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Columnistas

La soledad puede ser la próxima pandemia

Por Gabriel Barbagallo *

Las epidemias y pandemias de origen infeccioso suelen ser devastadoras, pero tienen la ventaja de desaparecer una vez logrado el antídoto o la vacuna. Así fue siempre y así será. En cambio, los impactos sanitarios de causas ambientales o sociales se instalan de manera insidiosa, pero crecen en forma constante para quedarse entre nosotros por años o décadas. Un ejemplo claro son los -mal llamados- accidentes de tránsito (accidente es un evento inevitable) que mantienen un número elevado de casos, a pesar de las sucesivas e infructuosas campañas de prevención.

Pero existe otra “enfermedad”, que lentamente va a ocupar las agendas de los distintos organismos sanitarios, tanto públicos como privados: la soledad. 

En pocos años, el mundo va a tener un alto porcentaje de personas adultas mayores con enfermedades crónicas que demanden cuidados y tratamientos costosos.

El diagnóstico de situación es sencillo. La expectativa de vida aumenta paulatinamente producto de las medidas de prevención primaria y secundaria y por los avances en nuevas terapéuticas, que desde hace mucho tiempo transforman en términos positivos la historia natural de muchas enfermedades, incluso, las consideradas en algún momento mortales. En el otro extremo de la vida, las tasas de natalidad y fecundidad disminuyen paso a paso, a la par que las estructuras familiares adoptan nuevos formatos (monoparentales, biparentales homosexuales, ensambladas o no-parentales, además de la histórica familia tipo). Así llegamos a la conclusión de que, en pocos años, el mundo va a tener un alto porcentaje de personas adultas mayores con enfermedades crónicas que demanden cuidados y tratamientos costosos y, además, muchas de ellas van a estar solas, sin una estructura familiar continente. Para empeorar este escenario de inequidad, las migraciones desde países con menos oportunidades de desarrollo hacia otros con mejores expectativas, pueden reducir aún más la población económicamente activa y la mano de obra calificada de los países menos desarrollados.

Según el Banco Mundial, en todo el planeta, la tasa de mortalidad por cada 1.000 habitantes disminuyó de 17,71 en 1960 a 7,52 en 2019, y la tasa de nacidos vivos cayó de 31,75 a 17,89 en igual período. El porcentaje de población mayor de 65 años se duplicó desde 1960 y la tasa de dependencia (relación entre personas dependientes o inactivas sobre las económicamente activas) aumenta día a día. Por lo tanto, a través de la ciencia y la política, la humanidad debe comenzar a generar respuestas a esta situación -por demás preocupante-, más allá de otras discusiones no menos importantes acerca de las políticas previsionales y laborales.

A través de la ciencia y la política, la humanidad debe comenzar a generar respuestas a esta situación por demás preocupante.

Existen dos caminos bien trazados para atender la problemática de la vejez y la soledad: uno es la creación de la figura de cuidador profesional, tema que se viene insistiendo desde distintas organizaciones y que por primera vez se pone en la agenda de nuestro país, según el discurso del presidente Alberto Fernández del 1° de marzo ante la Asamblea Legislativa. Allí dijo: “Todas y todos necesitamos ser cuidados en algún momento de nuestras vidas. En la primera infancia y en la ancianidad. También en circunstancias de enfermedad o de necesidades especiales”. En esa línea, el primer mandatario expresó la voluntad de enviar al Congreso un proyecto que permita crear 200 mil puestos de trabajo para quienes cuidan a más de 1 millón de personas.

El cuidador es un eslabón entre la familia y el profesional médico, el que siente empáticamente al paciente y el que comparte el dolor del otro, condición fundamental de gente de bien, como decía Francisco “Paco” Maglio, un gran maestro de la vida. Por eso, la creación de un cuerpo de cuidadores de personas vulnerables permite atender, de manera humana, el problema de la soledad y el desamparo y, además, generar empleo en un momento donde el músculo y el corazón tienden a ser reemplazados por el software y el hardware.

El otro camino a transitar, y no excluyente, es el de la tecnología aplicada al cuidado de la salud de las personas vulnerables. Pero antes es menester superar el gran escollo que presenta la innovación respecto del acceso.

La industria, los estados y las organizaciones de la salud deben resolver la inequidad que se presenta frente al acceso de pocos a la tecnología de calidad. Los esfuerzos de la ciencia también tienen que apuntar a demorar al máximo la aparición de la fragilidad del adulto mayor, que se caracteriza por una menor resistencia a las situaciones estresantes y, por tanto, más riesgos de sufrir efectos adversos para la salud como caídas, discapacidad, hospitalización, institucionalización y muerte. Cuanto más se atrasa este cuadro, el adulto mayor mantiene una vida de relación activa, necesita menos cuidados y, por ende, experimenta menos tiempo de soledad.

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Por último, existe un universo de desarrollos digitales para reducir la incertidumbre de la soledad. Monitoreos domiciliarios, sistemas de telemedicina, dispositivos portables en pulseras y celulares, que vienen a mejorar la situación de las personas que no tienen la posibilidad de tener contención. La industria tecnológica percibe esta problemática desde hace unos años y ya en el mundo existe el concepto de viviendas tuteladas, donde el adulto mayor vive solo pero rigurosamente vigilado por sistemas de cámaras de videos, sensores de caídas, botones de alarma y de pánico y la asistencia de enfermeras.

Desde hace un tiempo el mundo, con sus industrias y universidades, comienza a ver al grupo de adultos mayores como un segmento numeroso, longevo y creciente que consume, y es a partir de ahí que desarrollan servicios humanos y productos de tecnología para resolver la problemática de esta franja poblacional. La realidad virtual y la aumentada, la inteligencia artificial, la robótica, los sistemas de geolocalización, la medicina personalizada, la impresión 3D e incluso el uso de drones aplicados a la salud contribuyen a mitigar la aparición de la fragilidad de las personas, a cuidarlas en forma humana y eficiente y a reducir el miedo cruel a la soledad.

* Gerente de Relaciones Institucionales del Grupo OSDE y coconductor de Fuerza Natural, los sábados a las 20 hs. por Radio Con Vos.