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Columnistas

Qué querés que haga, la frase que define una presidencia

El drama es cuando te das cuenta de que esa expresión puede explicar toda la experiencia de Alberto Fernández en la Casa Rosada.

Una idea me quedó rebotando en la cabeza después de la entrevista que le hicimos al Presidente el viernes en Y Ahora Quién Podrá Ayudarnos, con Ernesto Tenembaum y Gustavo Grabia en Radio Con Vos. 

Alberto Fernández le está gritando al mundo, con otras palabras, un gran “¿y qué querés que haga?”. Se trata de una fórmula coloquial para responder con una mezcla de autoindulgencia pero también de realismo y un poco de resignación cuando una situación te supera, no lográs resolverla o solo tratás de hacer control de daños.

Aunque no la pronunció, es eso un poco lo que sugiere cuando levanta la voz en el contrapunto que tuvimos sobre la inflación:

- Periodista: Nunca tuvimos desde 1991 tres meses con inflación de 6% en promedio, Presidente.

- Fernández: Y del año 91 hasta acá nunca existió una pandemia, Jairo. Y nunca existió una guerra que te saque el 50% del trigo de los mercados. Y nunca le exportamos a China la cantidad de carne que China hoy nos demanda. Claro, Jairo, no tiene nada que ver. Porque es facilísimo hacer estadísticas con una plantilla Excel. Pero cada plantilla Excel es un momento de la historia.

La verdad, el tipo tiene algo de razón, y no me parece mal decirlo: si la Argentina ya tenía inflación alta y creciente hace una década y media y él heredó el número en 54% en 2019, hay muchas chances de que se le vaya a 65 o 75% si tras una pandemia el problema del costo de vida se volvió mainstream en el mundo, y cuando una guerra lleva las espigas de trigo récord a la tapa de The Economist

Es facilísimo hacer estadísticas con una plantilla Excel. Pero cada plantilla Excel es un momento de la historia.

Alberto Fernández

Sin embargo, también vale pensar si con esa respuesta se acaba la discusión.

Querer no es poder

Porque en un momento te das cuenta que a un “¿qué querés que haga?” honesto en el contexto que le toca atravesar, uno podría responderle sin chicanas: “aunque sea algo podrías hacer”.

Fernández querría subir las retenciones a las exportaciones de trigo para desacoplar los precios internos de la disparada de los valores internacionales. 

Tendría razones: la tonelada se duplicó en una situación inédita, border tercera guerra mundial. Le parece la herramienta correcta. Lo comparte con varios de sus asesores. Y así quedó de manifiesto al aire. Pero no puede hacerlo. Le falta respaldo político en el Congreso, le juega en contra el pasado de la resolución 125 y el conflicto de 2008, e incluso en su propio gabinete también le dan vuelta la cara. Qué querés que haga.

Fernández querría subir las retenciones a las exportaciones de trigo para desacoplar los precios internos de la disparada de los valores internacionales. 

En un problema similar, su ministro de Economía, Martín Guzmán, desearía echar desde hace un año a los encargados del área de Energía, para actualizar la tarifas, segmentar a los usuarios, bajar los subsidios, y en última instancia tener un programa económico más creíble. Pero hasta ahora no lo consiguió. 

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En su momento en abril de 2021 lo frenó el poder que le hacía sentir la vicepresidenta Cristina Kirchner al jefe de Estado. Ahora se lo impide el equilibrio que busca hacer Fernández tratando de imponer su voluntad por un lado pero sin dar señales de ruptura total por el otro.

Y esto puede no ser gratis. De hecho, tras las audiencias públicas, las empresas eléctricas no aún recibieron los nuevos cuadros tarifarios y advierten que así no van a llegar a armar las facturas con aumentos para junio. En el sector del gas se discute si no habría que rehacer las audiencias por vericuetos legales. Además, el fantasma de que todo termine frenado en los tribunales ante un amparo de consumidores esponsoreados por La Cámpora cobra cuerpo. 

