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Columnistas

“Un paso atrás, no me toques”: ponerle fin a los pogos machistas

pogo

Cuando era chica e iba a recitales, a Yesica Prado siempre le daban el mismo consejo: que no se metiera en los pogos porque la iban a “manosear”. Al igual que una gran parte de la sociedad que creció con esa idea, se le fijó que el pogo era un lugar para varones. Hasta ahora. Hace algunos meses, en abril y en las vísperas de algunas fechas de La Renga, banda de la que es fanática, decidió materializar un proyecto que tiene dos objetivos: por un lado, recopilar testimonios y compartir experiencias de las vivencias de mujeres y disidencias del público en los shows. Por otro, generar espacios de sostén, contención y acompañamiento frente a situaciones de abuso en esos lugares.

Yesica es estudiante del Profesorado de Artes Plásticas en la Universidad de La Plata y milita en la organización Insoportablemente Vivas de la misma ciudad. Cuando empezó a pensar este proyecto se cruzaron ambas cosas. En una materia le habían pedido hacer una propuesta participativa en donde debía convocar a una determinada cantidad de personas que recibieran algo y, a su vez, desde la agrupación venían craneando una “previa de pibas” para guiar, alojar y contener a quienes iban solxs a los tres recitales que tenía programados La Renga.

Empezó con un método que los feminismos saben que funciona: abrir experiencias y armar redes. Para visibilizar las situaciones de acoso y abuso vividas, fue recopilando y publicando testimonios en un Instagram que llamó “Un paso atrás, no me toques”. Rápidamente hizo un boom y, al parecer, a algunos varones también los interpelaba. Al poco tiempo de comenzar, La Renga compartió su página y más tarde las mencionó arriba del escenario.

El estallido

Desde que te toquen sin consentimiento hasta que te sigan en las calles aledañas a un show porque estás sola: casi todas las mujeres e identidades disidentes que fueron a un recital vivieron alguna de estas experiencias.
“Un pibe me sube a sus hombros para un temazo. Se cansaron de manosearme (todo) varios que estaban atrás. Yo diciendo basta, a los gritos, ellos riéndose”. “Me genera mucha bronca que en los recitales que he ido con mi compañero y estoy con él no pasa nada. Ahora, me he separado de él por minutos y no falta el gil que aprovecha para venir y tocarte”.

Estos son solo ejemplos de los miles de testimonios que llegan a “Un paso atrás, no me toques”. Leyendo estas denuncias, quienes forman parte del colectivo se dieron cuenta de que eran lo mismo que ellas viven hace 10 o 15 años: así entendieron que había algo en común y que los pogos son un lugar machista.

Foto: Mariela Rammetta.

“Somos un género que también puede estar presente en el pogo y no con la necesidad de ser oprimida por el género masculino, que siempre se creyó superior. Nos dimos cuenta de que había algo que nos hacía ruido y que ya no tenía que ir más. Hay mujeres de 40 años que nos escriben felicitándonos, emocionadas, porque esto pasa hace más de 20 o 30 años y siempre lo naturalizamos: nosotras y las personas que nos violentan o nos abusan. Se creen que el pogo es un lugar de hombres y que tienen derecho a ver a las mujeres como un objeto”, señala Prado a Diario Con Vos.

Sin perder de vista la forma en que nació el proyecto, anclado en lo artístico, decidieron intervenir pañuelos y remeras como símbolo para saber a quién recurrir frente a una de estas situaciones en un recital. Por otra parte, en los encuentros que realizan para poner en común estas vivencias y hacer previas entre mujeres, también pintan murales, banderas y ropa. “Nos interesa mucho que no se pierda la visibilización a partir del arte. Que todas las pibas puedan tener un contacto con los procesos artísticos nos parece muy interesante, por eso siempre aspiramos a las jornadas artísticas”.

Los otros grandes pilares que están construyendo en torno a la organización, además de promover redes de sostén y contención y movidas artísticas, tiene que ver con la militancia feminista y social. Hace poco empezaron a dividirse por zonas para detectar qué necesidades hay en cada una para llevar adelante colectas y donaciones para comedores y otros espacios.

El rol de los varones

De la escuela que decía que, si sos mujer y vas a los camarines, “sabes lo que te va a pasar”, nació también la idea de que “si te metés al pogo, sabés que te van a tocar”. Pero al igual que otros ámbitos, el feminismo vino a cambiar esas “reglas”. Y ahora milita también por un “pogo de las pibas”.

“No queremos evitar que nos empujen o nos abracen porque sabemos que eso es propio de la euforia o de la adrenalina que te genera ver a tu banda, pero eso no habilita que uno se ponga violento o quiera tocar pibas: eso no nos entra en la cabeza”, asegura la propulsora del movimiento.

Algunos la escucharon. Apenas surgió la agrupación, Chizzo Nápoli, cantante y líder de La Renga, paró un show para contar sobre el proyecto y pedir que respeten a las mujeres en el pogo. Antes, la banda había compartido la página en sus redes. A ellos se sumaronLos Gardelitos, que fueron un paso más allá: las invitaron a subir al escenario para contar por qué hacían esto.

Si bien desde “Ni un paso atrás, no me toques” se comunican con las bandas y los músicos por todos los medios que encuentran, hasta el momento nadie más respondió. Por eso apelan a que empiece a replicarse a otros espacios y grupos para que se vuelva verdaderamente masivo.

Pero no solo la palabra de un ídolo o ídola alcanza. Para que realmente pueda haber un cambio, se necesita que quienes suelen ser los violentos también cambien. Cuando hombres les escriben para preguntarles qué hacer para sumarse a la movida, les responden algo que parece básico, pero no lo es: que dejen de hacer la vista gorda, que cuando vean a una chica en un estado vulnerable o en una situación de acoso se metan, y no generando más violencia sino acompañándola a buscar a otra chica que pueda ayudarla.

“Más allá de que nosotras lo digamos, lo repitamos, nos subamos a un escenario, creo que recién esto se puede empezar a deconstruir y a construir un lugar del pogo mejor si los pibes reciben eso y tratan de replicarlo”, explica Prado y concluye: “No digo un pogo tranquilo porque por ahí es medio contradictorio, pero donde nosotras podamos ocupar ese lugar con libertad y seguridad sin tener que estar pendiente de que no te toquen o no quieran abusar de ninguna piba. Es demasiado injusto que hoy, 2022, tengamos que seguir lidiando con pensar y planificar una banda de cosas y no poder actuar libremente y disfrutar de lo que nos gusta sin estar pendiente de todo esto”.

Fotos: Mariela Rammetta.