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Cultura & Espectáculos

La vanguardia es así

Por Jonas Schuvaks

El último libro de Martín Kohan, La vanguardia permanente (editorial Paidós), nos propone un nuevo acercamiento al problema de las vanguardias, especialmente enfocado en Argentina. Es un libro de divulgación, que permite una lectura sencilla y fluida, tanto para expertos en el tema (ya que recopila y discute tesis de otros autores), como para quienes quieran iniciarse sin conocimientos previos. ¿Tienen vigencia los sueños vanguardistas? ¿Hay posibilidad de una vanguardia hoy, en el siglo XXI, en nuestro país? Esas son algunas de las preguntas que inspiran el libro. Ahora bien, en el análisis de Kohan, no hay otra manera de proyectar hacia adelante que no sea proyectando hacia atrás.

¿Alguna vez te pasó que entraste a una exposición de arte y viste un cuadrado blanco sobre un fondo negro? En verdad, a esta altura de la historia, es casi imposible que a alguien no le haya sucedido eso o, al menos, una experiencia similar. La pregunta lógica (y legítima) que uno se hace es si eso es arte. ¿El que lo hizo no sabía hacer otra cosa o, pudiendo hacer otra cosa técnicamente más compleja, como una figura humana realista, eligió hacer justamente eso?

Estamos ya a un siglo de las vanguardias “clásicas”. Y un siglo no pasa sin más. Es claro que en ese momento provocaron. Era imposible que no provocara, por ejemplo, un mingitorio volteado en un museo y firmado (La fuente, Duchamp, 1917). Las vanguardias se propusieron (expresamente se propusieron, a través de manifiestos) dislocar el arte. Generar estas preguntas: ¿qué es el arte?, ¿quién puede ser artista?, ¿dónde se produce el arte?, ¿de qué manera? y ¿para quiénes?

La búsqueda estaba más ligada al efecto que al objeto en sí. Ese era precisamente el proyecto: romper con lo esperado, difuminar las fronteras entre el arte y la vida. Porque esas provocaciones de las vanguardias no se conformaban con cambiar el arte, sino que pretendían transformar toda la sociedad. Además de estéticas, eran políticas, en un momento en que parecía posible ir hacia adelante, hacia el progreso de un cambio social radical. O, quizás, precisamente por eso, es decir, en ese contexto, es que pudieron surgir.

Sin embargo, hoy, hechos que pretenden irrumpir así no provocan más que hartazgo. O mercancías millonarias. Es que quizás, o seguramente, a esta altura, ya de nuevos no tengan nada. El mingitorio finalmente fue vendido como una de las obras más caras de la historia. O, por poner otro ejemplo más actual, hace apenas unas semanas, un artista italiano ofreció una obra de arte “invisible” por quince mil euros. ¿Qué lugar hay entonces hoy para una ruptura con lo esperado, cuando lo nuevo es, justamente, lo esperado? O cuando cualquier cosa que irrumpe como nueva enseguida es asimilada e incorporada a un museo, o replicada y vendida en el mercado. ¿Es posible pensar en un arte que tome la ofensiva en la búsqueda de cambiar la sociedad? Estos son precisamente los debates que se propone Kohan desde un lugar original, resistiendo los facilismos, tanto de los que, así sin más, dan por muertas las vanguardias, como de los que pretenden continuarlas o se autodenominan sus herederos.

El libro tiene una introducción en la que explica las ideas centrales para entender qué fueron las vanguardias. Luego, realiza un pasaje por la relación entre arte y política en la Revolución Rusa. Sin embargo, la mayor parte del texto está enfocado en Argentina y ese es uno de los elementos más novedosos del análisis. Arranca desde la experiencia de los martinfierristas en los años 20’, para pasar por la obra de Borges, de Cortázar, y por los años 60’ y lo que significó el Instituto Di Tella. Más tarde, retoma la tesis de Piglia acerca de las tres vanguardias: Walsh, Puig y Saer, y se detiene especialmente en la literatura de Aira. Pero el punto de llegada (que, a su vez, para la reflexión, resulta un punto de partida) es, finalmente, la actualidad. De esta manera, no elude preguntas como la de la era digital y la relación entre cambios de formato y novedades literarias.

Hoy probablemente estemos en un tiempo de resistencias más que de conquistas, de retaguardias más que de vanguardias. Entonces: ¿cuál es el lugar para el arte, o para la literatura, que pretenda subvertir el orden establecido, tanto del mismo arte como de la sociedad? Algunos hilos de esta pregunta pueden empezar a deshilvanarse con la lectura de este libro.