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Columnistas

Políticas del cuerpo en clave de género y derechos humanos

¿Cuál es la conexión entre el movimiento Ni Una Menos contra la violencia de género, la Marea Verde por el derecho al aborto y las demandas de justicia en torno a los delitos sexuales del terrorismo de estado?

Por AAIHMEG

¿Cuál es la conexión entre el movimiento Ni Una Menos contra la violencia de género, la Marea Verde por el derecho al aborto y las demandas de justicia en torno a los delitos sexuales del terrorismo de estado? En los tres casos, el cuerpo o más bien los cuerpos (en plural) están en el centro de la escena, conectando cuestiones de género y derechos humanos. Seguir la pista de los cuerpos, y de las políticas que los regulan, permite trazar una genealogía de luchas que vinculan presente y pasado. Estas demandas de cambio han interpelado al estado y a la sociedad acerca de las múltiples violencias que convergen en los cuerpos de las mujeres y de las personas LGBTQ.   

En la intersección de estas temáticas confluyen la memoria social del terrorismo de estado y las luchas feministas contemporáneas. El aborto y la violencia de género han sido asuntos candentes en los últimos años, pero también están permeados por historias políticas y memorias colectivas de más largo plazo. Asimismo, las intervenciones feministas actuales afectan la interpretación del pasado y han permitido que mujeres que sobrevivieron la represión estatal, incluyendo la violencia sexual, pudieran revisitar sus experiencias en un contexto más propicio para abordar cuestiones de género previamente silenciadas.  

¿Cuál es la conexión entre el movimiento Ni Una Menos contra la violencia de género, la Marea Verde por el derecho al aborto y las demandas de justicia en torno a los delitos sexuales del terrorismo de estado?

Durante un evento en la ex ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada) este año, una sobreviviente que había estado allí secuestrada durante la última dictadura recordó: “la tortura, no creo haber sido la única, pero yo estaba embarazada y perdí un embarazo […] Eso acá mismo”. Luego agregó: “A mí me abusaron de chica y me violaron de grande, afuera, también. O sea… Eso para ejemplificar que el mundo era absolutamente machista, en ese momento, afuera y adentro de la Escuela de Mecánica de la Armada.” El relato se desplaza entre el interior y el exterior del centro clandestino, entre la violencia bajo un estado de excepción y la violencia aparentemente ordinaria de la vida “normal”.

Hace décadas que el feminismo en Argentina viene denunciando la violencia de género. Sin embargo, desde el 2015, una poderosa expresión de esta demanda ha sido el movimiento Ni Una Menos. Uno de los lemas difundidos, #VivasNosQueremos, repudia la persistencia del femicidio y las desigualdades de género que lo posibilitan. Las conversaciones públicas y privadas que suscitó el movimiento, y la expansión del feminismo en general, especialmente en relación con el derecho al aborto, también ayudaron a crear nuevos espacios para el reconocimiento de la violencia sexual que sufrieron las mujeres en el contexto del terrorismo de estado.

Un ejemplo es la exposición “Ser mujeres en la ESMA: Testimonios para volver a mirar”, inaugurada en el 2019. El Museo Sitio de Memoria ESMA fue reinterpretado para visibilizar las experiencias de las mujeres que estuvieron allí detenidas-desaparecidas. Alejandra Naftal, entonces directora del Museo, explicó que la muestra respondía a la “interpelación del presente hacia el pasado”. Y el Centro de Estudios Legales y Sociales, involucrado en una segunda versión de la muestra en el 2022, remarcó: “Ese espacio propiciado por el Museo sirvió de encuentro para las sobrevivientes y permitió reflexionar desde una perspectiva feminista sobre las violaciones a los derechos humanos que padecieron durante su detención”.

El interés que suscitó la primera muestra alentó a ahondar en la temática, incluyendo preguntas sobre cuestiones menos abordadas, como las experiencias de personas trans, así como también un diálogo ampliado. Asambleas presenciales y online con una multiplicidad de personas abonaron la segunda exposición: “Ser Mujeres en la ESMA II: Tiempo de encuentros”. Los testimonios de las sobrevivientes fueron esenciales en ambas versiones y entraron en diálogo con las ideas de un movimiento feminista vibrante que apunta a las políticas del cuerpo: el cuerpo como espacio marcado por las injusticias, pero también como herramienta y territorio de resistencia. En el contexto de estas muestras, referencias a la lucha por el derecho al aborto surgieron en las conversaciones, fueron mencionadas por feministas jóvenes y se vislumbraban a través de símbolos en los cuerpos de algunas participantes en 2018—como el pañuelo verde por el derecho al aborto. También aparecían en imágenes de movilizaciones feministas y de mujeres, incluyendo fotos de activistas de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito.

Los testimonios de las sobrevivientes entraron en diálogo con las ideas de un movimiento feminista vibrante que apunta a las políticas del cuerpo como espacio marcado por las injusticias, pero también como herramienta y territorio de resistencia.

De la mano de la Campaña, el movimiento por el derecho al aborto ganó un fuerte impulso durante las últimas dos décadas. Sus emblemáticos pañuelos verdes—reminiscentes de los pañuelos blancos de Madres de Plaza de Mayo e inscritos en ese linaje activista de mujeres—han sido ampliamente reconocidos y adoptados. La Campaña, que precede al Ni Una Menos, también se potenció con esa energía y ambos movimientos operaron de manera sinérgica, con cruces significativos. Por ejemplo, Ni Una Menos adoptó una concepción acerca de la violencia que incluye el daño y las muertes por abortos clandestinos, denunciando al estado como responsable. El activismo por el derecho al aborto también integró referencias a Ni Una Menos, tales como “Ni una menos por aborto clandestino, yo voto por el Aborto Legal.” Ambos movimientos adquirieron una masividad y visibilidad difícil de ignorar, afectando tanto la esfera de la vida privada como la de las políticas públicas. De hecho, en el 2018 la Marea Verde logra el primer debate parlamentario para legalizar el aborto, y aunque la ley no pasó en esa oportunidad, finalmente el Congreso aprobó la legalización en diciembre del 2020.

Junto con los movimientos, saberes e intervenciones feministas en el ámbito de la justicia nacional e internacional, también se logró incorporar a lo largo de los años una perspectiva de género en el marco de los juicios por crímenes de lesa humanidad. Esto animó a juzgar la violencia sexual del terrorismo de estado en su especificidad, y no simplemente subsumirla bajo la tortura. Desde la reapertura de juicios en el 2006, un 15% de las sentencias por crímenes de lesa humanidad incluyeron la violencia sexual. En este tipo de juicios, hubo condenas por al menos dos casos de abortos forzados asociados con la represión estatal.

Considerar conjuntamente el sufrimiento por abortos forzados en el terrorismo de estado o por la clandestinidad del aborto en otros contextos de ilegalidad puede resultar discordante—no son lo mismo. Sin embargo, lo que el feminismo reclama es que las personas tengan libertad para decidir sobre sus cuerpos, ya sea para gestar, continuar o interrumpir un embarazo. Una vida libre de violencias es una demanda central de los feminismos, que se expresan en las protestas callejeras, se asoman en conversaciones familiares, generan nuevas producciones intelectuales y artísticas, y se filtran en los tribunales, el Congreso y otras instituciones del estado. Individual y colectivamente, van delineando caminos hacia una mayor justicia social y plena vigencia de los derechos humanos.

Texto de Bárbara Sutton, profesora y directora del Departamento de Estudios de Mujeres, Género y Sexualidad en la University at Albany, State University of New York, y miembro de Asociación Argentina para la Investigación en Historia de las Mujeres y Estudios de Género.

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