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Cultura & Espectáculos

Enzo Maqueira, contra la cultura de la cancelación: “La estupidez es un signo de estos tiempos”

Por Andrea Ruggieri

A Enzo Maqueira se lo puede encontrar leyendo un texto en el Filba, o en una asamblea de la Unión de Escritoras y Escritores militando por la Ley del Libro. Uno puede abrir Twitter a la mañana mientras toma un mate y leer que posteó un verso de un tema de Virus. O que está diciendo: “la canción del Feliz Cumpleaños parece una marcha fúnebre”. O puede estar jugando un partido de fútbol mixto. O en su programa de radio Provincia, Narraciones Extraordinarias.

Por estos días, Maqueira también está por terminar un nuevo libro cercano al estilo de la novela Electrónica, publicada en 2014. “Falta darle una vueltita más”, le dijo el escritor a Diario Con Vos en una charla en la que habló sin caretas ni prejuicios sobre el machismo, la cultura de la cancelación y el tratamiento que se le da, desde los discursos hegemónicos, al consumo de sustancias.

–Cuando presentaste Electrónica, dijiste que ahí quedaba plasmado el fin de una época. También solés decir que la clase media nunca encuentra satisfacción y que siempre está esperando algo que no llega. Hoy en día, y ante una nueva crisis económica y social muy parecida al tiempo que retrata esa novela ¿en qué momento está la clase media?

–En principio, la satisfacción no la encuentra tampoco la clase alta ni nadie. Pero yo me centro en la clase media aspiracional porque es lo que conozco, me siento un representante puro: que leía Clarín, que en los 90s iba a Miami y en el 2000 a Florianópolis. Hoy hay gente en la calle, que te das cuenta por cómo están vestidos, quedó afuera recientemente. Pero hay una gran diferencia y es que en los 90s el discurso que emanaba desde los medios era totalmente descreído de la política, no se pensaba a la Argentina como un país dentro de América Latina, teníamos a Estados Unidos como faro y a la pizza con champagne. Hay un sector que todavía va por ese lado pero hoy, con los gobiernos que se sucedieron y el momento de la Patria Grande, se logró una mayor conciencia de clase

“El peronismo de centroizquierda, que es el más interesante, en los 90s no existía y hoy gran parte está en el gobierno –ahondó–. Por eso: la sensación es que no se piensa en algo tan complicado como el “que se vayan todos”. Si bien están los que siguen diciendo lo mismo, hay otro grupo -no menor- que considera que la salida es colectiva y que tiene bien claro que el país está dentro de América Latina, con las características que eso supone. Estamos mejor ubicados en nuestro lugar. En los 90s estábamos en otra.

–¿Por qué te interesa la política? ¿Tiene que ver con tus padres?

–No. Todo lo contrario. En mi casa no se hablaba de política y si se hacía, era desde los eslogans y los lugares comunes. Gran parte tuvo que ver con la formación universitaria. No fui a la UBA porque se decía que eran todos hippies, que nunca había clases, entonces fui a una privada medio pelo donde estudié Comunicación. Ahí había muchos profes que me fueron abriendo una puertita. Yo leía best sellers, literatura pasatista y empecé a leer a Cortázar, a Vargas Llosa: el boom latinoamericano, que tenía mucho compromiso social. La universidad estaba en Avenida de Mayo y en ese momento había protestas en las que se reprimía. Ver cómo cagaban a palos a la gente me fue haciendo un click en la cabeza. En 2002 entré a trabajar en la revista cultural Lea -que después se convirtió en editorial-. Mis jefes habían sido militantes de la JP en los setentas y me explicaban algo maravilloso que yo nunca había entendido. Después empezó el kirchnerismo, que era la llegada al gobierno de esos ideales. Antes votaba a la izquierda, hasta que me di cuenta de que compartía gran parte de las decisiones que tomaba Kirchner y dije: ´es esto´. Después empecé a militar en la Fundación de la Unión de Escritoras y Escritores. Pese a que puedo hacer un recorrido racional, es algo más hormonal. Lo siento y punto. Me sale pensar en esos términos.

No fui a la UBA porque se decía que eran todos hippies y que nunca había clases.

–Hoy el reclamo de justicia social no se parece al de los 70´s. 

–En un momento ¡claro que creí en la lucha armada!, era chico y no tenía real dimensión de las cosas. Ahora digo que la violencia nunca es el camino, sí la organización, sí la resistencia, sí la reivindicación de derechos. Creo muchísimo en la política como herramienta de transformación y en las construcciones colectivas, en el debate y en el diálogo. Trato de que la grieta no me haga anular el pensamiento del otro, aunque a veces me enojo más. Para ser justo con el pasado: fui a un colegio de curas y el catolicismo, en su mejor versión, tiene una idea de justicia social y de ayudar al prójimo. Tenía esa llamita adentro desde el principio.

–Y la literatura ¿Qué rol tiene en todo esto?

