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Columnistas

Eric Clapton en la Encrucijada

De deidad de las seis cuerdas a teórico de la conspiración, la historia de cómo, pandemia mediante, Eric Clapton quedó al borde de la cancelación.

En 1966 Inglaterra estaba convencida que Eric Clapton era Dios. O al menos así lo decían las pintadas anónimas en los muros londinenses. 

Apenas cruzada la frontera hacia el segundo lustro de la década donde el rock iba a tomar al mundo por el cuello, Clapton ya había dejado su huella en los Yardbirds (el cáliz sagrado del blues-rock inglés) y marcaba a fuego el sonido de los Bluesbreakers con legendarios solos en canciones como All Your Love (original de Otis Redding) y Ramblin´on My Mind (del eterno robado Robert Johnson). El cometa Clapton volaba alto con destino de estrella. Formaba parte de la Santa Trinidad de los guitarristas ingleses junto a Jimmy Page y Jeff Beck, también dos Yardbirds y que hacían planes para reservar parcela en el Olimpo del nuevo sonido. 

Cada uno a su manera cultivó una carrera mágica en lo musical que merecen una nota individual. Page al comando de Led Zeppelin y custodiando hasta hoy el legado que supo construir con sólo 8 discos de estudio junto a su nave madre. Jeff Beck, cultor de una carrera tan vasta y rica que abarca del rock al jazz y vuelta. Ya en 1967 era una súper estrella de las seis cuerdas en Inglaterra. Una leyenda por su propio mérito y talento. Clapton por su parte transitó todos los estadíos. Montó el dragón del rock psicodélico con Cream y cuando se cansó fundó el primer súper grupo, Blind Faith, junto a su ex compañero Ginger Baker y a Stevie Winwood. Pero el experimento duró poco y luego armó Derek and The Dominos, que también duró poco pero dejó otro disco esencial: Layla & Other Assorted Love Songs. 

Recién allí, en 1970, arrancó propiamente su carrera solista con momentos sublimes y algunos pasos en falso; ayudó a popularizar el reggae en Inglaterra, grabó colaboraciones con otras leyendas, reinterpretó standards del blues original y editó toneladas de canciones. Veinticuatros discos repartidos en 48 años de gloria musical. Su vida personal no fue menos agitada. Llegó a gastar 16 mil dólares por semana en heroína, tal como contó en el documental sobre su vida “A Life in Twelve Bars”. Tres años pasó persiguiendo al Dragón y luego lo reemplazó por cocaína y alcohol. Así pasaron 20 años en los que Clapton vivió y pagó el precio de las estrellas. El vértigo y la oscuridad, la magia que salía de su Slow hand y los laberintos en los que su mente se golpeaba una y otra vez con la misma pared: “no me suicidé porque sabía que no iba a poder seguir tomando una vez que estuviera muerto. Era lo único por lo que valía la pena vivir” escribió en su biografía. Así de brutal.

La luz al final del túnel apareció mucho tiempo después. Pero tuvo un costo altísimo. Clapton logró salir gracias a Conor, el hijo que tuvo con Lori Del Santo (a la que había conocido cuando aún estaba casado con Paty Boyd, la ex de su gran amigo George Harrison). Clapton se convenció que el amor de su hijo era la llave para entrar de lleno en la sobriedad y lo logró. Pero poco tiempo después Conor falleció en un trágico accidente cuando cayó de un piso 53 en Nueva York. Aún en el dolor más profundo e inexplicable Clapton esquivó el alcholo y se refugió en la música para sostenerse. 

Comenzaban los 90s y el maravilloso unplugged de MTV terminó de escribir su historia de redención. Hasta hoy.

Los siguientes 30 años Clapton los transitó en la cómoda inercia de las leyendas que tienen el partido ganado de ante mano, que cada tanto editan un disco amable y giran por el mundo, aunque en el caso de Clapton los tours no eran tan largos debido a algunos achaques en su salud. “Me estoy quedando sordo, tengo tinnitus y mis manos apenas hacen su trabajo. Espero que la gente me siga viniendo a ver, aunque más no sea como una curiosidad” contó en una entrevista de 2018 con BBC Radio2.

Y de pronto llegó la pandemia y puso el mundo al revés. Chau giras y Hola a un montón de tiempo libre. Y músico con tiempo libre es un peligro. Durante la primera cuarentena inglesa en 2020, un Clapton “desencantado” con el Gobierno de Boris Johnson post Brexit, confesó haber estado consumiendo “data alternativa” en YouTube sobre pandemia del COVID. 

