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Cultura & Espectáculos

Michel Peyronel, baterista de Riff: "L-Gante es menos sexy que Tarzán con medias"

La modestia no es su fuerte. A los 64, pretende que su grupo Humanoides Disidentes sea "la mejor banda de rock de la ciudad". Y cree que "en Francia la rompería". Sus anécdotas con las chicas Playboy en Estados Unidos. Y el miedo que sintió el día que Pappo se peló con DJ Deró.

A 50 años de haber empezado su carrera artística durante su estadía en Francia, Michel Peyronel se siente “a punto nieve” y con fuerza para presentar mañana jueves 9 el disco Nuevo Rock, un trabajo “made in pandemia” que hizo con su grupo actual, Humanoides Disidentes. El baterista Riff recibió en su casa a Diario Con Vos para una charla que va desde su repulsión por la música de moda hasta su obsesión con el futuro.

En el living, Peyronel expone algunos discos de vinilo y fotos, como una de Norberto "Pappo" Napolitano, con quien compartió una década larga en Riff. También hay premios, como uno ganado por su labor como productor, y un Martín Fierro que obtuvo por su trabajo como director artístico radial.

Peyronel fue baterista de Riff durante casi toda la historia de la banda, salvo un período en el que lo reemplazó Oscar Moro, que había pasado por Serú Girán. Además, aportó con la escritura de las letras de muchos de los temas más conocidos de la banda y también cantaba. Por otra parte, fue productor de bandas como Los Violadores, Attaque 77 y Virus.

Con la música pasa como con la cocina: es muy difícil sacar algo mejor que lo que metiste en la cacerola.

Tras la separación final de la banda en 2005 por la muerte de su mítico líder, el multifacético artista pasó por distintos grupos. Hoy, a los 64 años, apuesta fuerte a su última formación, con él en voz principal y batería, su hijo Jean-Jacques y Art Rodríguez en las guitarras, Capitán Ded en el bajo y Lucky Luke en la batería (cuando Michel se dedica solo a cantar).

La formación original de Riff: Vitico, Pappo, Serafine y Peyronel.

Nuevo Rock es un disco que está superando mis expectativas por la repercusión que está teniendo, por lo menos en gente que tiene que ver con la música. Gillespi me confesó al aire que puede ser el disco del año…”, empezó orgulloso el alma del grupo, que empuja tanto desde atrás de la batería como cantando, escribiendo y hasta como productor. 

—¿Cómo fue el proceso de formación del disco?

—Salió bárbaro... fue medio a los tumbos porque gran parte lo grabamos acá en mi casa. Me pareció muy loco poder grabar en mi casa cuando empezó la pandemia. Tengo un lugar bastante equipado, y logramos un sonido al nivel de cualquier estudio, ahí arriba. Teniendo un poco el know how y las ideas para grabar, podés hacerlo. El secreto es tener buenos instrumentos. Con la música pasa como con la cocina: es muy difícil sacar algo mejor que lo que metiste en la cacerola.

Concepción del rock y la música actual

—¿Qué es el rock para vos?

— El rock es un sentimiento, un estado de ánimo, una actitud que nació junto con esos acordes, esa forma, ese ritmo que es mágico. Justo me pasaron un video re antiguo de Chuck Berry –debe ser de las primeras veces–, de él tocando "Johnny B Good". Ahí están los primeros acordes del rock. Me llevó a un grado de excitación único. El rock en sí fue ese modo de sentir la vida. Yo veo todo en plan rock.

—Pero antes tocabas piano clásico

—Sí. Hoy me sirve para escribir, pero no toco mucho. Cada tanto, todavía tengo una buena mano. Era muy exigente el profesor, era una tortura. El rock empezó a los 15 años, cuando empecé a tocar la batería y a escuchar a los Rolling Stones, los Beatles y demás. Al mismo tiempo empecé a escuchar mucha música soul. Eso me arrancó la cabeza, lo que más me pegó de chico. De alguna manera, tengo una forma de tocar la batería y de sentir la música por ese lado. Yo decía siempre que si volviera a nacer, me gustaría tener la voz de Jack Bruce y la guitarra de Eric Clapton.

Si volviera a nacer, me gustaría tener la voz de Jack Bruce y la guitarra de Eric Clapton.