Alguna vez pensé que si la literatura no tenía compromiso político, no me interesaba. Ahora no creo lo mismo. A mí me interesa que en mi literatura haya cierto correlato con la realidad, o en utilizarla políticamente. Cuando leo algo que va por ese lado, me encanta. Con los años aprendí que cada uno es libre de hacer lo que quiera. Como escritor, como artista o como ciudadano. Pero cuando está, lo agradezco porque es necesario. En un mundo como en el que vivimos, donde no abunda el pensamiento ni la profundidad de la reflexión, donde te cancelan, te tergiversan, te fakenewsean, te llenan de eslogans y todo se reduce a un tweet, me parece que si uno es artista, puede tratar de aportar algo para no sobreabundar en la banalidad.

Cancelación, machismo y el “culto a la juventud”

Enzo Maqueira¿Qué pensás de la cancelación?

–Uno de los signos de estos tiempos es la estupidez. Y la cultura de la cancelación es eso. Si Roman Polanski tiene una causa por violación, entonces no me quiero sentar a tomar la leche con él: lo cancelo como amigo. O a Woody Allen, pero de ahí a privarme de ver sus películas...

Hace poco escuchaba a Nicki Nicole -es chica, y es normal que a esa edad uno piense las cosas en términos de blanco o negro- decir que no escucharía a un maltratador. Bueno, Nicki Nicole: ¿realmente no escucharías a Piazzolla? Lo lamento por ella. 

Pero una cosa es el arte y otra es la obra. Hay que separar. Sin ir más lejos, Pity Álvarez está preso por matar a una persona y por eso ¿voy a dejar de escuchar su música? No tiene nada que ver una cosa con la otra. La obra es la obra y el artista es el artista

Cuando tuiteo sobre feminismo, no lo hago para Luciana Peker o para Tamara Tenembaun, tuiteo para otros pibes".

Maqueria se entusiasma con el tema: “Es igual que hablar de apropiación cultural. En este país -que somos un poco italianos, un poco indígenas, un poco españoles- ¿de quién es la cultura? Si me pongo a bailar una chacarera, ¿estoy apropiándome culturalmente del interior? Realmente es un pensamiento fascista. Es muy difícil entender la complejidad de un proceso si vamos a debatir la realidad a partir de una consigna”. 

–¿Y qué consecuencias tiene?

–La cultura de la cancelación está haciendo que la gente tenga miedo de opinar, de hablar y encima llegan tarde: dicen lo que había que decir hace 5 años y te vienen a molestar cuando vos ya estás en otro proceso de pensamiento. Hace poco puse algo del lugar de los hombres en el feminismo y uno me dijo: “los hombres no tenemos que opinar, tenemos que escuchar a las chicas”. Bueno, eso lo decíamos en 2015. Ahora digo que si los hombres no pensamos en por qué hay femicidios, no vamos a poder resolver nada. Así que conmigo no cuenten para eso de “los hombres se callan y escuchan”. Cuando tuiteo sobre feminismo, no lo hago para Luciana Peker o para Tamara Tenembaun, tuiteo para otros pibes. Creo, como dice Luciana, en un feminismo del 99%: donde los hombres tienen que estar dentro. Pero, lamentablemente, la manada de Twitter, la presión social y les canceladores compulsivos, son muy fuertes y no cualquiera se banca opinar por fuera de lo que hay que decir de tal manera y en tales términos. Se terminó conformando una especie de estalinismo. Me parece que hay mucha teoría y poca calle. 

–¿A qué asocias estas modalidades?

– Otro problema de la época es este culto a la juventud. Se le presta excesiva atención al pensamiento adolescente que no presenta matices. Está bien para empujar, para prender la mecha, pero después hay que salirse de lo homogéneo, que termina siendo peor, porque genera una reacción. Los libertarios son la reacción a una serie de slogans de la izquierda que se responden con nuevos slogans. 

Ser feliz a toda costa

– En Instagram y en los estantes de las librerías, abundan los discursos mindfullness, de superación personal. Está todo el tiempo la idea de que no hay nada más importante que ser feliz. Pero vos lo discutís: decís que capaz es más importante ser solidario, o ser un mártir por una causa justa ¿Seguís pensando lo mismo?

– Empieza con la famosa Era de Acuario: el boom de la autoayuda. Tiene esta lógica: mi abuelo venía escapando de la guerra, tenía que pensar en sobrevivir, no tenía tiempo para pensar en ser feliz. Mi papá era pobre: tenía que pensar en trabajar. A mi hermana mayor ya le dijeron que tenía que trabajar o estudiar. Fue el primer título universitario de la familia. Y a mí fue: ‘zafaste del servicio militar, tenés tu casa, el título. Andá y sé feliz’. Es un mandato que prevalece: no tenés excusas para no ser feliz. El tema es que no te dicen cómo hacerlo.

Los libertarios son la reacción a una serie de slogans de la izquierda.

– ¿Y cómo se hace?

