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Mundo

La irrupción presidencial de Gabriel Boric, el hombre que le puso la firma a la Constituyente en Chile

Boric

Por Carlos Fuentealba V.

Todo lo grande que se ha hecho en América y sobre todo en Chile, lo han hecho los jóvenes. Así es que pueden reírse de la juventud. Bolívar actuó a los 29 años; Carrera, a los 22; O’Higgins, a los 34, y Portales, a los 36”. Así escribía hace un siglo el poeta Vicente Huidobro sobre la puja generacional con que Chile, por entonces, cerraba un largo ciclo de acumulación capitalista, escribía una nueva Constitución e inauguraba un período del Estado que duraría hasta 1973.

Cien años después, esta proclama recobró actualidad. Hoy sesiona por primera vez la Convención Constitucional e inaugura un nuevo tiempo, hijo de la lucha de millones que decidieron dejar atrás el corsé neoliberal y entregar la vida en la calle.

Recobró actualidad, también, porque fue citada por uno de los protagonistas de esta historia: Gabriel Boric Font, el líder y candidato presidencial del Frente Amplio. Un joven que a sus 36 años, lleva sobre sus hombros la responsabilidad política de haber firmado el Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución, que encauzó la rebelión de 2019 hacia una Convención Constitucional.

“Es muy civilizado lo que pasó en Chile. O por lo menos, desde afuera se ve muy civilizado”, comentó hace unas semanas el escritor peruano Santiago Roncagliolo a Radio Con Vos.  Se refería, sin embargo, a un proceso que le ha costado sangre, sudor y lágrimas a los chilenos. Y que todavía está lejos de estar saldado. Sobre todo porque lo que ahora está en disputa es, nada más ni nada menos, que su conducción.

El 18 de julio es una fecha clave: se celebran las primarias de dos grandes bloques. Y dadas las últimas dos palizas electorales que recibió el oficialismo, el interés principal está puesto en la encendida disputa de la izquierda, que protagonizan Gabriel Boric y Daniel Jadue, el candidato del Partido Comunista.

El corazón de un poeta

Punta Arenas es la ciudad más austral de Chile, 600 kilómetros al noroeste de Ushuaia. Tiene una tradición rebelde marcada por acontecimientos como la Patagonia Rebelde- hay una calle en honor a Osvaldo Bayer- y el puntarenazo de 1984, una de las protestas más emblemáticas y desestabilizadoras para la dictadura pinochetista. Allí y precisamente en este contexto, nació Gabriel Boric Font.

Como su apellido lo indica, desciende de una familia que fue  parte de la sostenida migración croata que llegó al sur de Chile a comienzos del siglo pasado. Al igual que Néstor Kirchner Ostoic, cuya madre, Juana, fue también oriunda de Punta Arenas.

Ninguno de estos orígenes es un detalle para Gabriel. En 2014, organizó un homenaje de la Cámara de Diputados a la migración croata, en el que relevó “el esfuerzo, coraje y la soledad por la que pasan los migrantes” y recordó su más temprana infancia, en la que no quería dejar de sentirse un yugoslavo.

Y respecto de su australidad, basta con ver su espacio publicitario electoral, que comienza con él mirando al Estrecho de Magallanes y diciendo “muchos dicen que acá termina Chile, pero a mí me gusta decir que aquí comienza”. Su mirada desde el sur adhiere a la cosmogonía que alguna vez pintara el uruguayo Joaquín Torres García en su América Invertida.

América Invertida
América Invertida (1943) es un icónico dibujo a pluma y tinta del uruguayo Joaquín Torres García.

“Gabriel es un magallánico orgulloso que ha pensado siempre el país desde sus márgenes. Y en esa condición habla por todas las regiones subrepresentadas en un país que es horriblemente centralista”, comenta a Diario Con Vos Simón Boric, hermano menor de Gabriel.

Desde muy temprana edad manifestó interés por la política. Simón, por ejemplo, relata que a los ocho años se postuló y fue electo presidente de curso. “Alguna vez encontramos con mi madre una carta que escribió a esa edad, en la que ya hacía discursos. Decía: 'No podré ser como Frei o Clinton, pero les prometo que si se pierde un lápiz velaré porque lo busquemos todos juntos'”.

“Gabriel es un buen candidato, todavía no sabemos si tiene pasta de estadista. El abrigo, al menos, lo tiene", dice entre risas Simón Boric, quien tomó esta foto de su hermano junto a su madre, María Soledad Font, y el perro Brownie, en Punta Arenas.

Esta temprana vocación política encontraría un importante complemento en su educación literaria. “En su paso por el Colegio Británico tuvo como profesor al escritor Óscar Barrientos Bradasic, que lo marcó mucho”, comenta su hermano. La influencia fue mutua: el ganador del Premio Iberoamericano de Cuentos Julio Cortázar- organizado por el Ministerio de Cultura de Argentina y la Casa de las Américas de Cuba- se hizo amigo de su alumno, al que luego ayudó en su campaña parlamentaria y ahora apoya en la presidencial.

“Gabriel fue siempre un tipo muy estudioso y un gran conversador. Formó parte de mi taller literario que se llamaba “La Bandada”. Creo que nos unieron mucho las conversaciones sobre poetas que nos apasionaban a ambos: Pablo de Rokha, Enrique Lihn y Gabriela Mistral. Incluso participó en una obra de teatro surrealista que dirigí. Yo lo definiría como un tipo muy estudioso con una personalidad romántica, en el amplio sentido de la palabra. Muy interesado en la literatura y con una tremenda capacidad de asombro”, relata Barrientos a Diario Con Vos.