—Definiste el rock, ¿Qué es entonces el nuevo rock?

—"Nuevo Rock" vino a raíz de que se dice que el rock está muerto y que ahora es el trap y el reggaetón. Y hay nuevo rock. Rock actual, y nuevo. La letra de esa canción (que le da el nombre al disco) es totalmente actual, porque es sobre una relación, un mal romance de ahora. El tipo tiene un romance con una chica que es todo a través del celular, las redes. Es el celular el que lo llama a él directamente.

—¿Cómo te llevás con todo ese mundo virtual?

—No uso muchas redes, solo Instagram. Hay veces que me la paso mirando reels. Hay cosas buenísimas, de motos, de música, cada tanto descubrís algo como el video de Chuck Berry. No tengo ninguna historia con las redes. Pero a veces hay gente que se va al carajo. En vez de hablar se mandan audios, parece que no les interesara la conversación. Ya no podés llamar a alguien que no llamaste nunca sin avisar primero por mensaje.

—Mencionaste el trap, ¿Qué pensás de la música actual?

—Me parece aburrida la música de ahora. Me parece poco sexy. El rock y el soul eran sexy: la música era sexy y la actitud también. Parece que el sexo no interesa tanto hoy. L-Gante es menos sexy que Tarzán con medias. No entiendo como se pueden enganchar con estas cosas. 

La música de ahora me parece aburrida, poco sexy. El rock y el soul eran sexies.

—Me hacés acordar a Pappo diciéndole a un DJ que se consiguiera un empleo honesto. ¿Qué pensaría él hoy?

—Lo vi en directo ese programa, me reí tanto.... En un momento dije "uy, lo va a matar". Lo he visto pegarle un sopapo a uno frente a mí por mucho menos. Se ve que Repetto lo calmó en el corte porque el otro ya tenía esa cara de monstruo, que yo ya sabia que se venía la piña. Y no, muy contento no estaría hoy.

—Me decías que el rock era sexy...

—Una de las cosas que aparecen cuando uno se mete en la música son las chicas. Y en Estados Unidos es muy real todo eso. Fuimos de gira con Tarzen (grupo español que conformó entre 1985 y 1990) y otras bandas, y cada vez que llegábamos a los estadios venían al camarín unas chicas que decíamos "se habrán equivocado, no nos van a dar bola a nosotros". Eran página central de Playboy, una onda de minas que no existen… Pero existen, son reales y nos decían “hey guys you want to party”?, y nosotros "yes, yes, we party" (risas). Pero era sano, algo divertido. Más allá de esto, que es medio básico, siempre la he pasado bárbaro con el rock.

Fuimos de gira a Estados Unidos y venían al camarín unas chicas onda página central de Playboy. Y nos decían “Hey guys, you want to party?".

—Pero hoy cambió y algunos creen que el rock murió.

—Hay gente que me compara lo que pasa ahora con el rock y lo que pasó con el tango. No tiene nada que ver, ni en pedo. No tenés ese lloriqueo o lamento, es todo lo contrario: para arriba mal. Coldplay hace diez River: por lo menos hay gente que le gusta esto, que es buen pop. La música tiene que ser buena. La Renga también, dos Huracán. Entonces digo "no está todo perdido". Lo que falta quizás son bandas más nuevas, como nosotros, pero tenemos la ventaja de que estoy yo. Los pendejos no vienen mucho, pero sí nos descubren mucho: no son todos jovatos nostálgicos. Tenemos mucha escucha de "Que sea rock", más de 30 millones. Estoy cobrando regalías, que en mi vida cobré: más de 100 dólares por mes.

—¿Y por qué crees que faltan bandas de rock?

–Yo trato de tener una mentalidad competitiva, aunque no haya mucho con quien competir. En Argentina no hay una mierda de eso. No existe ni existió una escena del rock como existía en Inglaterra. Me gusta pensar que Riff fue una banda de esa categoría, pero que estaba acá. Hubo movidas lindas, pero nunca un movimiento de alto vuelo como en Inglaterra o EE.UU. Yo le intento meter esta impronta de competitividad. Si me preguntás que quiero, quiero que seamos la banda más importante de la ciudad. Así de corta.

