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Columnistas

Elefantes en la habitación del show de Cristina en YPF

Hubo reencuentro Pimpinela entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner en el acto por los 100 años de YPF. ¿Cuáles fueron los elefantes en la habitación en ese reencuentro?

Nota: este es el panorama que había escrito para hoy en la mañana del sábado sobre el acto por el aniversario número 100 de la petrolera YPF. Luego, bueno, esto es Argentina y nada dura nada. Pero tampoco lo iba a tirar. Tal vez vale la pena.

Hubo reencuentro Pimpinela entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner. Hubo show de la lapicera. “Te pido que la uses”. Hubo mueca de ella cuando apareció el momento hippie de él con la cita del (me pongo de pie) Flaco Spinetta. Hubo discusión pública sobre cómo tratar a Techint. Hubo nuevas críticas al manejo de los dólares en el Banco Central. Hubo una foto de ambos dándose la mano. Hubo otra foto de ella devolviéndole la birome que él le había prestado. Hubo un recuerdo para Hipólito Yirigoyen por crear YPF en 1922. Hubo celebración de la reestatización en 2012. 

Todo eso tuvo lugar en el acto por los 100 años de la petrolera de mayoría estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales, en la tarde del viernes en Tecnópolis. 

Ahora, es imposible no enumerar la manada de elefantes en la habitación que se podían casi tocar en el auditorio repleto del predio pegadito a la avenida General Paz, mientras los discursos recorrían la historia de la empresa y uno no podía dejar de pensar “cómo se hacen los dolobus”.

¿Cómo no detenerse, por ejemplo, en esa increíble generosidad de la Argentina que hizo que en primera fila estuviera sentado el senador Oscar Parrilli, hoy ventrílocuo de la vicepresidenta, quien el 23 de septiembre de 1992 oficiaba de miembro informante del Partido Justicialista en la Cámara de Diputados para defender la privatización de la compañía? Su alocución, memorable, nos acompañará siempre en la versión taquigráfica de aquella sesión.

"Nos preguntábamos si estábamos traicionando nuestras banderas, si nos habíamos olvidado de dónde proveníamos y si no sentíamos vergüenza por nuestra historia, por nuestros muertos y por todo lo que significa el peronismo en la historia. Por ello debo señalar con sinceridad y profunda convicción que no venimos a esta sesión arrepentidos de lo que fuimos, no sentimos vergüenza de lo que somos y tampoco venimos a pedir disculpas por lo que estamos haciendo". Impresionante nivel de inmolación para defender una medida que consideraba “una bocanada de aire puro que fortalecerá al presidente Menem”. 

Juan Doe al Twitter: "En el Congreso los diputados peronistas a los abrazos  porque lograron la privatización de YPF. Muchos de estos hoy siguen siendo  diputados por el kirchnerismo. Qué país raro
Argentina generosa. Oscar Parrilli, que hizo el discurso pro privatización en los 90, hoy es mano derecha de la vice que hace bandera con la reestatización.

La votación fue un escándalo. El radicalismo denunciaba que se votó sin número. “En un recinto semivacío, la votación finalizó con 119 votos a favor contra 10 negativos”, recuerda una crónica de Laura Serra en el diario La Nación.

Es imposible no enumerar la manada de elefantes en la habitación que se podían casi tocar en el auditorio repleto del predio pegadito a la avenida General Paz, mientras los discursos recorrían la historia de la empresa y uno no podía dejar de pensar “cómo se hacen los dolobus”.

Para consuelo de Parrilli, el entonces presidente que fogoneaba la llegada de la española Repsol y por quién dejó la piel, también se dio vuelta en 2012 y ya como senador votó a favor de la expropiación en 2012: “Estamos en otra época, los tiempos cambian”, explicó, y se atajó: “Me van a dar con un caño, no va a ser la primera vez”. El viernes, nadie lo recordó al difunto riojano: no lo nombraron ni como el peronista que impulsó la privatización; ni le reconocieron su voto diez años atrás, como un peronista de la recuperación para el pueblo.

