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Cultura & Espectáculos

Ezequiel Hara Duck y el teatro por streaming: "Pasé de ser un loco a un pionero"

Por Andrea Ruggieri

Suena el teléfono y arranca algo que no se sabe bien qué es, pero tiene que ver con una experiencia interactiva audiovisual. O eso dijeron cuando agregaron el número de teléfono a un grupo de WhatsApp. A las 20, puntual, el actor (¿o es el vecino?) está ahí, en la pantalla, con una guitarra listo para dar un show. Hasta que empiezan a pasar cosas y los espectadores –o participantes, o la gente–, que está del otro lado del celular, empieza a quedar inmersa en este enredo. Que puede ser una obra de teatro, pero no. Que suena a elige tu propia aventura, pero tampoco. Que todo es improvisación, de ninguna manera. Que todas las experiencias terminan igual, no parece.

Vengan de a uno es un ciclo de cinco experiencias de ficciones por celular. Una nueva forma de contar historias, que nació de la curiosidad de Ezequiel Hara Duck y de su necesidad de comprender qué pasaba en ese espacio entre el espectador y la obra, que todavía no podía resolverse. Diario con Vos habló con el director y creador para entender cuál es la búsqueda de esta propuesta.

Perfil Bajo, WhatsApp a Cielo Abierto y Clavemos el Visto, una experiencia para 70 personas en la calle Corrientes, fueron los antecedentes de Vengan de a Uno. También Paranoia, otro teatro por WhatsApp, pero en Chile.

La "neocostumbre" de llamar por videollamada sin previo aviso fue el germen de Vengan de a Uno. ”Mi padre me iba mostrando su casa y yo como que lo iba dirigiendo. Entonces pensé: ¿Qué pasaría si pudiese convertirlo en una ficción por WhatsApp? ¿Podrían haber actores desde su casa interactuando con personas en cualquier lugar del mundo, sin descuidar el contenido y lo estético?”, recordó Hara Duck.

Ezequiel Hara Duck autor y director de Vengan de a Uno

–¿Qué implica que el espectador forme parte de la experiencia?

–Las ficciones arrancaron para un solo espectador, después se fueron abriendo para grupos de amigos, por ejemplo. La experiencia  puede hacerse hasta con 3 personas. Los participantes van dirigiendo al actor. El espectador le dice qué hacer, y sin saberlo, se va convirtiendo en una especie de actor y director.

–¿Qué te interesa descubrir con esta propuesta?

–Es mi forma de contar historias, para mí es fundamental interactuar con el otro. Hace 20 años estoy en el teatro y ahí fui viendo la unidireccionalidad: el actor tiene un rol pasivo. El teatro tiene que luchar contra el peor capítulo de una serie de Luis Miguel porque los espectadores tienen un montón de estímulos. El gran desafío del teatro actual es ganarle al aburrimiento. Hay que tratar de contar historias de otra forma, donde el espectador tenga un rol más activo, de participación, de acción. De ida y vuelta.

El teatro tiene que luchar contra el peor capítulo de una serie de Luis Miguel: los espectadores tienen un montón de estímulos".

–¿El teatro tradicional aburre?

–Hay muchas expresiones de teatro que no están adaptadas a los nuevos tiempos. Cuando llegás, te piden que apagues el teléfono. Las personas no solamente desobedecen sino que los utilizan y chatean. A partir de esa dependencia de los espectadores, de esa incapacidad de desconectar, se me ocurrió capitalizar al teléfono y utilizarlo como un elemento narrativo.

–¿Cómo responden las personas que hacen la experiencia de Vengan de a Uno?

–Muy bien. Los primeros minutos son para romper el hielo y entrar en confianza con el espectador. Sucede que se genera una intimidad que da lugar para jugar, algo que los adultos han dejado de lado, entonces se divierten, proponen caminos. La historia está escrita por guionistas de cine y series y los espectadores tienen diferentes reacciones: les agarran ataques de risa, terminan en el piso o se exaltan, se emocionan, hasta han llorado. Se compenetran con las historias, se sienten cómplices y quieren ayudar a los actores a resolver el conflicto.

Se genera una intimidad que da lugar para jugar, algo que los adultos han dejado de lado".

–¿Qué les pasa a los actores a la hora de componer estos personajes que van a funcionar de una manera completamente distinta a los del teatro tradicional?

–Para empezar, colocan sus casas como escenario. Al principio, previo a las funciones, estaban muy nerviosos, no sabían qué iba a pasar o cómo iba a salir. En estas experiencias no está la catarsis final del aplauso. Las ficciones tienen diferentes finales y esa instancia se convierte en una devolución distinta: mensajes de Whatsapp que le llegan a los actores, o al Instagram. La gente se queda conversando entre sí. Lo que es interesante es el nivel de intimidad a la que se abren los espectadores sin que se les pida. Hay gente que tiene ganas de contar, de compartir y eso se va incorporando a la ficción.

–¿Cómo surgieron los guiones?

–Cuando hablé con los guionistas que laburaron en cine y en series entendieron el código rápido. Tenían que ser temas que los actores pudieran representar con los objetos que tuvieran en sus casas, con diferentes puntas narrativas para que los espectadores pudieran elegir y jugar en modo interactivo. Hicimos muchos ensayos con los actores y después comenzamos a probarlo con público. Una vez que hubo cierta base, y comprendiendo que podía haber fallas técnicas, estrenamos en julio del 2020.

–¿Les pasó algo incómodo o zarpado?

–Zarpado no, pero sí hubo confesiones que a los actores los shockearon. Los actores se meten en la vida y en la casa de las personas. Hay gente que se viste, se maquilla como para una cita y hay otros que lo hacen desde la cama. Hay personas a las que les sirve como una compañía en el aislamiento. Nos llamó la atención  que los estereotipos de espectadores que considerábamos podían participar, se derribaron. A las otras obras venían millennials y a esta vienen de todas las edades, desde 16 años hasta de 80. Además, puede venir la señora que lee La Nación y usa tapado de piel, como grupos de amigos del conurbano. Es que solo hay que atender el Whatsapp.

–¿Cómo recibís los comentarios de las personas más puristas que aseguran que el teatro implica presencialidad?

–Para evitar esa polémica, digo que esto no es teatro, es ficción interactiva audiovisual. No uso la palabra obra, es una experiencia, es un juego. Con las otras sí, las presento como obras de teatro por Wapop y las defiendo. En el mundo del teatro fui visto como un outsider, un loco. Fui muy ninguneado por la crítica cultural, las notas salían en Sociedad. No las consideraban teatro. El año pasado que todo el mundo empezó a hacer teatro por wapp, por streaming, pasé de ser un loco a ser un pionero. El tiempo me dio la razón. El reconocimiento llegó después de remar contra un mar de prejuicios.

–¿Hasta cuándo sigue Vengan de a Uno?

Hicimos funciones desde julio del 2020 hasta diciembre, fuimos de los pocos proyectos de streaming que sobrevivieron, porque la gente se copaba. Tenemos funciones hasta fines de agosto y la idea es continuarlo.

Actúan: Cecilia Cósero, Manuel Vignau, Leonardo Saggese, Sabrina Lara, Victoria Hladilo, Ronen SuarcIdea y Dirección: Ezequiel Hara Duck

Entradas en venta en  Alternativa Teatral.

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