No tengo una voz increíble, pero me gusta mucho. Tampoco soy muy virtuoso con la bata...

—En el disco también haces covers, como "Non, je ne regrette rien" de Edith Piaf...

—Le mandé ese tema a mis ex compañeros de la banda de Francia y flashearon todos, impresionados con el sonido y con mi voz. Es como si alguien de afuera se metiera a hacer una versión de "Mi Buenos Aires querido". Siempre la tuve en mente, y tuve la idea de hacerlo con ese groove tipo funk metal, algo medio Led Zeppelin, pero más crocante, no tan pesado sino más moderno. Si lo promocionara en Francia la rompería, estoy seguro. Ahí pelé productor, una producción que quedó bárbara, modestia aparte.

—¿Cómo conviven todas esas facetas artísticas? Productor, compositor, cantante, baterista...

—Trato de dosificar. Me gusta hacer todas, pero muchos temas los escribí de una manera que después me olvidaba que tenía que cantar y tocar a la vez. Si hacés eso, alguna de las dos va a sufrir. Y eso no debe ocurrir. Sé que no tengo una voz increíble, pero me gusta mucho y tiene que ver con la onda y el estilo que le mete uno. Uno no tiene talento para todo, pero se construye. Tampoco soy muy virtuoso con la bata, pero me gusta que suene de una manera particular. El groove es esencial. Por eso costó mucho encontrar un baterista que entienda para donde va la música que hacemos. Luke lo entendió, Ded también. Son músicos muy firmes, muy power.

Su visión del futuro

¿Por qué se llaman Humanoides Disidentes?

Venimos del futuro en realidad. Yo tengo un tema para viajar en el tiempo, y vengo del futuro. No es gran cosa, es como ahora pero mucho peor. Es un futuro distópico. Yo me siento un hombre del futuro. Siempre leí mucha ciencia ficción, siempre pensé en el mañana. Ahora vivo en el mañana, y lo mismo los chicos de la banda. Creo que el futuro de la raza humana es humanoide, no es más humana. Estamos llegando a un punto donde necesitamos que la raza humana evolucione en unos sentidos que no nos puede dar la velocidad normal de la evolución.

Peyronel junto a su hijo Jean-Jacques (derecha) y Art Rodríguez (izquierda)

—¿Cómo sería eso?

—El escritor Yuval Noah Harari, que tuvo algunas predicciones que le erró, vaticina un futuro donde la evolución como que ya pasó: hay que evolucionar de otra manera, porque no vamos a llegar a las estrellas así como estamos. Tenemos que hacer algunas modificaciones para bancar la radiación, por ejemplo. Elon Musk está hablando de meter un chip en la cabeza, y no me parece nada mal. Nosotros somos parte de la evolución. No es solamente algo "divino", la raza humana puede tallar en lograr acelerar ese proceso y ser habitantes del universo.

Yo tengo un tema para viajar en el tiempo, y vengo del futuro. No es gran cosa, es como ahora pero mucho peor.

—¿Te parecería bien que en el futuro seamos humanoides?

—No es que me parezca bien o mal, es inevitable. Yo tengo una articulación totalmente robótica, y lo muevo y todo. Me habían dicho que iba a perder la movilidad y que no iba a poder tocar más la batería. Y el médico me puso algo móvil de acero y polietileno. Me sacaron las articulaciones enteras, y anda bastante bien. Si te dicen que podés evitar tener cáncer cambiando algunas piezas, ¿qué preferís? O si podes vivir más tiempo, pero bien de la cabeza, el físico…

—Hace 40 años hablabas de esto en "Pantallas de un nuevo mundo". ¿Es como lo que te imaginabas en esa época?

Me decepcionó mucho el futuro. Uno tenía esperanzas de que hubiera más viajes espaciales. Con la llegada del hombre a la luna en el 69, parecía que íbamos a empezar a viajar a Marte. Y no pasó nada, habrá dejado de ser negocio.... Ahora están de vuelta apuradísimos con la carrera espacial. El futuro no sé, pero el presente pinta bastante fulero. ¿Vos te imaginabas una guerra como las de antes? ¿Qué alguien venga a cagarte a trompadas porque quiere un pedazo de tu territorio? Encima en Europa, es rarísimo. Está también la posibilidad de la destrucción nuclear...