–Vas viendo cómo a partir de lo que te dicen: que sos feliz si viajas, si encontrás al amor de tu vida, si tenés el mejor celular, si tenés muchos seguidores, si haces lo que querés. Pero a veces, cuando hacés lo que querés, hacés cagadas. Nadie te da alguna herramienta, solo te queda consumir: gente, autos, sexo, Airbnb. Estamos desesperados por saciar un vacío que no se llena nunca y todo el tiempo sentimos que nos estamos perdiendo algo.

No tenés excusas para no ser feliz. El tema es que no te dicen cómo hacerlo.

–En tus libros acercas el consumo de sustancias al lector: en Electrónica la protagonista va dejando atrás su época de pastillas y fiesta y siente una especie de melancolía, y en Hágase Usted Mismo el protagonista utiliza drogas recetadas. ¿Cómo se trata el tema desde los discursos mediáticos y oficiales?

–Cuanto menos caretas seamos con el tema y más profundicemos, va a ser mejor. Hay que dejar de pensar que sólo es un problema de los jóvenes y que todas las drogas son iguales. No es lo mismo consumir cocaína, pasta base o paco que consumir éxtasis, marihuana, Clonazepam o alcohol. Cada droga tiene distintos problemas, características y posibilidades de generar adicción. Lo primero que tenemos que hacer es diferenciar la paja del trigo. Hay una idea de que el problema está en la búsqueda de evadirse de la realidad. ¿Qué tiene de malo salir de una realidad donde constantemente te bombardean de estímulos? Cuando miro una película o tengo sexo lo hago. No creo que siempre sea una evasión. Gran parte de los consumos tiene que ver con la necesidad de incrementar el placer: estás bien y decís ´pero qué mejor sería con una birrita o con un porrito´.

–¿Cuáles son los errores comunicacionales cuando se intenta abordar el tema?

–El slogan de que la droga es muerte no funciona: el 95% de las personas que me rodean se drogan y no se están muriendo. Por eso creo que hay que sincerarse y empezar a decir cuándo sí y cuándo no, para que realmente podamos pensar en políticas públicas que atiendan estas problemáticas. No puede ser que todavía se persiga a alguien que fuma un porro en la calle mientras te balean en Rosario los narcos. Los mismos periodistas que te dicen “la droga es mala” después los encontrás en el baño del canal tomando cocaína. 

–¿Ves cercana la posibilidad de la legalización del consumo adulto?

– Me parecería mucho más piola que algunas sustancias fueran legales y se cobre un impuesto para destinarlo a construir hospitales, escuelas o a hacer campañas de concientización. Es más atinado perseguir a un empresario que mete gente de más y sin agua en un boliche que a alguien que se toma una pastilla para ir a bailar. La legalización es necesaria. Está la experiencia exitosa de Uruguay. Ya se estigmatizó a la marihuana y quedó demostrado que no tenía sentido. No creo que esté bueno que un chico de 16 años que está estudiando, fume porro todo el día. Pondría el foco en esa franja para que, si lo quiere hacer, lo haga en su justa medida, y dejaría a la gente grande tranquila. Lo más interesante de la legalización es que se atacaría el narcotráfico. Pero no, preferimos meter todo debajo de la alfombra. Igual, siento que hay cierta voluntad en las bases pero hace falta valentía y decisión política.

–¿Te siguen diciendo que haces apología?

– Hace mucho que no hablo del tema de las drogas. Es lo que sucede cuando intentás abrir el debate: te anulan. La misma estupidez de la que hablábamos antes. Esa no es la gente que mueve el mundo. Por culpa de ellos estamos cómo estamos.

–¿Hay una tendencia a hablar de las drogas únicamente en términos de adicción y no del consumo como experiencia?

–Sí. Te preguntan ´¿hace cuánto que sos adicto?´ Y no sé si lo soy… probablemente sí, como lo soy al café. Y también a estar de novio.

Debería tratarse más seriamente. No veo que nadie esté haciendo nada para dejar de malgastar recursos del estado y hacer algo organizado. Sí pondría el foco en la cocaína y sus derivados. Pero ¿qué mal le puede hacer a alguien tomar éxtasis? A mí, por ejemplo, me cambió la forma de vincularme con los demás. Yo no sé si sería el mismo si no hubiese tenido esas experiencias.

Los recomendados de Enzo Maqueira

Novela argentina

Los galgos, los galgos de Sara Gallardo.

“Es la historia del descubrimiento, apogeo y caída de una relación amorosa. La más bella y triste historia de amor jamás escrita después de Romeo y Julieta”.

Novela internacional

¡Qué viva la música!, de Andrés Caicedo.

“Es la historia de una chica que descubre primero el rock de los setentas y después la música caribeña. Al final dice: ´muere joven, no hagas que tus padres te vean envejecer´. Después de que le publicaron el libro, el escritor se mató”.

Cuentos

Los Cuentos Reunidos de Liliana Heker

“Fue mi maestra. Pero además, sus cuentos son una lección de literatura. En cada uno hay un pequeño artilugio distinto. La recomiendo sobre todo a los que escriben”.

Poesía

Ioshua

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