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Política

Luis D'Elía sorprende: "Creo que soy judío"

Fanático y vehemente, cree que Máximo Kirchner hace "troskokirchnerismo" y disputa con el "catastrofismo" de los dirigentes más cercanos a Cristina. Por qué la Embajada de los Estados Unidos lo quiere "en cana". Y su amistad con el dirigente al que le pegó una piña en el Obelisco.

Algunos hitos de la vida de Luis D'Elía se destacan por su violencia, tanto la que recibió cómo la que ejerció, y la lucha por encauzarla desde la política. Vivió secuestros, simulacros de fusilamiento, muertes de compañeros, una piña por televisión y la toma de una comisaría, entre otros hechos. Fue de los kirchneristas más acérrimos, y hubo quienes lo consideraron la "fuerza de choque" de los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner.

Hoy es como fue siempre: fanático y vehemente en sus pasiones. Se sigue reconociendo kirchnerista, pero es uno de los defensores más picantes del gobierno de Alberto Fernández dentro del oficialismo, y expresó duras críticas hacia La Cámpora y la propia vicepresidenta. Cree que Máximo Kirchner hace "troskokirchnerismo" y disputa con el "catastrofismo" de los dirigentes más cercanos a Cristina. Además, se queja de que le digan "expiquetero", y afirma que el piquete es una herramienta que, como dirigente social, podría volver a usar. "Nadie le dice exhuelguista a un sindicalista", contrasta.

—Contame sobre la primera toma de tierras de la que participaste.

—La primera toma de la que participé fue la de mi barrio, El Tambo, el 6 de enero de 1986. Yo era docente en la escuela 172, al lado del asentamiento. En 1985, La Matanza es azotada por las inundaciones, y entre 80 y 100 mil personas terminan evacuadas, muchas de ellas viviendo en la escuela. Ahí se empieza a incubar la idea de hacer asentamientos.

—¿Fue la que organizaste con La Negra Thatcher?

—Sí, ahí estaba ella, Ema "Thatcher" Leiva de Torres, por su carácter irreductible. Yo tenía 26 años, estaba con mi mujer y un bebito, Pablo, viviendo a unas cuadras del asentamiento. Teníamos que pelearnos con los Muñoz, una familia que venía de la AAA y era muy pesada. Me asusté y me volví a lo de mi suegra. Entonces la Negra me vino a buscar, me pegó un tremendo bife y me dijo: "Vos fuiste a la escuela, vos podés dirigir esto, nosotros no. Así que vení conmigo". Me fui con ella, y me quedé 40 años ahí.

—¿Cómo terminó ella?

—La mató un Muñoz de una piña, que le generó una contusión cerebral. Estuvo tres días peleando, pero terminó muriendo, pobrecita.

—¿Ahí arrancaste a hacer política?

—No, antes. Fui delegado de la secundaria Número 2 de Haedo, a donde fue Víctor Heredia, por ejemplo. Yo era un "cristianuchi" de izquierda y me horrorizaba cómo nos matábamos entre nosotros, no entendía las discusiones entre las izquierdas revolucionarias. Una vuelta nos agarraron a diez, en 1975, y nos sometieron a un simulacro de fusilamiento. Hicieron como que disparaban, pero no tiraron. La AAA a algunos los mataba y a otros los asustaba. Después del 24 de marzo todo fue muerte.

La toma de la comisaría

—En el 2004, ya en el gobierno de Néstor Kirchner, vos lideraste la toma de una comisaría.

—Sí. Habían matado a Martín "El Oso" Cisneros. Él era un dirigente popular de La Boca, del comedor Los Pibes. Los seis meses previos a su muerte, la Comisaría 24, que manejaba toda la droga de la zona, venía amenazando al comedor. Estaba todo muy tenso. El problema es que el comedor trabajaba al revés de la comisaría. Tenían una tarea educativa, asistencial, para que los pibes no cayeran en la droga ni estuvieran en la calle. La policía los quería trabajando para ellos. Durante seis meses los amenazaron mal. Lo hablé con Oscar Parilli y con Gustavo Béliz, les dije: 'van a matar compañeros'.

