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Columnistas

Es el equipo del Gigoló

Seis meses después de ascender, Tigre tiene la chance de sumar su segundo título oficial mañana en Córdoba. Un equipo sólido abajo, que presiona alto y donde todos los jugadores tienen que estar listos para rendir. Una identidad que lleva la impronta de Diego Martínez, que tras una vida en las categorías de ascenso, está cerca de consolidarse en Primera.

Seis meses después de ascender, Tigre tiene la chance de sumar su segundo título oficial mañana en Córdoba. Un equipo sólido abajo, que presiona alto y donde todos los jugadores tienen que estar listos para rendir. Una identidad que lleva la impronta de Diego Martínez, que tras una vida en las categorías de ascenso, está cerca de consolidarse en Primera.

Una de las palabras que definen su discurso es fluir. El entrenador Diego Martínez es un convencido de que si logra conectar con los jugadores, ser creíble y bajar un mensaje claro todo fluye y si fluye todo se torna más sencillo. Admirador de Pep Guardiola y de Marcelo Gallardo, tiene una idea muy clara de lo que quiere, pero también el suficiente pragmatismo para adaptar lo que piensa o escuchar a su equipo y sus jugadores. Si un asistente le marca algo interesante, lo toma. Lo mismo, si el cuerpo médico le dice que un jugador todavía no está apto, no lo fuerza. Para que todo fluya debe haber confianza porque eso genera armonía.

Volante por izquierda, hizo inferiores en Vélez, Boca y Almirante Brown, donde debutó en 1997. Catorce años, diez equipos y tres países después su carrera terminó en Estudiantes de Caseros en 2011, donde decidió retirarse. Con ese equipo, ya como entrenador, logró gran visibilidad en 2019 cuando, tras ascenderlo un año antes al Torneo Nacional, lo llevó hasta las semifinales de la Copa Argentina, donde complicó a River, que lo venció días antes de jugar la final de la Copa Libertadores. Tres años después tuvo su revancha y se la cobró con una victoria inapelable en el Monumental.

Ahí se vieron dos rasgos de su estilo. El primero fue la elección de los delanteros porque los titulares habituales son Ijiel Protti y Pablo Magnin, pero se decantó por Facundo Colidio, a quien tuvo en las inferiores de Boca, y por Mateo Retegui para que fijara a los centrales y presionara en la salida. Ellos capitalizaron dos errores clave y le dieron a Tigre el pase a semifinales.

Cuando vi a los jugadores trabajar para defender el resultado fue igual de emocionante que cuando hacen esas transiciones rápidas.

Sobre el partido con River.

La otra característica se pudo apreciar en la conferencia de prensa, cuando ponderó cómo cuidaron el resultado. "Uno tiene intenciones, pero esto es jugar bien también, no solamente llevar adelante lo que uno siente. Cuando vi a los jugadores trabajar para defender el resultado fue igual de emocionante que cuando hacen esas transiciones rápidas". Entendió que el golpe por golpe contra River era una mala opción, así que presionó fuerte de entrada, hizo un gol rápido, pero no se replegó. Si bien tiene una idea madre, la adapta en función de los jugadores que tiene y los rivales que enfrenta, lo que denota inteligencia.

Sus inicios como entrenador fueron en el proyecto que Barcelona montó en Luján bajo la órbita de Jorge “Coqui” Raffo donde estuvo seis meses. Gracias a los contactos que hizo viajó a Catalunya donde pudo ver entrenamientos de mayores, juveniles y hasta se trajo una foto con Lionel Messi. “No tuve la posibilidad de conocer la cultura desde adentro, pero sí tuve la posibilidad de viajar en alguna oportunidad. Nos abrieron las puertas en La Masía para ver los entrenamientos, justo también estaba el Tata (Martino), entonces pude ver tanto del fútbol formativo como de la primera”, le reconoció al portal Goal.

Si bien tiene una idea madre, la adapta en función de los jugadores que tiene y los rivales que enfrenta, lo que denota inteligencia.

De ahí partió a Boca, donde trabajó con los chicos nacidos entre 2000 y 2004. Ahí estaban Colidio, Agustín Almendra, Marcelo Weigandt y Valentín Barco. Sin embargo, en 2016 sonó su teléfono y del otro lado estaba Ituzaingó, con el que ascendió en 2001 a Primera B, su único título como futbolista. Sus compañeros le decían que era una locura canjear la Prenovena xeneize por un equipo de Primera D, pero su necesidad de crecer pudo más. Luego vinieron Cañuelas, Comunicaciones, Midland y Estudiantes de Buenos Aires. Esos años en el Pincha llamaron la atención de Godoy Cruz que lo contrató en 2020 para reemplazar a Mario Sciaqua, pero la aventura duró solo nueve partidos con dos empates y siete derrotas.

Si bien ya tenía una carrera en vías de consolidarse, un partido amistoso perdido en el tiempo extra lo llevó a Victoria. En 2017, cuando comandaba a Cañuelas, jugó dos amistosos contra el Tigre de Ricardo Caruso Lombardi que le dejaron buenas sensaciones a Ezequiel Melaraña, presidente del Matador. A eso se sumaron buenos comentarios de jugadores que lo conocían y en enero de 2021 debutó en el Torneo de Transición 2020 con derrota contra San Martin de San Juan. Quedaron eliminados y a partir de ahí tomó decisiones fuertes, como hizo Guardiola cuando tomó Barcelona, y prescindió de Diego Morales y Carlos Luna, los referentes del club, y se involucró fuertemente en la búsqueda de refuerzos.

Conocedor del ascenso, logró que llegaran Protti, Abel Luciatti, Lucas Blondel o Cristian Zabala, parte de la columna vertebral del equipo. Tras un año de trabajo, Tigre logró el ascenso después de dos años y medio en el Nacional. Un cierre furioso de la zona de grupos con cuatro victorias al hilo contra Chacarita, Nueva Chicago, Almirante Brown y San Martín de Tucumán lo depositaron en la final contra Barracas Central, el equipo de Chiqui Tapia, al que derrotaron en Banfield. La clasificación a la final había dejado en evidencia la comunión cuando sus dirigidos le cantaban “es el equipo de Gigoló”, por su parecido con Javier Bazterrica, el estafador que se hizo famoso en 2015 acusado de estafar a distintas mujeres. Su viejo apodo de Pelado quedaba en el recuerdo.

En Victoria reconocen que Martínez es un entrenador obsesivo, pero muy simple y que vive para el fútbol. “Ese nivel de detalle no lo deshumaniza”, sostiene una fuente del club que lo sigue en el día a día. Es común verlo en las pretemporadas o concentraciones diseñando tácticas o hablando de los rivales con sus asistentes, todos ellos de la zona oeste del conurbano. Cada vez que termina un partido, ya en el micro está buscando a Omar Mateos, analista de videos, para que le pase los detalles y así tener un panorama en caliente de lo hecho en la cancha.

No ejerce un liderazgo desde la imposición, sino desde el convencimiento y para ello trabaja en ser original. No repite un entrenamiento para que sus futbolistas no se aburran y suele mezclar permanentemente a titulares y suplentes para que todos entrenen los mismos movimientos. La síntesis fue justamente contra River, cuando Retegui y Colidio hicieron de Magnin y Protti sin que ello resintiera la estructura.

Más allá del resultado del domingo, Martínez se convertirá en un activo atractivo para los clubes más grandes, pero es algo que no se plantea en voz alta. Nunca lo han escuchado decir que quiere ir a tal o cual club por el agradecimiento al club que lo dejó volver a dirigir en Primera. Y con el que puede ser campeón.