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Cultura & Espectáculos

Pepe Monje, Don Diego en la serie de Maradona: "Los actores argentinos nos planchamos en una actuación noventosa"

A los 5 años Pepe Monje tenía claro que quería ser bombero voluntario y a los 6, actor. Siempre le interesó entender de qué se trataba el mundo de los bomberos: por eso quiso hacer una ficción del tema y comenzó a investigar. Pero sucedió que, así como pone el cuerpo en el teatro, mientras cebaba mates en las guardias, cuando sonaba la chicharra él quería salir. Ahora cumple 16 o 17 horas semanales en el cuartel de La Boca y asegura que el único fuego que no puede resolver es el propio. Y que cuando se va a una emergencia, la vida queda en una especie de pausa.

Con el estreno de Detrás de Esa Puerta todavía retumbando, el actor José María "Pepe" Monje habló con Diario Con Vos acerca de cómo fue retomar el teatro después de la pandemia y, a la vez, palpitar el lanzamiento de la esperada serie de Amazon Maradona: Sueño Bendito, el 29 de octubre próximo.

–¿Encontrás algún paralelismo entre ser actor y ser bombero?

–Los conflictos se encaran de diferentes maneras. Un error en la actuación lo podés arreglar en edición, pero si cometés un error en un incendio, tenés que pedirle disculpas a los familiares. Aprendí la disciplina siendo bombero y me di cuenta de que te salva la vida. Cuando suena la chicharra, el cuerpo avanza, igual que cuando estoy en camarines:  ese es el indicador de que estoy en el lugar correcto.

Los domingos a las 16 horas en el cálido teatro El Tinglado, Monje se mete en la piel de un complejo investigador que se espeja con un asesino. Y también se obsesiona. Detrás de Esa Puerta es un thriller psicológico con elementos del policial donde la muerte, la redención y el amor se debaten constantemente: van y vienen en diálogos que interpelan al espectador.

Actor y bombero voluntario de La Boca.

–¿Cómo llegó Detrás de esa Puerta a tu vida? ¿En qué momento te encontró? 

–Eduardo Lamoglia- el director- siempre me pareció un personaje llamativo y admirable, es la tercera obra que hago con él y tenemos proyectos en carpeta. Ya nos manejamos telepáticamente y para mí es un maestro. Él venía trabajando la obra en la cuarentena, es maravilloso lo que hizo tratando de inmediatamente tener una reacción. Yo venía de Mendoza y necesitaba ir poniéndole DW40 al alma. Necesitaba comprometerme con un proyecto como un acto de fe de que todo esto tenía que cambiar, y qué mejor el escenario para sobrellevarlo.  Cuando leí la obra entendí que la pieza tenía algo: poesía y locura. Empezamos a ensayar por Zoom a sabiendas de que podría terminar haciéndose por streaming y después surgió la posibilidad de empezar a hacerlo presencialmente, comenzaron a llegar las vacunas y en un momento todo el elenco estaba vacunado. Se puso una fecha de estreno y acá estamos.

Venía de Mendoza y necesitaba ir poniéndole DW40 al alma cuando me ofrecieron la obra.

–¿Cómo describirías la obra?

–Es una locura. Son distintos estados de conciencia, los personajes van teniendo revelaciones y eso no se comprende si no es en el vértigo de las funciones. Cuando empezás una obra sabés cómo empieza y cómo termina, pero mientras la transitas van apareciendo mojones de comprensión que, cuando estás perdido en el relato, volvés allí para retomar. Cuantos más mojones tenés, más claro sos para el espectador. La actuación es un sueño inducido y el espectador quiere que lo lleves allí, pero tiene que ser un buen sueño. 

¿En la cuarentena estuviste sin trabajar?

–Sí. Tuve la posibilidad de sobrellevarlo porque había terminado de hacer la serie de Maradona. El actor está acostumbrado a pasar tiempos sin trabajo, eso lo comprendí y me costó mucho. Pero este proyecto me sirvió para retomar el movimiento.