—¿Y qué pasó?

—Dos días antes de que lo mataran, Martín me viene a ver a la CTA, y estaba ahí con Víctor De Gennaro. Le preguntamos cómo estaba la cosa en La Boca y nos abrazó, se dio vuelta y se fue. Nunca nos respondió. Dos días después me llaman del comedor, me dicen "mataron a Martín". Salí corriendo para allá, lo encontré en un charco de sangre, con dos patrulleros dando vueltas. Nuestra reacción fue tremenda, los echamos a los patrulleros y arrancamos para la comisaría. Éramos 20 ó 30.

Durante seis meses los amenazaron mal. Lo hablé con Oscar Parilli y con Gustavo Beliz, les dije: 'van a matar compañeros'.

—Y la tomaron.

—Sí. Entramos a la comisaría muy mal, había mucha bronca. Todo el barrio sabía que el asesino era Juan Carlos Duarte, que trabajaba para el comisario Greco, y sabíamos donde estaba. Los policías no lo querían ir a detener, y se armó la gran bronca. Estuvimos como seis horas adentro, sin armas. Solo gritos, puteadas y alguna trompada. Y lo detuvieron a Duarte unas horas después de que nos fuimos. Nos dio mucha bronca porque hacía seis meses que veíamos que podía pasar, lo podrían haber evitado. Cayó Martín como podría haber caído cualquier otro.

Las cinco razones por las que Estados Unidos odia a Luis D'Elía, según Luis D'Elía

—A vos te metieron preso por eso en el 2017.

—Claro. Bueno, en realidad yo termino preso por orden de la embajada de Estados Unidos. Eso está en el Cable 1222 de Wikileaks, punto 4C. Ahí está la orden de Vilma del Socorro Martínez a Mauricio Macri diciendo "quiero a D'Elía preso". 

Preso soy más peligroso.

—¿Por qué?

—Yo soy un tipo molesto para los americanos, les hice muchas cosas. Tienen razón. Cinco razones, de hecho:

  1. Me peleé mal con Douglas Tompkins. Él era un magnate estadounidense que había comprado unas tierras en Corrientes, y tenía alambrada la ruta 6. Yo fui y le corté todo el alambrado.
  2. En la causa AMIA hice fuertes cuestionamientos.
  3.  La pelea contra el neoliberalismo. Fui uno de los fundadores del movimiento piquetero, y lideré el Matanzazo, que significó la demolición del modelo neoliberal. Fueron 19 días de lucha, con 20.000 personas en la ruta 3, diciendo basta de neoliberalismo, desocupación. Y ganamos, después de 19 días de pelea. Sin tirar un solo tiro les hicimos un daño enorme.
  4. Yo armé el NO al ALCA. En la superficie fueron otros, pero el 17 de octubre del 2005 recibí la orden de Néstor Kirchner de ir a La Habana, a organizar, junto a Fidel Castro y Silvio Rodríguez, lo que pasó en Mar del Plata. Y eso los gringos lo tienen anotadito.
  5. Mi trabajo con Kurt Sonnenfeld, que trabajaba en el FEMA -el organismo documental de la CIA-. Él comprobó que ellos sabían lo que iba a pasar el 11 de septiembre del 2001. El entró al Edificio 7 y vio cómo lo vaciaron justo antes de que cayeran las torres. Tiene las pruebas documentales, que se las dimos a los eurodiputados. 

D'Elía afirmó: "Yo soy el peor de todos. ¿Qué otros argentinos trabajaron con Castro y Gorbachov? Por eso los yankis me quieren en cana, pero se equivocan. Preso soy más peligroso".