“Mientras más me metía en eso, más me empecé a distanciar no sólo del gobierno sino del resto del público”, contó en una entrevista con Oracle Film, un canal de YouTube dedicado “al debate abierto y a la libertad de información”, habitualmente consumido por teóricos de la conspiración. 

La guerra era total. Clapton se declaró en contra de las cuarentenas y puso en duda las vacunas. Se unió a Van Morrison, otro escéptico del COVID y juntos editaron un tema llamado Stand And Deliver donde cuestionaban las restricciones y preguntaban “querés ser un hombre libre o un esclavo?”. Clapton pensó en abandonar Inglaterra y mudarse a Estados Unidos. Pero del otro lado del charco no lo esperaban con los brazos abiertos. “Al minuto que empecé a expresar mis opiniones y dudas sobre la cuarentena, del otro lado me tildaron de apoyar a Trump. Me empezaron a tirar de todos lados”, contó en la misma entrevista. 

Clapton generaba incomodidad. Y más aún cuando criticó “la supuesta” seguridad de las vacunas luego de recibir la primera dosis de Astra Zeneca. Según él, tuvo numerosos efectos secundarios que afectaron una neuropatía periférica pre existente y diagnosticada. “Pensé que nunca más iba a poder tocar. Pero la propaganda dice que las vacunas son seguras…”, avivó un incendio que cada vez era más grande. El aislamiento por parte de sus colegas empezó a ser total. “Ya nadie me llama. Mi teléfono no suena muy a menudo, ni me mandan mensajes o mails. Es muy notorio… me han condenado al ostracismo y puedo sentirlo en todos lados”.

Es muy notorio… me han condenado al ostracismo y puedo sentirlo en todos lados”.

Incluso dentro de su propia familia encontró un frente abierto. Sus propias hijas le señalaron que estaba equivocado. “Es un riesgo que tomo al expresar estas cosas y temo perder su amor y cariño. Ellas me miran y me dicen `por qué no te callás de una vez?´”

El último (hasta ahora) mojón en este devenir de tropiezos ocurrió esta semana. Por reglamentaciones del gobierno inglés, a partir de Septiembre todo aquél que quiera asistir a un espectáculo público o concierto tendrá que tener consigo un pasaporte sanitario donde se consigne la vacunación. Clapton publicó un comunicado a través de un canal de Telegram en el que participa junto a otros escépticos del COVID: “Quiero decir que no voy a tocar en ningún escenario donde haya una audiencia discriminada. A menos que cualquiera pueda asistir, me reservo el derecho de cancelar el concierto”. 

Una vez más quedó expuesto. Y cuando aún el mensaje no había terminado de rebotar la prensa inglesa ya lo estaba carpeteando. La palabra clave: discriminar. Resulta que durante un show de 1976, Clapton espetó sobre el escenario unas infames declaraciones sobre Inglaterra como una “nación de blancos” e instó en ese mismo momento a que todos los “negros y marrones” abandonaran no sólo el recinto sino el país entre otras barrabasadas racistas. Aquél episodio, entre otros derivados de la espesa coyuntura social de la Gran Bretaña de los setenta, disparó el movimiento Rock Against Racism (Rock contra el Racismo) liderado por The Clash junto a otras bandas punks.

Aunque aquellas declaraciones se traigan como novedad, el propio Clapton ya se había referido al hecho recién en 2017 en Life in Twelve Bars. “Saboteé todo en lo que me involucré. Me avergüenzo de todo lo que fui, esa especie de semi-racista. La mitad de mis amigos eran negros, mi novia era negra y era el campeón de la música negra”, intentó disculparse. 

Pandemia mediante aquél episodio salió de nuevo a la luz, para enrostrarle no solo esta faceta actual difícil de presentar sino un pasado oscuro que parecía sepultado. La maldita cancelación, a la que cada vez se recurre con más velocidad, se huele inminente y la vida pública del héroe de la guitarra desciende barranca abajo por terreno cada vez más resbaladizo. ¿Seguirán aquellas viejas paredes diciendo que Clapton es Dios? Probablemente al lado de aquella pintada empiecen a aparecer unos cuantos asteriscos.

* Peridista especializado en música. Conductor de HaganCorrerLaVoz por undinamo.com