pérez Esquivel, "Senderos de arte de ayer y de hoy", se encuentra abierta al público en el Museo Lucy Mattos, en la localidad bonaerense de Béccar.