Una amistad a las trompadas: Alejandro Graham y Luis D'Elía

—En el 2009, vos le pegaste una piña a Alejandro Graham.

—Sí. Me venía gritando "mercenario, negro de mierda", y me saqué y le pegué.

—¿Cómo es tu relación hoy con él?

—Muy buena, realmente. El viernes arrancamos un programa juntos en Radio Cultura, de 12 a 14. Es un muy buen tipo, en las vacaciones pasamos cinco días juntos en su quinta, un muy buen amigo. De derecha, claro, pero me encanta hablar con él, porque hablar con los que piensan como yo me aburre. Y su mujer, Isabel, también es muy buena. A veces, una trompada puede unir a las personas.

A veces, una trompada puede unir a las personas.

En el medio de la entrevista, a D'Elía le sonó el celular muchas veces. Estaba esperando una llamada del equipo de Martín Guzmán por una situación en Misiones, y no atendió a nadie. Excepto a Graham, que le devolvía un llamado previo. Luego de una cariñosa charla, D'Elía siguió: "El juez no lo podía creer. Estábamos en el juzgado y yo le pedía perdón por la piña, y Alejandro me decía que la piña estuvo bien, que él me había dicho ´mercenario y negro de mierda´". Luego, un análisis: "Él es un tipo de guita, con campos, y un buen tipo. Es una vil mentira eso de que los buenos están de un lado y los malos del otro, la vida no funciona así".

El gobierno de Alberto Fernández y la interna del Frente de Todos

—¿Cómo está tu relación con Alberto?

Rara. Venimos de tener muchas diferencias, y hoy hay una amistad. La vida de las personas no es una foto, es una película. Cuando arrancó todo esto, él tenia la cabeza en la concertación chilena, y a la concertación chilena se la llevó el viento de la historia. Por ensayo y error tuvo que ir construyendo otro tiempo, y la relación hoy es muy buena.

—¿Te gusta su gobierno? 

—Sí, es un tipo que escucha, dialoga. Menos mal que tenemos uno que dialoga y no uno como yo, que si estoy ahí no queda uno. Pero hoy, con tanta grieta, tanta división, necesitás un tipo componedor, que dialogue, que entienda. Mirá, Perón en el ´52 tenía el mismo problema que Alberto, 63% de inflación anual. Hizo la ley contra el agio y la especulación, y en tres años la bajó a 0. Pero terminó con un golpe de estado, se tuvo que ir 18 años. Después vino el genocidio, que también fue por disputa distributiva. Tiene que llegar un momento en la Argentina donde crezcamos: que haya ricos, pero que no haya pobres. Este país da para todo eso, y me parece que vamos en buen camino. El gobierno de Alberto se trata de eso. 

Cristina quiso ser la jefa de La Cámpora y no del movimiento nacional

—¿Y con Cristina Kirchner?

Con Cristina no me llevo, no hablamos. En el 2010 ella decidió cambiar toda la transversalidad kirchnerista por La Cámpora, quiso ser jefa de La Cámpora y no del movimiento nacional. 

—¿Cuál es la diferencia?

—Es total.  En el movimiento nacional tenés todas las identidades, todas las organizaciones. Néstor era eso, el jefe de todos. Hoy, lo que era la transversalidad kircherista está de punta con esa mirada. Aníbal Fernández, Agustín Rossi, los Moyano van y vienen pero tuvieron enfrentamientos con Cristina muy fuertes, Emilio Pérsico.

—¿Qué opinás de Juan Grabois? 

—Lo tuve de abogado, pero no me cierra que sea amigo y socio de Pepín Rodríguez Simón y lo reivindique. ¡No, papá, no se pueden hacer esas cosas! Es el tipo que coordinó que nos metieran en cana, que nos espíen. Eso me partió el corazón, porque yo tenía la mejor opinión de ese pibe, y pensé que podía ser mi heredero en todo esto.

—¿Cómo está la situación en los barrios? 