–¿Qué emociones busca recuperar el público al volver al teatro después del aislamiento?

–La pandemia nos igualó a todos ante un mismo conflicto y ahora necesitamos ese estímulo externo para volver a relacionarnos con nosotros mismos y saber dónde estamos parados. Poder charlar con alguien, leer un libro y ver qué fibra quedó despierta. El teatro siempre funcionó como un templo para verse y entenderse.

–¿Qué diferencia hay entre formar parte de una superproducción como la de Maradona: Sueño Bendito y la intimidad de un obra en el Tinglado?

–Son distintos talleres en los que uno trabaja. En el teatro está la esencia que te invita y cuando estás chiflado con tu ego te despide. El escenario no es para medirse con otro, es para compartir. Estás completamente desnudo, no hay excusas que valgan. Desde los 6 años es mi refugio y el lugar dónde aprendo. Y con un proyecto como el de la serie vas comprendiendo lo que significa que te puedan ver directores internacionales y trabajás con la conciencia de que tenés una gran posibilidad y no la podés desperdiciar. Por algo eligieron un elenco que sale de lo efímero de lo comercial. Te llevan en primera, en un hotel 5 estrellas, el vestuario es impecable, tenés tu motorhome, la manzanita. Lo que tenés que hacer es parar la pelota y meterla en el ángulo. El actor nacional perdió un poco de training, nos planchamos. Quedamos en una actuación muy noventosa  y nos superaron los países latinos. Claro que con el ingreso de estas plataformas al mercado se duplican las posibilidades. 

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–¿Cómo es tu personaje, Chitoro, en la serie de Maradona?

–En los noventas tuve la oportunidad de interpretar a Diego en Sin Condena y ahora tengo la oportunidad de hacer a su padre, que si bien todos lo conocemos, no hay muchas imágenes en el inconsciente grabadas. Entonces puedo traspasar ese filtro. El público no va a ir a la comparación inmediata y yo pude componer desde lo humano. Tuve más libertad. Además de que lo filmamos cronológicamente y eso sirvió para que se desarrolle el personaje.

El mito tiene lo oscuro, los momentos explosivos, esa cosa prohibida, profana.  Yo no soy quién para juzgar a nadie.

–¿Qué valoración tenés de la figura de Maradona?

–El mito tiene lo oscuro, los momentos explosivos, esa cosa prohibida, profana. Esa cosa humana: con sus defectos. No soy quién para juzgar a nadie. Filmamos con un Diego vivo y ahora el espectador va a verla en otra situación. Yo pensaba que Diego iba a estar en el estreno y me imaginaba que me lo iban a presentar. Por un lado, filmamos más livianos, porque posiblemente si hubiese estado muerto para el actor, inconscientemente, esa emoción hubiese llegado desde otro lugar.

–En el tráiler de la serie, Chitoro le dice a Diego, “podés jugar a dónde quieras, menos en River”. ¿Hay algo a lo que le decis “ésto nunca”?

Esa escena es bellísima y la amo porque fue la del casting. Nunca le transferiría a mis hijos un conflicto personal, trataría de resolverlo conmigo mismo. Pero todo el tiempo me voy midiendo. Tampoco comería nunca alfajores de maicena con coco. Odio el coco aunque no sé por qué. 

–Como en la obra, donde hay un paraíso detrás de esa puerta, ¿Cuál es ese paraíso para vos?

–Yo creo que estoy en el paraíso. Hacemos lo posible para decir que no lo estamos. Estamos todo el tiempo jugando a ver de qué lado estamos. Quién somete a quién en nuestra cabeza, si el Dr. Jekyll o Mr. Hyde. Si domina el corazón o la cabeza. Si él o ella. Hay que bajar un poco más a tierra ese deseo, ese paraíso. Tal vez está más cerca.

Está pasando