—El disco tiene otro tema que se llama "Como si no hubiera mañana"...

—Sería nuestro himno humanoide. Es un poco heavy la letra porque habla de algo muy distópico, y también tiene mucho de político. La tierra prometida… desde que soy pendejo que dicen que ésta es la tierra del futuro, y he visto sucesivas generaciones de políticos que han hecho que esto nunca haya podido despegar. Es un país que está en la cola, lejos, mientras hay países con mucho menos que están allá arriba en todo: productividad, el bienestar de la gente. Acá es una porquería.

—Esta visión de "No Future" es a nivel global y del país, entonces.

—Acá hay un No Future declarado desde siempre. Ojalá me equivoque y en algún momento esto pueda despegar y ser un país lógico. Pero no veo de qué manera puede haber arreglo. Yo estudié economía en Francia. Y Paul Samuelson, un Nobel de economía, decía que trataba de explicarse dos fenómenos inexplicables. Uno es Japón, que es una isla de mierda, clima de mierda, hay terremotos. Así y todo son la segunda economía del mundo. El otro ejemplo que no podía explicar era Argentina. Bendita la tierra que más cosas no puede tener, el campo, el clima, la minería. Y así nos va.

Estudié en el Liceo Naval y me echaron. Volver ahí para mí sería volver a Auschwitz.

—¿De donde sacaste el fanatismo por el futuro y las distopías?

—Empecé leyendo gracias a un profesor de literatura. Como yo me la pasaba en cana, iba mucho a la biblioteca. Ahí empecé a leer, principalmente a Bradbury, que era mas poético, Clark Ashton… un montón. Era una forma de soñar, una forma de escapismo. Más en el Liceo Naval, que vivir ahí era para escaparse. A veces hablo con mis ex compañeros y algunos han vuelto al lugar, y para mí sería volver a Auschwitz. Me echaron y a mitad de año, imaginate lo que era.

—¿Por qué te echaron?

—Amenacé a un cadete superior, un año más grande. Me tenía harto, me vivía encarando. Encima dormía al lado mío. Un día me harté y le dije "te voy a re cagar a trompadas, no te banco más". El tipo salió corriendo y vino después el Consejo de disciplina. Encima yo jugaba en el equipo de rugby, y muchos de mis compañeros eran un año más grande que yo. Me echaron pero seguí jugando un tiempo, y ese pibe no apareció nunca más ahí.

—¿Es verdad que tuviste que estudiar algunos mapas para hacer "Por la ruta 40"?

—Mi profesor de geografía me mandó a marzo un par de veces. Si viviera estaría orgulloso de mí, porque logré meter toda la ruta 40 de sur a norte y de norte a sur, y están en orden. No es que menciono cualquier lugar, está escalonado como va. No fue nada fácil. En "Route 66", en inglés, todos los lugares rockean, suenan a rock. Acá es difícil hacer que Catamarca o Tucumán suenen bien y entren con ritmo. Pero de alguna manera calzó bien, tiene mucho rock y habla de una ruta emblemática. Se me ocurrió en un momento en que habían dicho que la Ruta 40 tenía que ser una marca nacional, que iba a estar asfaltada. Por supuesto, no está ni en pedo toda asfaltada. 

Hace poco en Chaco propusieron crear el Día del Heavy Metal. ¿Qué te parece?

–(Ríe) Qué se yo… cada cosa proponen los legisladores argentinos. Si quien hacerlo… me parece divertido. Lo que nosotros hacíamos con Riff muchos no lo consideran heavy metal, pero mucho de nuestro sonido lo era. Teníamos un estilo propio.

¿Con que se va a encontrar el que vaya el jueves a La Trastienda?

— Vamos a estar tocando el disco nuevo, muchos temas de A toda Mákina, un disco solista mío de los '80 que está remasterizado hace poco y suena muy bien; y vamos a hacer un toco de temas de Riff que nos salen buenísimos. Va a ser una fiesta de rock, va a estar divertido.

Michel Peyronel y los Humanistas Disidentes se presentan mañana 9 de junio en La Trastienda (Balcarce 460, CABA). Las entradas se pueden conseguir en este link o en puerta.

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