—Es muy buena. Lo hablé con Axel Kicillof hace poco, que está muy catastrofista. Le dije que yo lo quiero y le veo mucho futuro político, pero que su lectura actual es errónea. Estamos en el medio de un boom de consumo popular como no se ve hace muchos años. Él me respondió cómo la inflación se come los salarios. Pero mal estábamos en el 2001, con 23% de desocupados y nadie cuidado por el estado. Hoy tenemos 7% de desocupación y 22 millones de personas cuidadas por el estado. No comparto el catastrofismo camporista. Creo que la situación está muy bien y va a estar mejor. La inflación bajó 0,7% el mes pasado, si mantenemos el ritmo la bajamos a la mitad en tres meses.

—¿Qué te genera a vos el fenómeno Milei, y que pegue tanto en la juventud? 

—No es fenómeno. Es un armado de los buitres de Blackrock, que a través de la fundación Network y Libertad pusieron mucho dinero en su campaña. Hay una multiplicidad de periodistas pagos al servicio de esto. Es la restauración neoliberal conservadora. Él habla de volver a Domingo Cavallo, y yo le agradezco eso porque para nosotros con mostrar su foto con Cavallo es suficiente. Los pibes no tienen memoria histórica, no tienen la culpa de ser jóvenes. Los que recordamos lo que significó Cavallo en la vida política argentina, no lo queremos.

No comparto el catastrofismo camporista.

—¿Cuáles eran la mayor virtud y el mayor defecto de Néstor Kirchner? 

—Virtudes muchas. Era solidario, dialogaba con todos los compañeros, contenedor, audaz. Capaz de ir a fondo y te bancaba a morir. Si te mandaba a hacer algo, nunca te dejaba solo. Tenía un solo defecto, pero no lo voy a decir públicamente. Prefiero guardármelo

—¿Y de Alberto Fernández?

—Es un buen tipo, no se le conoce casos de corrupción alguno. Es un extremista del diálogo y la moderación. Son tres virtudes republicanas fuertes. El defecto es ese también. Como yo, pero al revés. Soy audaz, confrontativo: es una virtud y un defecto. Es así. 

—¿Vos la invitaste a Cristina Kirchner a vivir en La Matanza?

—Sí, se lo dije muchas veces. Ella no tiene que vivir más en Recoleta, tiene que vivir en el conurbano. Si no, ¿cómo sabes lo que le pasa a la gente?

¿En qué lucha estuvo Máximo? ¿Cuáles son sus pergaminos?

—Dijiste en algún momento que querés hacer una "perestroika" del kirchnerismo. ¿Qué cosas te gustaría rever?

—Lo criticamos a Guzmán por la inflación y yo digo, muchachos, ¿nosotros por qué teníamos bajas las variables de inflación? Porque Moreno estaba atendiendo a los empresarios con la 9mm arriba de la mesa y un amigo sentado arriba de las cuentas del INDEC diciendo cualquier número. Así cualquiera tiene ordenada la inflación. 

También me gustaría corregir determinada metodología, porque a veces parece una monarquía, no hay debate, no hay espacio de discusión. Eso está bien en algunos momentos, como cuando veníamos del desbande social del 2001. Hoy no, querido. Tenemos que construir una fuerza democrática real, donde se discuta, donde se resuelva. Y el nepotismo: miralo a Máximo. ¿En qué lucha estuvo? ¿Cuáles son sus pergaminos? Es como si quisiera poner a mis hijos a liderar el Frente Tierra y Vivienda: no tiene nada que ver.

A la salida de la oficina, en medio de una conversación sobre su familia, D'Elía disparó: "Creo que soy judío". Y semejante afirmación viene con explicación: "Mi familia viene de Italia, pero creemos que el apellido D'Elía, que hay un montón por esa zona, es una derivación de De Elías, por el profeta Elías. Encima -añadió- me acusan de antisemita".

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