También valdría revisar si atado a estos límites, Economía quiso cerrar con el Fondo Monetario Internacional mucho antes pero no pudo hacerlo por frenos internos. Si lo hacía quizás evitaba situaciones límites de reservas y disparadas de la brecha cambiaria a lo largo del año pasado y hasta se ahorraba algunos puntos de inflación, un contrafáctico no muy alocado que permitiría repensar el qué querés que haga omnipresente.

Esa impronta también tiñe al secretario de Comercio Interior, Roberto Feletti, ahora mudado del ministerio de Producción a Economía. Pedaleó en el aire más de dos meses en su intento de arrmar el fondo para subsidiar la bolsa de harina en las panaderías. Lo anunció el 3 de marzo. Hasta el viernes -20 de mayo- no lo había podido hacer. Recién es día se comunicó el primer pago a los molineros que adhirieron al programa “de emergencia”. El propio Presidente contó que los privados no se ponían de acuerdo en articularlo y bueno. “Y qué querés que haga” tamaño Godzilla.

El drama es cuando te das cuenta de que esa expresión puede explicar toda la experiencia de Alberto Fernández en la Casa Rosada. Porque le tocaron pandemia y guerra, es cierto, qué querés que haga. Heredó una deuda monstruosa con el FMI, que lo obliga a discutir cada paso en un marco de escasez de divisas, qué querés que haga. Le pone protección a la industria textil y después te arrancan la cabeza con los aumentos de precios, pero es un problema estructural, que querés que haga. 

Violines en el Titanic

Siempre hay que recordar que todo esto le ocurre a Alberto luego de que aceptó encabezar un engendro electoral como candidato a presidente puesto por la líder del espacio que lo secundaría en la boleta y la administración.

Ahora un pie le pone la traba al otro todo el tiempo en una situación muy delicada de final incierto. Y cuando habla Cristina tampoco está claro qué camino alternativo propondría. No hay plata y está el FMI, grandes diferencias de su recuerdo del pasado. Qué querés que haga.

Una opción, claro, sería por lo menos no hacer giladas. Fernández se enojó también cuando le mencioné la palabra “desconexión”. Le insinué que era medio cualquiera lanzar nuevas imágenes para los billetes y no aprovechar para emitir algún papel de mayor denominación, en plena aceleración de precios. Yo venía marcado por unos mensajes de oyentes con pymes que contaban que los bancos le cobran recargos si depositan billetes de baja denominación. El volumen es un costo para todo el mundo: el inquilino que lleva enormes fajos todos los meses para pagar el alquiler. La compañía que para pagar lo mismo ocupa más espacio.

Le insinué que era medio cualquiera lanzar nuevas imágenes para los billetes y no aprovechar para emitir algún papel de mayor denominación, en plena aceleración de precios

“Sale una ballena y entra San Martín, nada más”, me replicó, y explicó que estaba mezclando cosas distintas. Insisto: para mí el anuncio que está previsto sobre caras y colores que pierden valor segundo a segundo es un carnet de estar en cualquiera

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Próceres por animales. Habrá cambios en los billetes, pero no se sumará otro de mayor denominación.

Es claro que el problema de fondo es la inflación y que llevará mucho tiempo resolverlo. Y también es cierto que desde la oposición la cancherearon cuando les tocó gobernar y dejaron un escalón más alto del que habían recibido. Tiene razón el Presidente.

Pero eso no quita que el billete más grande que tenemos, el de $ 1000, nació en 2017 cuando el dólar valía menos de $ 20 y hoy el paralelo está arriba de $ 200. Para que se entienda más fácil: nuestro papel de mayor denominación casi no alcanza para comprar un queso por salut. Da igual lo que tenga impreso. Hablar de la vuelta de los próceres y la llegada de la paridad de género al papel moneda justo cuando se encadenan los tres meses de mayor inflación desde 1991 es violinismo en el Titanic. Qué querés que haga.

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