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Política

¿Por qué Gabriel Boric no se reunió con Cristina Fernández?

Boric

Carlos Fuentealba V.

Como un éxito total fue catalogada por las autoridades chilenas la reciente visita de Estado que el presidente Gabriel Boric realizó a Argentina.

En dos días el joven presidente profundizó sus vínculos con Alberto Fernández; visitó el monumento al libertador José de San Martín; se reunió con Sergio Massa; participó de una cumbre empresarial binacional; estuvo en la ex ESMA con Norita Cortiñas; compró libros en Palermo; se reunió con sus ídolos futbolísticos Néstor "Pipo" Gorosito y Alberto Acosta; escuchó un recital con consagrados artistas de ambos países en el CCK y se tomó una cerveza con Teresa Parodi. Un paneo completo con el Frente de Todos. O casi.

El presidente de Chile tuvo tiempo y espacio para todo lo que quiso hacer, pero no se reunió con Cristina Fernández de Kirchner, como sí lo hizo, dos días después, su homólogo boliviano Luis Arce.

Desde el entorno cercano a Boric aseguran que existió un ofrecimiento de la vicepresidenta para reunirse en privado con él, pero el mandatario decidió enmarcar ese encuentro en su visita al Congreso para no abrir espacio a interpretaciones sobre su posición en la interna Argentina. Boric visitó el Congreso, pero Cristina estaba en El Calafate y, en su lugar, lo recibió la vicepresidenta provisional Claudia Abdala Ledesma.

¿Por qué? Hasta que las partes no lo aclaren, sólo podemos atenernos a especulaciones. Pero entre ellas, las que sugiere la política chilena pueden resultar particularmente reveladoras.

Tensiones en verde Oliva

Desde 2017, el principal nexo de Cristina Fernández con Chile fue una joven socióloga feminista llamada Karina Oliva, quien había sido asesora del senador Alejandro Navarro- solitario defensor del bolivarianismo en el Chile neoliberal- y había levantado la candidatura presidencial de Marcel Claude (casi 3% de los votos).

Ese año, cuando Mauricio Macri campeaba en la política argentina y su amigo Sebastián Piñera preparaba su regreso al poder en Chile, Oliva fue invitada a un seminario a Buenos Aires, donde conoció a Cristina e inició una relación política de admiración y apoyo.  

La relación se profundizó en 2018, cuando la militante vino de nuevo a Argentina para acompañar la vigilia feminista por la despenalización del aborto, que en esa ocasión fue rechazada.

Ese año su movimiento pasó a llamarse Comunes y a formar parte del Frente Amplio, donde todavía Gabriel Boric no era el líder indiscutido. Oliva era una de las representantes del ala izquierda del nuevo conglomerado cuando se produjo el estallido de 2019. Y aunque no participó de las negociaciones constitucionales, su figura quedó bien posicionada en Comunes, al punto de que al año siguiente ganó unas primarias frenteamplistas para disputar la gobernación de la Región Metropolitana de Santiago.

Desde Comunes, recuerdan que en este período las relaciones con La Cámpora fueron muy cercanas y ambas partes viajaron constantemente. "Nos daba risa que volvían hablando como argentinos y muy formateados con términos que acá no se usan", revela un alto dirigente de este partido. 

Nos daba risa que volvían hablando como argentinos y muy formateados con términos que acá no se usan.

Pero los resultados electorales de 2021 no fueron buenos. Pese a formar parte del Frente Amplio, Oliva y su partido no apoyaron a Boric y se mostraron muy cercanos a Daniel Jadue, candidato del Partido Comunista en la primaria presidencial. Su derrota fue doble: ella en la gobernación y Jadue rumbo a la presidencia fueron derrotados por el democratacristiano Claudio Orrego y el ahora presidente Gabriel Boric, respectivamente.

Ese mismo año, Oliva quiso reciclar su fama para postularse al Senado, aprovechando que las encuestas le vaticinaban una votación histórica en el popular sector poniente de Santiago. Pero entonces vino escándalo. Cinco días antes de la elección- que era al mismo tiempo presidencial y legislativa- un reportaje reveló el pago de millonarios sueldos a su equipo de campaña a gobernadora, que no se correspondían de ninguna forma con el despliegue y los resultados.

Antes de cualquier investigación, el piñerismo puso el grito en el cielo y con él todos los canales de televisión. La policía allanó, en vivo y en directo, la sede del partido Comunes con una operación policial casi militar, digna de un comando de guerra. Las respuestas de Oliva tampoco fueron convincentes. Y lo peor para ella fue que antes de poder rearmarse, Gabriel Boric y todo el Frente Amplio avalaron la investigación, como una forma de evitar hundirse en las elecciones. El resultado fue desastroso para todas las partes. Oliva se desmoronó y, de puntear las encuestas, obtuvo solo un 4% de los votos.

Boric, ese mismo día, fue derrotado por el ultra-derechista José Antonio Kast, que amenazó con convertirse en presidente en el ballotage. Durante un mes, el pánico ante un candidato que planteaba el regreso del pinochetismo hizo que se olvidara todo este entramado y creciera meteóricamente la figura de Boric.

Pero las relaciones quedaron resentidas. Karina Oliva y todos los asesores implicados en el escándalo fueron expulsados de Comunes. Hace un mes, el partido ingresó al gobierno con el nombramiento, entre otros puestos claves, de la ministra de Bienes Nacional, Javiera Toro. Ninguno de estos nombramientos, sin embargo, fue del riñón de Oliva.

Del Partido Comunista, en tanto, también entraron los sectores más lejanos a Daniel Jadue, quien se mantuvo en su rol de alcalde. Desde allí ha planteado críticas y posicionamientos en temas sensibles- como los fondos de pensiones- que han contradicho directamente  al gobierno, causándole mayor ruido del que podría provocar cualquier opositor.

La expulsada Oliva reapareció hace poco menos de un mes en la escena pública, invitada a un evento por el propio Jadue. Aunque sin mucho éxito aún, ambos buscan aprovechar la difícil coyuntura económica y social que atraviesa todo el mundo para mover la base política de Boric hacia una izquierda nacionalista.

La apuesta es muy parecida a la que Cristina desplegó con Alberto: tensionar la interna hasta su límite para avanzar políticamente en el Gobierno.

¿Lo lograrán? ¿Qué rol cumplirá Cristina? ¿Y Boric? Saquen sus propias conclusiones y tomen palco, porque esta trama recién comienza.