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Columnistas

Debates eran los de antes

Por Diego Rojas

¿Pero qué clase de debate es este, en el que los contendientes apenas se diferencian, todos coucheados por iguales consultoras, subidos a atriles con el logo del canal en el que se trama la discusión, es decir, el logo de la empresa? ¿Dónde está la vehemencia en la defensa de las propias ideas y el fulgor en el ataque al enemigo? Oh, Revolución Francesa, oh girondinos, oh montañeses. ¿O alguien puede imaginar a Robespierre con una coach que le indicara qué mirar, qué decir, cómo gesticular? Oh tiempos.

¿Alguien puede imaginar a Robespierre con una coach que le indicara qué mirar, qué decir, cómo gesticular? 

Si de tiempos y debates se trata, el método en uso debería ser aquel descripto por el español medieval Arcipreste de Hita, cuya obra mayor es El libro de buen amor, anterior a 1400. Déjenme que les resuma el cuento “Disputa por señas”, que me volvía loco cuando niño. El relato muestra cómo los romanos piden sus leyes a los griegos y que los helénicos sólo están dispuestos a brindárselas luego de un debate. Se sabe que los romanos gustaban de las orgías palaciegas, los bacanales con ramilletes de uvas en la boca, los emperadores que quemaban Roma mirando el fuego desde un lugar privilegiado, mientras tocaban el arpa. El debate tendría lugar con señas, dadas las diferentes lenguas. Autoconscientes de sus carencias, a algún romano se le ocurrió que un rústico campesino sería la mejor apuesta -ni aún entonces se les ocurría couchearlo. Vistieron con pompa al elegido, que era bastante bruto, y el debate comenzó.

Nicolás del Caño y José Luis Espert en el debate de candidatos.

Parsimonioso, el griego se paró, levantó su dedo índice y se sentó.

El romano entró en ira, se paró y le mostró el anular, el dedo medio y el índice como si fueran un garrote. Se sentó.

El griego se paró y mostró la palma de su mano.

El romano no le dio tiempo a sentarse y, lleno de enojo, le mostró su puño cerrado.

El griego se sentó y reconoció que los romanos merecían las leyes.

La candidata del debate más coherente fue Cynthia Hotton. Mostró sus pocas luces, se opuso a los derechos de las mujeres y al aborto.

Cuando los sabios le preguntaron por qué, dijo: “Le mostré mi dedo en señalamiento de que hay un dios. Sabiamente, me dijo que era uno y era tres. Mi palma indicó que estábamos bajo su voluntad. Su puño indicaba que le pertenecíamos. Merecen las leyes”.

Preguntado por los suyos, el romano dijo: “Me dijo que con su dedo me destrozaría el ojo. Lleno de ira, le dije que con mis tres dedos le rompería los ojos y los dientes de la boca. Me dijo que me pegaría una cachetada. Le dije que le daría tal piña que no se la olvidaría jamás”,

Creo que es posible señalar que es el mejor debate de la literatura.

Mientras tanto, acá juegan. Hace dos años el candidato de izquierda le decía a Rodríguez Larreta “Horacio de aquí, Horacio de allá”. Esta semana, Del Caño dijo un sambenito ajeno a la izquierda y propio de Cristina Fernández: “Capitalismo salvaje”. Qué necesidad.

Este 2021 la candidata del debate -que parece pertenecer a TN- más coherente fue Cynthia Hotton. Mostró sus pocas luces, se opuso a los derechos de las mujeres y al aborto y refulgió en esos dos aspectos.

Oh, tiempos.

Está pasando