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Columnistas

¿Se puede transformar a Cristina en Belliboni?

El Tafirol aumentó 9% en la última semana. La cajita de 50 pastillas de ese paracetamol pasó los mil mangos. Así seas un papá que se tiene que levantar mucho a la noche con un bebé recién nacido o un presidente que está definiendo si hace cambios de gabinete para reforzar su autoridad en una coalición que lo desgasta, ahora tenés que desembolsar exactos $ 1042,23 para llevarte el producto de la empresa mexicana Genomma Lab.

Terminar con estos dolores de cabeza que le generan las tensiones del Frente de Todos se está volviendo cada vez más caro para Alberto Fernández, y no es solo una referencia a lo que se vive en el mostrador de las farmacias. A propósito, ahí  también se refleja el barrilete que han sido los precios en la Argentina desde la crisis que arrancó con Macri. En abril de 2019, esa misma cajita de Tafirol valía $ 247,80.

ANMAT suspendió la comercialización de un lote de Tafirol
Dolores de cabeza caros. Los 50 comprimidos de Tafirol 1 gramo subieron 9% en la semana y pasaron los 1000 pesos.

El jefe de Estado llegó a esta Semana Santa en un punto en el que tanto la vicepresidenta Cristina Kirchner, con todo lo que impugna de la gestión, como sus propios alfiles en la intimidad de Olivos, le piden lo mismo: que decida algo, que no caiga en el mantra del “ya se va a ir acomodando todo” tan tentador para el modo Alberto como difícil de imaginar para los próximos 20 meses hasta el fin del mandato.

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El discurso de Cristina en ese foro de parlamentarios con nombre de leche -Eurolat- incluyó un especial especial énfasis en el costo que paga un gobierno por no tomar decisiones, tanto en materia de desigualdad como respecto del poder efectivo más allá de que se tenga “la banda y el bastón”. Y los Juanchis Zabaletas de la vida no paran de decirle a quien quiera oír que todos les albertistes le imploran que aproveche el momento Francisquito y alumbre un nuevo equipo, sin el club de los disidentes con cargo.

Pero guarda: el momento económico también ofrece variables que pueden invitar al Presidente a sentirse habilitado a seguir como está, más allá de que esos mismos números le sirvan a sus allegados a gritarle “aprovechá y rompé”.

Terminar con estos dolores de cabeza que le generan las tensiones del Frente de Todos se está volviendo cada vez más caro para Alberto Fernández.

Con el récord de inflación de marzo todavía latiendo, las mediciones extraoficiales reflejan que se  frenaron las remarcaciones en las últimas tres semanas y pese a que habrá un número alto en abril se podrá mostrar que “lo peor del impacto de la guerra ya pasó”

Además, está arrancando el segundo trimestre, que habitualmente es el mejor período de tiempo de los ciclos cortoplacistas argentos, dado que empiezan a entrar los dólares de la cosecha, que sumados a los verdes que mandó el Fondo Monetario Internacional explican el derrumbe de la diferencia del tipo de cambio paralelo respecto de un oficial que sube más rápido, mientras el mundo financiero se sube a la fiesta de colocaciones y bonos del Estado en pesos atados al costo de vida, que algún día habrá que pagar pero ese es otro tema.

Operativo CFK-PO

Si con esos consuelos el Gobierno consigue avanzar en la agenda de malas noticias que le pide el FMI como la suba de tarifas para bajar subsidios ahora en junio, pero sosteniendo algo de la reactivación, el plan Alberto 2023 podría mantenerse en pie sin ningún gesto de ruptura, o con apenas un maquillaje. 

El sueño último del albertismo sería transformar a la fuerza originaria del espacio, el kirchnerismo de Cristina, en una voz testimonial de un recuerdo de otro tiempo con el que no se discute en público pero que va quedando aislado y licuado por una realidad que no le daría argumentos. 

Incluso con esa plataforma la idea sería invitarlos a una PASO el año que viene, aunque ese horizonte hoy asome tan futurista como “Los Mitchell contra las Máquinas”. La estrategia definitiva sería hacer del kirchnerismo duro una especie de Partido Obrero dentro de la coalición, y de Cristina Kirchner una especie de Néstor Pitrola de ayer o Eduardo Belliboni de hoy, que todos saben que mete ruido pero no aspira a hacerse cargo de la toma de decisiones.

La declaración de Máximo Kirchner hace diez días bancando los acampes y cortes de calle cierra de diez con esa imaginería. Un postura que hace juego con un momento donde las fuerzas tradicionales pierden votos a manos de la izquierda posta, tercera fuerza a nivel nacional, y de la derecha extrema de los Javier Milei, que crece desde los estudios de TV porteños hacia todo el país.

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Claro, todo este ensueño podría ser posible siempre y cuando, hay que repetirlo, la economía se mueva, lo que es sinónimo de que los ingresos no pierdan todo el tiempo con los precios. “Hay que salir a resaltar los fines de semana turísticos récord como estos”, dicen en ese sentido en la Casa Rosada, donde no pocas veces se impone cierta modorra y no logran evitarse mini crisis como la de la conducción en la promoción del cine esta última semana.

La ilusión del Instituto Patria -si fuera posible- sería poder mantenerse a salvo de un mal resultado del camino que eligió la Casa Rosada.

Visto así, el formato de cómo avanzó el acuerdo con el Fondo en el Congreso, o como se dio el debate por la suma fija para salarios o ahora como se terminó dando el llamado a la audiencia pública para las subas de luz y gas habilitan a pensar que existe una lógica de “denunciar sin obstruir”, una  testimonialidad tipo John Holloway, aunque desde el mismísimo corazón del poder.

Me quejo, hago el planteo del “yo te avisé” para guardarme la bandera, pero vos avanzá y pagá el costo porque tampoco tengo otra receta tan clara sobre qué hacer frente a la herencia de Cambiemos, la pandemia y la guerra. 

La ilusión del Instituto Patria -si fuera posible- sería poder mantenerse a salvo de un mal resultado del camino que eligió la Casa Rosada, con la idea de que todavía hubiera chance de vender en un futuro que pueden volver a volver mejores.

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Consejo. El ex presidente Macri pidió que asesoren y ayuden a Patricia Bullrich, porque la ve muy desordenada. ¿Guiño a una candidatura?

Hablando de la necesidad de volver mejores, todavía resuenan los vidrios del cubículo de Happening Costanera donde se juntaron esta semana Mauricio Macri, Horacio Rodríguez Larreta, Patricia Bullrich y María Eufemia Vidal. Sale 15 lucas alquilar ese espacio, y la familia Brucco, dueña del clásico de la gastronomía, le hace 50% de descuento en el morfi al ex presidente. 

A propósito, cuentan que Macri -que aún no define su rol el año que viene- le ha pedido a sus equipos que rodeen bien a la jefa del PRO y la ayuden a organizarse porque la ve muy poco ordenada, un pedido que habilita todo tipo de versiones, tantas como la visita del propio Mauricio a una escuela esta semana junto a Rodríguez Larreta, que nadie entendió bien a qué obedeció.

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