Magia y dividendos

El otro gran protagonista por no haber sido mencionado ni una sola vez el viernes pasado es el Grupo Petersen, la compañía del ex banquero santacruceño Enrique Eskenazi cuyo ingreso en el capital accionario de la compañía en 2008, propiciado por el entonces gobierno de Cristina Kirchner, se revela como uno de los mayores daños que se le podían haber infligido a la nave insignia del sector energético argentino.

Ustedes eran muy chicos pero Eskenazi consiguió la magia de comprar acciones de una petrolera sin poner plata. Tomó un préstamo que iría devolviendo con los dividendos que generaba la compañía. Barrilete cósmico, de qué planeta viniste, genio, genio, genio. 

El otro gran protagonista por no haber sido mencionado ni una sola vez el viernes pasado es el Grupo Petersen, la compañía del ex banquero santacruceño Enrique Eskenazi.

Definir el nivel de dividendos que se reparte en una petrolera es un tema muy delicado porque si de las utilidades que se generan mandás mucho al bolsillo de los accionistas, podés provocar que caiga la inversión, y sin inversión hay menos producción y también menos búsqueda de nuevos yacimientos, es decir, potencialmente menos reservas.

El viernes no hubo mención a aquél 23 de febrero de 2008 cuando se aprobó el acuerdo entre Repsol y el nuevo accionista que establecía un reparto de dividendos por hasta el 90% de las utilidades

Fue presentado como la “argentinización”, en referencia al ingreso de capitales nacionales como socios de los españoles. Miren lo que fue la progresión del reparto de dividendos que nunca fue objetado por el director en representación del Estado:

  • en 2007, las utilidades fueron 4086 millones de pesos, y se pagaron dividendos por 2360 millones, es decir que se distribuyó entre los accionistas un 57% del total;
  • en 2008, la magia absoluta, se distribuyeron dividendos por tres veces las utilidades, metiéndole a full al reparto de lo que se había acumulado antes en las reservas contables: se giraron $ 9287 millones, el 255% de las ganancias;
  • en 2009, otra vez se distribuyó por el equivalente a 140% de las utilidades;
  • en 2010, contra utilidades de 5790 millones de pesos, se pagó a los accionistas, entre ellos siempre el Grupo Petersen, $ 4444 millones, el 76% del total.

Los datos fueron recopilados de fuentes oficiales por el ex secretario de Energía, Alieto Guadagni, en un trabajo que presentó en 2011, el último año antes de la expropiación. Allí subraya que a nivel mundial, las petroleras reparten en dividendos un promedio del 26% de las utilidades. Y para ser más específico, por caso, ejemplifica que Petrobras giró el 41% en 2008, el 32% en 2009 y el 46% en 2010. El cálculo es que entre 2008 y 2011 las reservas de YPF cayeron por el equivalente a US$ 14 mil millones.

Enrique Eskenazi mantiene su intención de comprar otro 10% de YPF para  alcanzar el 25%
Venta memorable. Antonio Brufau, de Repsol, y Enrique Eskenazi, del Grupo Petersen, en una postal de una operación hoy olvidada por el cristinismo.

Lo loco es que en el mismísimo acto en Tecnópolis, el presidente de YPF, Pablo González, resaltó lo que era el declino en la producción antes de que el Estado volviera a hacerse cargo de la empresa. Más loco aún es que la vicepresidenta hizo referencia a cómo multiplicó Repsol el reparto de dividendos durante su gestión. “En 2011 nos convertimos en importadores netos de petróleo y gas. YPF, por supuesto en manos de Repsol, no solamente privadas, en manos extranjeras”. Y agregó luego: “Entre 2003 y 2011 se triplicaron los dividendos”. Hola qué tal, diría ella misma. El elefante en el auditorio casi nos pisa.
Aunque no la nombren, el recuerdo de aquella operación perdura de todos modos en los tribunales de Nueva York. El Grupo Petersen, que por esas cosas de la legalidad sinuosa había armado sus empresas para hacer la compra de acciones en España y Australia, le vendió los derechos a litigar contra el país por la expropiación de la petrolera a fondos de inversión de los Estados Unidos, que hoy avanzan en un juicio que podría tener sentencia este año. Mientras tanto, hoy el apellido Eskenazi solo aparece en las crónicas del espectáculo, cuando Sebastián, el hijo de Enrique, es citado como el marido de la panelista Analía Franchín.