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Columnistas

¿El universo es un holograma? Distintas perspectivas en ciencia

En el último siglo varias ramas de la ciencia llegaron, por distintas vías, a una conclusión similar: la realidad no es exactamente lo que parece. Dependiendo de la disciplina, se refieren a esta como una simulación o como un holograma, pero la cuestión de fondo es la misma, nuestra percepción nos engaña.

No se trata de una idea moderna, desde el comienzo de la filosofía hemos desconfiado de todo, incluso de nosotros mismos. Ya en el siglo VI a.C, los presocráticos —Parménides, Zenón de Elea y Meliso de Samos—, nos alertaron de que no podíamos obtener nada de la realidad que valga la pena, porque nuestros sentidos son demasiado rudimentarios. Después Platón, con el mito de la caverna, propuso que lo que vemos son solo sombras proyectadas de nuestro verdadero entorno y la única manera de trascender a este “mundo sensible” es a través de la razón.

Pirrón, el fundador del escepticismo filosófico, dudaba incluso de las conclusiones a las que se puede llegar a través de la deducción y cuestionó todo lo alcanzado por Aristóteles. Más cerca en el tiempo, el propio Descartes aportó lo suyo desde su premisa “pienso, luego existo” y la hipótesis del genio maligno —o Dios que nos engaña. Y así podríamos seguir con distintas variantes que se van aggiornando hasta la actualidad.

Filosofía

En 2003, el reconocido filósofo Sueco de Oxford Nick Bostrom, publicó la primera versión de lo que se conoce como hipótesis o argumento de la simulación. Esta postula que, a menos que nuestra civilización se extinga, es muy probable que alcance una era “post-humana” en la cual los sistemas de computación serán tan avanzados que nos permitirán simular una realidad como la nuestra. 

Nosotros mismos utilizamos estas herramientas para predecir fenómenos como el calentamiento global o las características de la próxima pandemia, con lo cual, resulta lógico pensar que también resultaran interesantes para nuestros descendientes. Tampoco suena disparatado pensar que contaran con semejante poder, si pensamos en el poco tiempo que pasó desde que inventamos la computación y la calidad de la realidad virtual que conseguimos.

Teniendo esto en cuenta, es esperable que esta civilización “post-humana” genere simulaciones de algún período de su pasado evolutivo y seguramente no sea una sola, sino muchas. Con que un porcentaje bajo de nuestros descendientes se dedique a estos menesteres, la cantidad de realidades sería enorme y distinguir si vivimos o no en una de ellas, imposible.

Bostrom no considera que esta sea una hipótesis escéptica, como la de sus primeros antecesores, sino que cree que se trata de un argumento metafísico. Sostiene que tenemos razones empíricas para creer que casi seguro vivimos en una simulación.

Neuropsicología

El padre de la teoría del cerebro holográfico, fue el médico estadounidense Karl H. Pribram, quien se interesó desde muy joven en los mecanismos cognitivos y de la percepción.

Extirpando distintas porciones del cerebro de primates y evaluando las consecuencias, llegó a la conclusión de que algunas funciones cognitivas, como la memoria, no están grabadas en una porción determinada del cerebro, sino que cada una de ellas tiene codificada la información para todos los recuerdos. A partir de esto, propuso que las imágenes se forman, almacenan y recuperan según un mecanismo holográfico, similar al que se utiliza para proyectar una imagen tridimensional en una superficie. De otra manera sería imposible contener y procesar tan rápido semejantes cantidades de información en cada fracción de nuestro cerebro.

Los hologramas se generan dividiendo los rayos de un láser, haciendo impactar uno de los haces en el objeto que se quiere proyectar y recuperando el patrón de interferencia en una placa fotográfica. Tienen la propiedad de que, si se corta una fracción de esta placa, cada una de las secciones generadas contendrán la imagen completa. Algo semejante a lo que ocurre con el cerebro y los recuerdos.

Lo que estaba proponiendo Pribram es que nuestro cerebro tiene la capacidad de captar ondas cuánticas con grandes cantidades de información y almacenarlas en patrones de interferencia, para luego recuperarlos de manera instantánea en tres dimensiones y crear el mundo que percibimos a partir de dicha información.  En otras palabras, que nuestro sistema nervioso tiene un rol activo en la construcción de las imágenes que vemos y conservamos.

En esta interpretación de los resultados, participó uno de los físicos más eminentes del siglo XX, David Bohm. Para aquellos que estudiaban la incipiente mecánica cuántica, esta idea de que nada es real a menos que sea observado y deja de serlo cuando se detiene la observación, no era nada nuevo.

En el principio de la incertidumbre Heisenberg y la posterior interpretación de Copenhague, se postula justamente esto.  Un objeto no tiene una ubicación puntual en el espacio-tiempo, sino una probabilidad de aparecer en ese lugar que está determinada por una función de onda y solo se materializa cuando nosotros lo detectamos.

Física

La versión Física, se conoce como Principio Holográfico y fue propuesto por Gerard 't Hooft en 1993 y refinado por Leonard Susskind en 1995. Su objetivo fue resolver la paradoja ante la que se encontraron Bekenstein y Hawkings en sus estudios sobre los agujeros negros, cuando descubrieron que la entropía de estos depende del área de superficie del horizonte de sucesos y no del volumen.

En el 2017 muchos medios de comunicación de todo el mundo anunciaron que un grupo de físicos había encontrado la primera prueba observacional de que el universo es un holograma, en base a una publicación en la revista Physical Review Letters (https://journals.aps.org/prl/abstract/10.1103/PhysRevLett.118.041301).

 Lo que encontraron estos investigadores en realidad, es una evidencia de que la estructura tridimensional del universo se puede conceptualizar en un código binario o de dos dimensiones. Que sea un holograma es una de las tantas posibilidades, a la que se llega con un alto grado de especulación. Todavía no tenemos la tecnología necesaria para desafiar estos modelos o propuestas como la ciencia exige, así que por ahora tendremos que esperar.

De una cosa podemos estar seguros: nuestros sentimientos y pensamientos son reales. Solo imaginar que estas propuestas pueden estar en lo cierto resulta insólito y angustiante, pero ¿cómo crees que se sintieron nuestros antepasados cuando les dijeron que La Tierra era redonda? ¿O que somos primos lejanos de una bacteria?

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