Yo lo definiría como un tipo muy estudioso con una personalidad romántica, en el amplio sentido de la palabra. Muy interesado en la literatura y con una tremenda capacidad de asombro". (Óscar Barrientos Bradasic, escritor chileno)

Boric siguió cultivando su amor a la poesía, que exhibe incluso cuando lo invitan a programas de debate en televisión. "Yo valoro mucho esto en un país que se ha vuelto muy filisteo, en el que la política considera que el arte y la cultura tienen un rol casi ornamental. Este divorcio no se justifica en un país con una tradición de grandes artistas que dejan su huella en la política: Neruda, la Violeta o Víctor Jara por nombrarte sólo algunos. Gabriel siempre fue muy sensible y activo en esta área", dice su ex profesor de literatura.

Esta veta literaria que lo acompaña hasta hoy, lo unió en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, a Javier Velasco, amigo y compañero de militancia que hoy forma parte de su comando presidencial. “Gabriel es un tipo que encarna mucho el período en el que estamos en Chile. Una persona de muy buen corazón, pero con grandes contradicciones. Con la necesidad y capacidad de cuestionarse y vivir profundamente esas contradicciones, lo que a veces lo hace un político impredecible; tiene su propia brújula político-moral y la sigue. Y lo más raro de todo: le funciona”.

Boric Ghibli
Hace unos días Boric compartió una caricatura suya que le regalaron, al estilo de Hayao Miyazaki.

No fue magia

Apruebo Dignidad se llama la fértil alianza del Frente Amplio con el Partido Comunista que se impuso en la última megaelección del 16 de mayo como la primera fuerza opositora. Y que en dos semanas elegirá a su conductor y candidato presidencial, entre Boric y Daniel Jadue.

Aunque ambos se han mostrado lo suficientemente diplomáticos para cuidar la alianza de cara a la presidencial, las diferencias son grandes y han dejado huellas. La más abismal es la que se abrió el 25 de noviembre de 2019,  luego de tres semanas de revueltas populares y represión desenfrenada, cuando se firmó el Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución. Y Gabriel Boric lo hizo a título personal, sin la anuencia de su propio partido que lo mandó al Tribunal de Ética.

Jadue y los comunistas apostaron por la insurrección y se aliaron a la entonces efervescente rabia popular. Se restaron del acuerdo, lo criticaron duramente y acusaron a Boric de traidor. Al día siguiente, 72 militantes del Frente Amplio presentaron su renuncia. “Las decisiones difíciles siempre vienen con momentos difíciles. Solo el tiempo podrá juzgar si fueron correctas y si hemos estado a la altura”, dijo entonces Gabriel Boric.

Las decisiones difíciles siempre vienen con momentos difíciles. Solo el tiempo podrá juzgar si fueron correctas y si hemos estado a la altura". (Gabriel Boric)

Javier Velasco recuerda que tras ese acuerdo nadie festejó y sucedió un período de latencia. "No sabíamos qué iba a pasar. Para mí era súper claro. Era la oportunidad de terminar con la Constitución de Pinochet y había que hacer concesiones para eso. Pero ese sentido había que testearlo. Y pasó dos días después, que fuimos a la Plaza de la Dignidad a un punto de prensa y nos funaron (escracharon). Ese fue el momento en que le tomamos el peso a lo delicado que era el momento. Se había abierto un flanco por la izquierda que era marginal; no era la mayoría del mundo de la izquierda la que estaba molesta con el acuerdo y de ninguna manera la mayoría del país, pero sí un sector que tenía un arraigo histórico y que era también el sector que más se moviliza. Quedamos aislados de la movilización".

Lo más dramático vendría un mes después, las protestas acumulaban más y más muertos, presos y heridos. La brutalidad de la represión hacía dudar al país si lo que estaba naciendo era mejor que lo que moría.  En ese contexto, Boric fue escrachado por una multitud enardecida. "Fue un momento muy doloroso en lo personal y en lo político. Todos dudamos mucho y nos marcó profundamente. Pensamos mucho en lo que venía para el futuro y en las consecuencias de las decisiones que estábamos tomando, de este divorcio con un sector de la izquierda", recuerda Velasco.

Pero su lectura resultó y fue ratificada por el 80% que aprobó la idea de cambiar la constitución, el año pasado, y por la impresionante performance electoral del Frente Amplio en las últimas elecciones. Entre medio, Boric estuvo dos veces nuevamente contra las cuerdas: puso su cargo de diputado a disposición en favor de la paridad de género y la participación de los pueblos originarios y luego, en un contexto de extrema parálisis por el toque de queda y la cuarentena, debió recolectar 25 mil firmas para presentar su candidatura.

Comunista, pro-Palestina y favorito en las encuestas para gobernar Chile: así piensa y actúa Daniel Jadue

"Ha adquirido un rol protagónico, ha sido fundamental", comenta Óscar Barrientos. "Su potencial político está en constante construcción y todavía no toca techo. Siempre tuvo clara una idea de forjar su destino en la política. Se ha enfrentado a este mundo con muchas dudas y de manera muy crítica al panorama político. Pero creo que ha logrado abrir una senda".

Javier Velasco valora este camino desde la vivencia del sufrimiento y aprendizaje que significó para su amigo. "Hay un autor que se llama Mark Fisher que le gusta mucho a Gabriel, que plantea la idea de que es tiempo que una nueva izquierda reconcilie la rabia con la política, la rebeldía con la institucionalidad. Siento que es eso, precisamente, por lo que Gabriel se la jugó y sufrió mucho. Me consta haberlo visto vivir esta contradicción. Y yo creo que todavía le duele. Y el tema de la reconciliación con este sector es algo que sigue pendiente", dice.

La palabra final, como siempre, la tendrá el pueblo a través de la única forma vinculante para gritar sus verdades: las urnas.